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Venezolano con beca y todo lleva a otro nivel estudio sobre el complejo urbanístico Parque Central
martes, 23 de junio 2015
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En los sótanos de Parque Central vive una anaconda que se traga los carros (nadie sabe cómo, pero lo hace). En los vericuetos de sus pasillos hay grupos paramilitares que matan delincuentes (y que les ponen etiquetas de venganza a los cadáveres). En la Torre Este -achicharrada hace varios años y nunca oficialmente reabierta- hay oficinas fantasmas que nadie sabe de quién son y a qué se dedican, pero que tienen gente, luces encendidas, secretarias y funcionarios.

 

Parque Central da para estas fábulas y para mucho más. Eso lo descubrió Vicente Lecuna, hasta hace poco director de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y docente e investigador de esa casa de estudios.

 

Lecuna ha trabajado al coloso citadino y, por sus desvelos con este tema, ganó una beca de investigación del Centro David Rockefeller para Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard; esto le permitirá estar cuatro meses en Boston, con Parque Central -pasado por el tamiz de la literatura, el cine, la música, la fotografía- entre ceja y ceja.

 

El docente dicta en la UCV el seminario "Nada recuerda el pasado: Tiempo y modernidad pública en Parque Central". Esa frase fue una de las usadas por los promotores del complejo arquitectónico 40 años atrás, y a Lecuna le llama la atención “que te vendieran una ciudad completa, un complejo comercial de oficinas, habitacional, cultural e institucional” con esa premisa.

 

El profesor -en conversación con el Correo del Orinoco- recuerda que un grupo de arquitectos -con el liderazgo de Daniel Fernández Shaw- le presentó el proyecto al entonces presidente de la República, Rafael Caldera. Ellos, refiere, “le plantearon a Caldera hacer un nuevo centro de Caracas, mudar el centro a Parque Central” y dejar atrás la ciudad tradicional. Esto tenía como contexto la visión desarrollista según la cual el Estado debía emprender grandes proyectos como puentes, represas, conjuntos habitacionales. Nadie contaba con la debacle de los 80.

 

“Parque Central me interesa mucho porque justo colapsa en el año 1983, con la crisis de la deuda externa”, rememora, y coincide con el despegue “de estas tesis neoliberales” que pretendían desembarazar al Estado de toda responsabilidad. De acuerdo con su análisis, entre los años 40 y los años 80 del siglo XX desde el Estado se planificaron y ejecutaron “enormes proyectos de desarrollo”, pero luego de 1983 “hay un gran hueco, un gran vacío”, lo que se mantuvo hasta hace poco que hubo “otra vez grandes proyectos, y otra vez ya no hay”.

 

NACIDO DE UN CUENTO


El origen del proyecto, relata Lecuna, es un cuento del escritor venezolano Lucas García, incluido en el libro Payback. García “vivió en Parque Central y algo de lo que narra me imagino que le pasó, que lo vivió: es la historia de un grupo de autodefensas formado por vecinos que se organizan para atacar el crimen porque sienten que el Estado los abandonó”.

 

La relación entre el investigador y Parque Central es de vieja data, porque el niño y el adolescente que fue tuvo la oportunidad de ver obras del Grupo Actoral 80, de visitar el Museo de Arte Contemporáneo, de acudir a primeras comuniones en el parque El Conde. Es decir, el urbanismo no le era ajeno. Pero el cuento de García le despertó un interés especial.

 

Con base en ello, se planteó analizar “esa visión desarrollista del Estado que inicia proyectos colosales que terminan -de acuerdo con la historia de García- en un grupo de autodefensas que mata criminales”. Un profesor le hizo ver -en un congreso en el que presentó el trabajo- que tenía entre manos un proyecto importante, y le hizo caso.

 

Por ello, asumió la tarea de revisar elementos como la historia de las instituciones que han funcionado en Parque Central, las películas dedicadas al complejo, las fotografías, las obras de teatro que allí se montaron. “He conseguido unas cosas fantásticas”, confía. Una de ellas es una película del artista Carlos Castillo, quien lanzó una cámara desde el último piso de la Torre Oeste para ofrecer “una visión subjetiva de un suicidio”.

 

Lecuna -tal como él mismo lo enumera- quiere ver Parque Central “desde la literatura, el cine, la fotografía, la historia de las instituciones, el incendio, el diseño urbano”. Lo analiza como “un proyecto de modernización de Caracas, titánico, gigantesco, desproporcionado, pero no necesariamente como algo malo o un error”.

 

Fue Parque Central “una tremenda apuesta que hizo el Estado venezolano por inventar una especie de clase media profesional en este conjunto”, con “todas las cosas que se supone que la clase media quiere: el supermercado, la Iglesia, el cine, teatro, restaurante”, museos, piscinas, academias.

 

Se proyectó “una ciudadela completa, y hasta dónde he podido ver, bastante original, porque hubo proyectos parecidos pero no en la misma escala”, describe el docente. Una de las cosas que ha podido corroborar es que aproximadamente “un tercio completo del proyecto quedó en los planes” debido a que el alimento -dinero- comenzó a escasear.

 

EL QUE MIRA Y NO ES MIRADO


Hay profesionales de la arquitectura que, a juicio de Lecuna, desprecian Parque Central, piensan que fue una equivocación más e, incluso, optan por ignorarlo. Esta, por cierto, no es su visión.

 

“Hay una película muy linda que también voy a investigar, de Andrés Agustí, que muestra cómo Parque Central se ve desde toda la ciudad y cómo Parque Central mira a toda la ciudad, pero como que nadie mira a Parque Central. Parque Central es como un gigante ignorado, abandonado. Es una cosa muy rara: algo tan grande, que sea invisible”.

 

-¿Usted lo va a ver con ojo crítico, con ojo amoroso? ¿Cómo va a ser esa mirada?

 

-No quiero pensarlo solamente como un error o algún experimento fallido, aunque por supuesto tiene sus fallas, sus errores, sus problemas. Por ejemplo, a los arquitectos les gusta mucho decir que el problema es que es muy caro, que no es sustentable, que es un modelo con mucho aire acondicionado, mucho ascensor y entonces es caro.

 

Fernández Shaw, explica Lecuna, responsabiliza de la crisis de los servicios de Parque Central al hecho de que el condominio siempre haya sido manejado por el Centro Simón Bolívar. “Yo no sé si esa es exactamente la razón, pero algo tiene que ver”, acota el investigador, aun cuando aclara que “ese lado me interesa menos que la cuestión más simbólica, más cultural”.

 

Le llama la atención que de un elefante blanco como El Helicoide se discuta y se hable, y que no ocurra lo mismo con Parque Central, retrato de esa Caracas que sus proyectistas soñaron como un presente de confort que se convirtió en otra cosa con los años.

 

Entre sus objetivos figura el estudiar tanto a quienes hablan sobre Parque Central como a quienes lo omiten. “Voy a pensar por qué tanta gente no habla de Parque Central”, adelanta.

 

La mirada de Lecuna a Parque Central se fundamenta en trabajos como Imagen de Caracas, de Jacobo Borges y otros artistas; Viste de verde nuestra sombra, de Ricardo Azuaje; Paique, de Chevije Guaike; Alexandra y el Selam, de Ángel Gustavo Infante; A millón c.c., de Gustavo Luis Carrera; Orinar también quisiera, de Carlos Ávila. También aborda instalaciones como Cuerdas, de Gego; fotografías como Caracas sangrante, de Nelson Garrido y Caracas, de Gorka Dorronsoro. Igualmente, cintas como Secuestro express, de Jonathan Jakubowicz; grupos que funcionan o funcionaron en sus instalaciones, como el Grupo Actoral 80, y los tres museos que el complejo alberga: El Museo de Arte Contemporáneo, el Museo de los Niños y el Museo del Teclado.

 

AL MAGO SE LE SECÓ LA CHISTERA


El soporte teórico de Lecuna es el trabajo de la escritora y filósofa Sandra Pinardi con su concepto de “modernidad monstruosa”, y las ideas del pensador Fernando Coronil con su concepto de Estado mágico. Pinardi “habla de que en Venezuela tenemos una modernidad que ella llama monstruosa, que dice que es parapeto solamente, que es una carátula, que detrás de eso no hay nada”, reflexiona. Coronil, por su parte, “afirma que desde que aparece el petróleo en Venezuela el Estado es una especie de gran mago que saca de la chistera represas, edificios, el Hotel Humboldt, la Universidad Central” o que lleva a delante la Misión Vivienda, ya con Hugo Chávez en la Presidencia de la República, en la segunda década del siglo XXI.

 

-¿Parque Central sería una evidencia de ese Estado mago?

 

-Sí, yo creo que sí.

 

-¿Que dejó de serlo en los años 80?

 

-Exacto. En los 80 como que el Estado mágico entra en crisis no puede ejecutar sus trucos, y quizás por eso colapsa a finales de los 80 y comienzos de los 90 ese Estado mágico que había dejado de hacer magias hasta que llegó otro proyecto, también mágico, que hizo magia hasta que se acabó el chorro de petróleo otra vez.

 

¿Por qué merece tanta atención Parque Central? A Lecuna no le asombra que se lo pregunten; tampoco es la primera vez que lo interrogan al respecto. “Me parecen interesantes las cosas que ignoramos, como el inconsciente. ¿Por qué es interesante el inconsciente? Porque no sabemos qué hay ahí”, sentencia. “Creo que Parque Central puede ser como una especie de inconsciente caraqueño; una cosa que está ahí, que es grande, que no se termina. Una cosa que nos mira, que nos miramos y no nos damos cuenta”.

 

VISTAZO A PROYECTOS SIMILARES


La beca estadounidense le facilitará, precisa Lecuna, “buscar información sobre proyectos equivalentes en América Latina, porque tengo entendido que no hay en esa escala”. Sus ojos se posan en Brasil y México, ciudades “que tuvieron proyectos desarrollistas importantes”. ¿Les pasó lo mismo?

 

Estar en Harvard le permitirá, además, aprovechar “una de las mejores escuelas de arquitectura del mundo”, con los textos y trabajos que ella guarda, y el mayor tesoro: sus profesoras y sus profesores.

 

El investigador se ha planteado elaborar un libro sobre Parque Central, como punto de llegada de sus estudios sobre el tema, lo que tomará unos tres o cuatro años. ¿Por qué tanto tiempo? Porque sus pesquisas en Harvard se enriquecerán con entrevistas a personas relacionadas con el urbanismo, como Fernández Shaw.

 

También añadirá la descripción de elementos como el diseño interior de los apartamentos: “Se hicieron sillas, mesas, taburetes, lavamanos”. Ese proyecto “disparó el surgimiento de una industria nacional de sillas, de mesas, de enseres de cocina, de lavabos”, reivindica.

 

-¿Es un cangrejo hoy día Parque Central?

 

-Creo que sí, pero entiendo que hay un medio resurgimiento, que le acomodaron los ascensores, que hay un centro cultural nuevo que está caminando. Pero claro, uno de los temas es pensar eso: ¿Es viable o no ese modelo de desarrollo? ¿Es sostenible o no es sostenible? ¿Cuánto cuesta? ¿Tiene sentido? ¿Tuvo sentido o no tiene? Y probablemente las respuestas no sean tan claras, no sean tan sencillas.

 

(CO)