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Los exizquierdistas asumen, sin vergüenza, la versión adecopeyana del 23 de enero (+Clodovaldo)
sábado, 21 de enero 2017
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Que los viejos adecos se aferren a la fecha del 23 de enero es natural y comprensible. Ese fue su momento épico, su Toma de la Bastilla, la cristalización de una lucha que costó muchas vidas y mucho sufrimiento.

 

Que los jóvenes de la derecha y la ultraderecha intenten airear el fósil de esa celebración para animar sus alicaídas luchas contra la Revolución, también es comprensible y natural. Después de todo, los han adoctrinado para eso. A fin de cuentas, son los derivados del mismo AD y de Copei, el otro partido usufructuario del tiempo político que sucedió al derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

 

Lo que sí es difícil de tragar, en cambio, es que los viejos ex izquierdistas salgan a glorificar aquel episodio y a tratar de venderlo a las nuevas generaciones, adoptando, sin ninguna vergüenza, la versión adecopeyana y burguesa de ese tramo de nuestra historia contemporánea.

 

Es indignante, sobre todo para quienes llegamos a oír a esos señores en otras épocas, cuando daban discursos, ofrecían ruedas de prensa y escribían artículos con el propósito de desmitificar la efeméride por excelencia de la Cuarta República. En aquel entonces (y créanme que no fue hace tanto tiempo) decían que si bien el 23 fue heroico, los factores de la derecha habían utilizado vilmente el fervor popular para montar una tramoya de democracia que terminó siendo más represiva y asesina que la autocracia depuesta.

 

Uno lo siente por los viejos revolucionarios porque se están negando a sí mismos, se están desdiciendo, lo cual les da a sus largas vidas un cierto aire de patética caricatura. Pero uno lo siente aún más por aquellas personas que no tuvieron la oportunidad de llegar a viejos: los que cayeron muertos en los campos de batalla de la lucha armada, a los que fueron arrastrados por esos líderes que ahora, convertidos en venerables derechistas, se deshacen en elogios para con el sistema político que los excluyó en 1958 y que los reprimió sin piedad hasta que se rindieron.

 

En los años 80, cuando comencé mis labores en el periodismo político, cubría el Congreso de la República. Cada 23 de enero había una sesión solemne en la que un orador de orden disertaba sobre el acontecimiento, casi siempre en términos laudatorios. Recuerdo haber entrevistado en esos tiempos a varios figurones de la izquierda parlamentaria, quienes en su mayoría habían sido guerrilleros o, al menos, luchadores populares. Esos personajes cumplían entonces el papel de ser la voz de la discordia. Coincidían siempre en su empeño por desmitificar el 23 de enero. Decían, con gran convicción, que la gesta heroica de un pueblo había sido burlada por una alianza de fuerzas políticas y no políticas. Denunciaban que AD, Copei y URD (los firmantes del famoso Pacto de Puntofijo) aprovecharon la huida del dictador para repartirse el país, cual si fuera un botín de guerra, siguiendo instrucciones del Departamento de Estado y en complicidad con las oligarquías que hasta no hacía nada habían andado de paños y manteles con Pérez Jiménez.

 

Esos dirigentes estaban claros, en aquel tiempo, acerca de cómo Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba se pusieron de acuerdo para excluir a los otros partidos, incluyendo el Comunista, que había luchado tanto o más que AD contra el gobierno autocrático. Al hacerlo, juraban los izquierdistas, esos tres canallas le habían robado al 23 de enero lo que tuvo de rebelión popular, pues la mayoría del país siguió siendo pobre, la disidencia siguió siendo reprimida, y el país continuó sojuzgado por el imperialismo estadounidense.

 

Hoy, 59 años después de los sucesos, y a unos pocos de aquellos tiempos de discursos rudos, los ex izquierdistas compiten para ser el que mejor ensalza al modelo político que algunos académicos caracterizaron como “populista de conciliación de élites”. El afán de oponerse primero al gobierno de Hugo Chávez, y luego al de Nicolás Maduro, los ha llevado al extremo de cambiar el relato de un hecho histórico y a renegar de sus propias vidas.

 

(Clodovaldo Hernández / clodoher@yahoo.com)