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Mario Silva en exclusiva: “La guerra psicológica es más importante que la económica” (+video)
martes, 30 de mayo 2017
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El conductor de La Hojilla, uno de los grandes comunicadores populares surgidos en estos tiempos de Revolución, conversó con LaIguana.TV acerca de los cambios experimentados por el polémico programa y también sobre otros temas de candente actualidad, incluyendo la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente y las confrontaciones internas que tienen su expresión en la página web Aporrea.

 

A continuación, una versión del diálogo sostenido por Silva (Ciudad Bolívar, 1959) con el periodista Clodovaldo Hernández:

 

--Entre el Mario Silva de los primeros años, con un programa de la infantería, de la primera línea de combate ante las matrices de opinión, y el Mario actual, más reflexivo, más profundo, ha habido una evolución. ¿Cómo ha sido ese proceso?

 

--Antes nosotros salíamos a diario y teníamos que responder al empeño de la derecha de implantar una guerra mediática con palabras, signos, códigos, pero sin argumentos. Era un ataque diario y había que ser reactivos. En esta segunda etapa  de La Hojilla, estamos estudiando mucho más al enemigo, investigando su trabajo, analizando por dónde vienen. Hay la necesidad de documentarse y poner a todo el pueblo a cuestionarse, incluso a los sectores que nos adversan. La oposición en 18 años no ha tenido argumentos. Hasta sus programas de gobierno son tan impresentables que ellos mismos los desdibujan, los emborronan. Nosotros tenemos que cuestionar sus actuaciones violentas y terroristas, sino también sus ideas, el modelo que ellos le presentan al país. La única forma de hacerlo es analizar su plan mediático, las programaciones que les están aplicando a sus seguidores y que pueden incluso afectar a los sectores revolucionarios. Tratamos de explicarle a la gente, con argumentos, con cuestionamientos, qué es lo que está haciendo la oposición venezolana. Esa es la grandísima diferencia entre La Hojilla de antes y la actual. Si hay algo que tiene la Revolución es que combatimos con la verdad, no estamos ni manipulando ni tratando de jugar a las medias verdades.

 

--Últimamente han trabajado mucho con el aspecto psicológico de las matrices de opinión, ¿cierto?

 

--Sí. Hay un documental que trata sobre el Instituto Tavistock. No es algo nuevo, tiene muchos años, pero explica cómo se hace la programación de las personas. Eso lo explicaba muy bien Jorge Rodríguez cuando hablaba de los tres cerebros: el reptiliano, que trabaja sobre las emociones y deseos primarios; el límbico, que procura la protección de la especie; y el racional, que reordena, racionaliza, reflexiona. Los experimentos sociales que se vienen haciendo desde hace muchos años, desde la década de los 40, buscan bloquear el cerebro racional para que actuemos con el reptiliano y el límbico. Y eso es lo que siguen haciendo ahora con Venezuela. Por eso digo que la guerra psicológica es más importante que la guerra económica, aunque claro, los efectos de la guerra económica les sirven para provocar la guerra psicológica. Tocan, por ejemplo, algo que para los seres humanos es crucial: el hambre. No importa que sea virtual, porque realmente, si nos ponemos a analizar, es mentira que en Venezuela haya hambre. Siempre hay algo que comer, incluso con las restricciones económicas y de alimentos que tenemos ahorita, y que han sido subsanadas a través de los CLAP. Pero, retornando al tema, si se toca el tema del hambre, tenemos de inmediato una respuesta desde el cerebro primario, el que genera temor, deseo de huir y rabia. Esa emoción es fundamental en el plan que se adelanta: se genera rabia por diversas vías. Por ejemplo, cuando se le hace sentir a las personas (de la clase media) que son más que los demás o que tu grupo es superior y son mayoría frente al grupo que está gobernando. Esta creencia se impone aunque no sea cierta, aunque sea evidente que los focos de conflicto de las últimas semanas son generados por pequeños grupos que causan disturbios o cierran vías de comunicación. Te hablan de guerra civil, de tranca nacional y todo es mentira, son apenas focos en ciertos puntos, que luego se transforman en lo mediático, que no viene hacia lo interno, sino hacia el exterior.

 

--En la época en la que comenzó La Hojilla, cuando era reactiva, había muchos medios de comunicación opositores muy activos en Venezuela. En este tiempo, eso ha cambiado sustancialmente, pero la confrontación es con los medios de comunicación internacionales, que han pasado a ejercer esa función, y con las redes sociales. ¿Cómo se ha adaptado La Hojilla a esa nueva realidad?

 

--Primero que nada, hay que tener claro que los medios nacionales no han dejado de hacer su trabajo opositor. Una cosa es que ya no estén ejecutando el mismo plan que ejecutaron en 2002 y en ciertos eventos de conflicto, cuando actuaron abiertamente a favor de la oposición. Pero ahora te atacan de otra manera, la información es subliminal, magnifican las bondades de sector económico privado. Ese es otro análisis que debemos hacer: ¿cómo es que trabajan ahora Globovisión, Venevisión y Televén?. En el caso de las redes, ellas se convirtieron en el escenario de la batalla de la posverdad. Te matan a una persona en una manifestación, un hecho muy lamentable que no debe suceder, y de inmediato, todas las vocerías opositoras se convierten en investigadores, fiscales y jueces y dicen que fue el gobierno. A través de esas vocerías que no están calificadas para emitir noticias con fundamentos, que carecen de ética periodística, esa posverdad se convierte en un hecho cierto e irrebatible. Allí operan ciertos cuadros que se encargan de impulsar la falsa noticia por redes: La Patilla, Runrunes, etcétera.  Por ejemplo, Diosdado Cabello tuvo un acto en Puerto La Cruz, y una señora grabó y difundió un video cuando estaba llegando o cuando se estaba yendo. Lo pusieron en redes y dijeron irónicamente que “había un gentío” apoyando a Diosdado. Se convirtió en tendencia. Luego, en la noche, Diosdado presentó el video del acto real, que se diferencia mucho del que presentó la señora. Ahí está el tema de la posverdad que de las redes salta hacia el exterior. Entonces vemos a las transnacionales mediáticas replicando todas las posverdades que se han cocinado en redes. En los casos de las muertes atribuidas al Estado, nosotros, en cambio, tenemos una desventaja: estamos obligados a esperar el resultado de las investigaciones para poder sancionar a quien lo haya hecho o decir qué fue lo que pasó, pero entonces ya el daño está hecho y la imagen que se proyectó hacia el exterior es la que dieron los medios que están en contra del proceso.

 

--Ha habido una evolución personal suya y del programa La Hojilla, pero ¿cómo ha sido el comportamiento del pueblo receptor de esos mensajes? ¿También ha evolucionado en el plano del análisis y la toma de conciencia?

 

--Hay gente que está molesta y dice que el Estado debería actuar mucho más duro. Pero al mismo tiempo, todos debemos ver que si reaccionáramos violentamente, sin Rondón peleara, le estaríamos dando al norte la excusa para una intervención. Si algo enseñó el comandante Chávez fue a ser analíticos a la hora de responder ante las agresiones. Debo reivindicar lo que dijo en el programa el psiquiatra Heriberto González: en  2002, el comandante fue un colchón. La gente estaba tan alegre con su regreso que se olvidó de reaccionar en contra del fascismo que había dado el zarpazo. Reaccionó de manera amorosa para recibir al comandante cuando retornó del secuestro. Igual está pasando ahora: el pueblo ha sido disciplinado. No el pueblo virtual, sino el real. Hasta ahora, el pueblo ha aceptado estoicamente las instrucciones que ha dado el presidente Nicolás Maduro. Y la convocatoria a la Constituyente se convirtió en ese resorte, en esa trinchera. Eso desmembró todo el plan que tenía la oposición venezolana. El pueblo  ha ido evolucionando también. Su evolución es tan importante que han sido capaz de desestimar las tesis de ese sector de la izquierda que se ha apartado de la Revolución y que ahora hace planteamientos cercanos a la derecha.

 

--¿Y al pueblo opositor, ese que aparece en La Hojilla y luce tan irracional y lleno de odio, qué le dice usted a estas alturas?

 

--Hay dos grupos: el que está muy enfermo, o mejor dicho, programado por todo ese odio opositor; y el otro, que está preguntando. Es el que dice “no estoy de acuerdo con la violencia, pero ¿qué me ofrecen ustedes?”. A ese pueblo es al que me dirijo porque, ¿qué voy a hacer, seguir convenciendo a los convencidos? No, mi análisis busca que ese pueblo que no entiende o está seriamente afectado por la alienación capitalista. Le pregunto: ¿qué quieres, la incertidumbre del capitalismo que siempre va a abrir más la brecha entre ricos y pobres o una revolución que siempre ha tratado de incorporar a las mayorías? Y hay que ir a lo concreto: tenemos que superar a eso de ver al pobre como el perdedor, un elemento clásico en la programación capitalista. Tenemos, sobre todo, que superar esa barrera de que me tengo que comportar como los ricos, cuando estoy tan lejos de ser rico. La idea es tratar de que ese pueblo entienda que la única manera de sobrevivir es interactuando como colectivo, como seres iguales. Una de las mayores deudas que tenemos es el tema de la igualdad. La igualdad de oportunidades para todos, y no es utopía.  Bajo el sistema capitalista no hay posibilidad alguna de sobrevivir como pueblo. El sistema imperfecto que hemos ido desarrollando, es el que tenemos que preservar.

 

--¿Ha habido resultados con ese pueblo opositor?

 

--Sí, la gente no es tonta. En estos momentos, la oposición está entrampada en un guion, el de la violencia. Esa posición la han impuesto los radicales frente a los moderados, quienes se han hecho cómplices por haber permitido que la violencia se imponga. Mientras tanto, el presidente Maduro ha dado dos grandes pasos. Convocó  a la Asamblea Nacional Constituyente, que los frenó en seco. Luego, llevó al Consejo Nacional Electoral las bases comiciales y ya se está hablando de la Constituyente como el escenario más propicio para el diálogo y la paz. No solo se debatirá ampliar la Constitución, sino que vamos a debatir el modelo económico que necesitamos. Adicionalmente, se proponen las elecciones regionales, lo que deja a la oposición sin banderas para sus reclamos. Por eso es que están entrampados. El planteamiento de las elecciones presidenciales anticipadas no les sirve de mucho porque eso no está en la Constitución. Por eso vemos a Lilian Tintori desesperada llamando a la insurrección. Hay un tercer aspecto que le preocupa enormemente a los sectores poderosos y a los infiltrados dentro del gobierno revolucionario, que es el artículo 349, en  el que se dice que todos los poderes constituidos deben plegarse a las decisiones de la ANC. Eso despertó a los sectores infiltrados que estaban trabajando desde adentro para el derrocamiento del presidente Maduro.

 

--La apuesta de la Constituyente es fuerte, a todo o nada, porque puede ocurrir que la oposición decida participar, que obtenga la mayoría, tal como lo hizo en la Asamblea Nacional electa en 2015 y que, desde esa posición de fuerza, dé marcha atrás en aspectos fundamentales de la Constitución de 1999.

 

--No creo que ganen la mayoría y, aun suponiendo que eso pasara, no pueden revertir ninguno de los logros alcanzados por la Constitución de 1999. Es imposible que lo hagan. Dificulto que tomen la mayoría porque no creen en la Constituyente. Cuando plantearon la posibilidad de convocarla, se dieron cuenta de que no podían salir con un remake de la Constitución de 1961 y desecharon la idea, se decidieron por el revocatorio. Y lo hicieron sabiendo que no lo ganarían. Por eso actuaron tarde, para luego tener un motivo para ir a la calle a llamar a la insurrección o al golpe de Estado. La Constituyente es pólvora regada en todo el país, para los sectores organizados, porque la Constituyente no es anarquía. Los sectores organizados de las comunas, de educación, de salud, de militares, van a la Constituyente. En cambio, ¿ellos de verdad tendrán organizaciones como para imponer su modelo de país? En conclusión, es imposible que ellos lleguen a involucionar el contenido de la Constitución de la República Bolivariana. Yo he dado algunas recomendaciones. Una de las ideas que he propuesto para la discusión es que los debates de la ANC deben ser televisados. Aquí en el momento en que se esté hablando del modelo económico, vamos a verle las costuras al modelo capitalista que ellos proponen. Ojalá vayan Fedecámaras y los sectores de oposición, porque van a tener que exponer allí su visión económica y social. Lo segundo que propondría es que los cargos del Poder Ciudadano, la Fiscalía, la Contraloría y la Defensoría del Pueblo sean de elección popular y puedan ser revocados en el momento en que sus titulares dejen de hacer su trabajo. Ya no serían electos indirectamente, por la Asamblea Nacional, sino en una votación libérrima y con carácter revocable.

 

--Con esas propuestas, mucha gente estará pensando que Mario debería ser uno de los constituyentes. ¿Está planteado eso?

 

--No te voy a responder eso, ja,ja,ja… Hay sectores que sí han impulsado esa posibilidad. Pero recordemos que en esta ocasión van a decidir los sectores organizados, las organizaciones populares, los mismos colectivos, que son comunas, los pensionados. En este caso va a haber mayor participación que en 1999, se amplió la base de consulta. La ANC de este año nos va a dejar algo importantísimo: la incorporación de nuevos cuadros que, muchas veces, han sido aplastados por factores que todos conocemos, como envidia, ambiciones personales… Surgirán cuadros verdaderamente valiosos para la Revolución Bolivariana.

 

--El comandante Chávez siempre hacía autocrítica sobre la política comunicacional, y el presidente Maduro también lo dice. ¿Cómo la juzga alguien que es una especie de pieza suelta dentro de esa política?

 

--Siempre hemos tenido nuestras falencias. Yo estoy convencido de que siempre podemos mejorar. Al respecto soy irreverente: creo que nuestra comunicación no puede caer en  la anarquía, pero tampoco puede ser institucional. Cuando digo anarquía me refiero a que, por ejemplo, me cuido de emitir opiniones personales a menos que sea sobre asuntos que haya estudiado bien. Hay gente que por emociones (y conste que yo también soy emotivo), lanza un criterio que, a mi modo de ver, es terrible. Por ejemplo, yo hubo un momento en que creí que la insurrección armada era una vía de hecho que podía aplicar el pueblo venezolano. Todavía hoy creo que es una opción, pero no es viable. Luego, cuando comienzas a estudiar los elementos que funcionan en el hemisferio, te das cuenta que hay factores mundiales, latinoamericanos y nacionales que te indican otra cosa. Por eso el comandante Chávez, que también pensó en insurrección armada, pero siempre iba cincuenta pasos adelante, se dio cuenta de que la vía pacífica bien efectuada, se podía dar.

 

--La Hojilla, antes de ser un programa de televisión, comenzó en la página web Aporrea como un espacio de comentarios políticos. ¿Cómo juzga Mario Silva, a esta distancia, el cambio que ha experimentado ese medio de comunicación popular?

 

-Me duele muchísimo Aporrea. Primero que nada porque comencé allí, no solo con esa página, sino como caricaturista. Venía de Red Bolivariana, que salió del aire en el momento del golpe de Estado de 2002. Me incorporé a Aporrea donde había un equipo muy bueno, nos sentábamos, discutíamos… Llegué a ser publicador de Aporrea. Me sentí muy estrechamente ligado a su lucha, a pesar de que la mayoría de ellos son trostkistas y yo soy marxista-leninista. Pero luego comienzan a imponerse ciertas figuras, no voy a dar nombres, que son las que manejan Aporrea. Después de la muerte del comandante hubo un bajón emocional, yo me incluyo, ¿pero ante ese bajón qué había que hacer? El comandante Chávez, cuando perdimos el referendo de la reforma constitucional, dio una rueda de prensa en la que dijo “administren bien su victoria”. Él nos dejó suficientes elementos como para continuar adelante… Y, sobre todo, yo todavía no he visto ningún video en el que él diga que la persona encargada de seguir con este proceso era alguien distinto a Nicolás Maduro. Por el contrario, él fue enfático, dijo aquella frase “como la luna llena”… ¿Qué pasó? Que muchos elementos trataron de pescar en río revuelto. En pleno luto del pueblo venezolano, hubo elementos que comenzaron a tomar posiciones. No entendieron que era el momento de sentarse a preguntar: “Nicolás, ¿qué quieres?, voy darte una ideas, vamos a opinar juntos”. No, trataron de imponer interpretaciones del comandante, muchas de ellas emocionales. No entendieron que estábamos entrando a un terreno mucho más peligroso. ¿Qué ha pasado después de cuatro años con Maduro a cargo de las riendas? Primero, que él se ha venido imponiendo ante una guerra tres veces más agresiva que la que le hicieron al comandante Chávez. En un análisis de Larissa Costas se menciona yo no sé cuántos millones de tuits en los que al presidente se le pone como torpe, bruto e inepto… Y a Aporrea la comienza a tomar un grupo que se convierte en partido político. Hay que entender eso: pudo haber hecho observaciones y críticas constructivas, pero no lo hicieron, sino que trataron de imponer un punto de vista partidista. Yo tengo mis amigos en Aporrea, hasta un primo al que quiero muchísimo, pero yo saldré en defensa del presidente Nicolás Maduro porque sé de primera mano lo terrible que ha sido la campaña contra él y, sobre todo, sé de primera mano  lo terribles que son los egos dentro de Aporrea. Los conozco porque he estado con ellos. Todavía hoy hay gente que sigue escribiendo para Aporrea porque es una página súper crítica… No, puedo asegurar que hay elementos dentro de su dirección que han sido tocados por la CIA. Lo digo con toda responsabilidad, a sabiendas de que voy a recibir ataques de ese sector. No es posible, chico, que tengas a uno de los principales voceros de Aporrea con la bandera de EEUU y trabajando para un canal norteamericano, El Venezolano, en Miami, lo peor de la gusanera mayamera, tanto venezolana como cubana. Es como si yo apareciera en Globovisión y dijera que estoy trabajando en pro de la Revolución. Eso es mentira, no podemos caernos a coba con eso porque Globovisión y el grupo Gorrín están detrás de esta nueva arremetida que viene de la Fiscalía. Lo mismo pasa en Aporrea, donde se ataca por mampuesto al presidente porque no acata tus lineamientos ideológicos y a sabiendas de que detrás de lo que tú estás haciendo va a provocar un cisma en la Revolución. Por eso es que el comandante Chávez decía: “unidad, unidad y unidad”. No hay que interpretarlo, él lo decía.  Luego nos damos todos los golpes que tú quieras, ejercemos una batalla interna sobre socialismo, reformismo, capitalismo, todo dentro de lo interno, pero la preservación de la Revolución tiene que estar por encima de todo porque el enemigo no es pequeño. Mi enemigo no es Aporrea, no es ni siquiera la derecha fascista, son los gringos y eso hay que tenerlo muy claro.

 

--Respecto a ese último aspecto, el de la unidad interna, ¿puede decirse que están restañadas completamente las heridas que se causaron cuando La Hojilla salió del aire?

 

--Yo lo que tenía que decir, lo dije en su momento. Hay cosas que te hacen madurar muchísimo. Yo siempre me devuelvo al pensamiento del comandante. Aquí (en la sede de Makunaima Kariña Radio) tengo más de dos mil videos de Chávez hablando. Cuando creo que cometo un error o que tomé una vía que no debí tomar, regreso al pensamiento del comandante. Lo fundamental es que la Revolución está por encima de todo lo que yo piense o haga. Mis pensamientos personales o de ego están sepultados, compadre. Mi pensamiento como crítico o como analítico va en función de una Revolución que es para todos,  es para el colectivo. No puedo imponer un criterio mío, puedo tener mi opinión, pero no imponer.

 

Los incisos de Mario

 

Acostumbrado a hablar sin mucha contención en su propio programa, Mario Silva tiene una tendencia (muy de Chávez, por cierto) a abrir largos paréntesis en los temas. Cuando se le oye, resultan perfectamente comprensibles, pero cuando se le pone por escrito, surgen algunas dificultades. Por eso, extrajimos algunos de estos temas, que él trató como incisos, para que quede registro de ellos:

 

Intérpretes de Chávez. “Si algo nos ha hecho daño es la idea de que a Chávez hay que interpretarlo. No es cierto. Chávez dejó muchísimos argumentos grabados. Si algo hizo al comandante fue hablar y argumentar. Nadie puede convertirse en este momento en el intérprete del comandante, ni si quiera nosotros. Lo que hay que hacer es oírlo y aceptar que existe un proceso de evolución permanente. El pueblo entiende en qué parte de su cuerpo, de su corazón y de su mente está Chávez”

 

Respuesta a Trump. “En estos días veía unas declaraciones de Donald Trump en las que dijo que Venezuela era ahora un país pobre. Eso es falso. Es cierto que nos bajaron el precio del petróleo, pero lo que realmente dirá si salimos adelante o no es que logremos superar el sistema rentista y nos convirtamos en un país productor. En lo material tenemos muchísimos recursos: tierra para cultivar, minería para explotar racionalmente, tenemos un pueblo que traspasó sus fronteras para liberar, pacifista por naturaleza pero que lucha contra la injusticia”.

 

EEUU no invadirá pronto. “Vi una entrevista de Thierry Meyssan, alguien a quien respeto muchísimo. Hay elementos que él dijo allí con los que no estoy de acuerdo. Entre ellas, que ya EEUU tiene decidido invadir Venezuela. Yo no lo creo. También dice que EEUU no necesita los recursos venezolanos porque se satisface con el petróleo del golfo de México. No estoy de acuerdo. Él parte de su experiencia en Siria y en Libia y a mí me parece que mucho de lo aplicado en esos dos países tiene similitudes con lo que se intenta aplicar acá. Pero una cosa es el conflicto en el Medio Oriente y otra es lo que podría pasar acá. Si se analiza lo que ha pasado en otras regiones del mundo, veremos que EEUU no ha logrado tomar el control en ninguno de los países en los que ha intervenido: Afganistán, Irak, Libia, Siria, Líbano. EEUU jamás ha logrado imponerse sobre los pueblos árabes. Igual pasa en Latinoamérica: si al imperialismo norteamericano se le llegase a ocurrir la peregrina idea de intervenir en Venezuela, se le levantarían todos los pueblos de América Latina. Un conflicto de alta intensidad en el hemisferio sería muy pero muy peligroso para EEUU porque estaría en sus propias narices. Creo que EEUU va a insistir en su guerra psicológica, pero nuestro pueblo está a la expectativa”.

 

Castigo a los violentos. “La insurrección que está en desarrollo ha provocado muertos y tendrá culpables. No debe pasarnos lo mismo que ocurrió con la Salida, cuando Leopoldo López fue condenado solo por daños a la propiedad pública y privada. Hay daños humanos que deben pagarse”.

 

La mano que mece la cuna. “Gorrín (propietario de Globovisión) y otros grupitos son la mano  que mece la cuna en la Fiscalía. La última intervención de la fiscal fue lamentable, una persona nerviosa que prejuzgaba la actuación de la Guardia Nacional. No lo vi yo solo, también lo dijo el ex fiscal Isaías Rodríguez”.

 

(Clodovaldo Hernández / clodoher@yahoo.com)

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