Mientras unos despedían al año, decenas de miles de habitantes de Colorado se vieron obligados a abandonar el 31 de diciembre sus barrios debido a un gran incendio forestal. Más de 500 casas habrían sido destruidas, estiman las autoridades.

El desastre natural, que llegó en la víspera de Año Nuevo, el 30 de diciembre, dejó por lo menos siete heridos. Al mismo tiempo, no se reportaron decesos, ni desaparecidos.

«Quizás tengamos nuestro propio milagro de Año Nuevo en las manos si no perdemos ninguna vida», señaló el gobernador Jared Polis.

Muchos vecinos tuvieron apenas unos cuantos minutos para abandonar sus casas, agregó el alto cargo.

Al amanecer del día 31, las enormes llamas desaparecieron, pero dejaron casas calcinadas, así como árboles y parajes carbonizados. Los vientos iban amainando y pronto empezó a caer una ligera nevada que habría podido extinguir el fuego.

El incendio estalló en Louisville y Superior y sus alrededores, comunidades ubicadas a unos 32 kilómetros al noroeste de Denver con una población total de 34.000 personas. Este fenómeno natural causado por ráfagas de viento de hasta 169 kilómetros por hora arrasó con una increíble velocidad las zonas afectadas por la sequía.

Los residentes, a su vez, recibieron órdenes de abandonar sus hogares a medida que las llamas se aproximaban y arrojaban columnas de humo.

El incendio forestal estalló inusualmente tarde en el año, después de un otoño extremadamente seco y en medio de un invierno casi sin nieve hasta ahora.

Muchos habitantes perdieron sus hogares. Así, una de ellos, Cathy Glaab, descubrió que su casa ubicada en Superior había quedado reducida a un montón de escombros carbonizados y que el buzón de correo era lo único que seguía en pie. Fue una de las siete viviendas en fila que se quemaron hasta los cimientos.

«Es difícil. Hay muchos recuerdos», lamentó la vecina. Pero no se mostró rendida, ya que a pesar de todo, ella y su esposo tienen la intención de reconstruir su casa.

(Sputnik)

 
 
 
 
 
 
 
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