La tasa interanual de inflación en el país es la más alta desde 1982 y alcanza el 7%. La Reserva Federal busca revertir la situación en un contexto en que ha aumentado la masa monetaria de forma masiva, aunque ello implique crear menos empleo. Los expertos no temen un riesgo de hiperinflación, pero sí de estancamiento.

Un micrófono abierto durante una rueda de prensa el 24 de enero en la Casa Blanca captó una irrespetuosa reacción del presidente Joe Biden ante la pregunta de un periodista del canal Fox que quería saber si la inflación en el país podía suponer un «lastre político» para el Partido Demócrata de cara a las elecciones legislativas del mes de noviembre.

«Es un gran recurso, más inflación», respondió Biden en tono sarcástico, añadiendo a continuación de forma malsonante: «Vaya un estúpido hijo de ****». Más allá de la inconveniencia de semejante respuesta, la anécdota revela un tema de actualidad económica candente y que puede trasladarse al resto del mundo. En un contexto en que la Reserva Federal lleva casi dos años imprimiendo dólares para financiar las inyecciones billonarias a la economía estadounidense tras el golpe sufrido por la pandemia, el riesgo de hiperinflación sigue vigente.

Estados Unidos ha estado conteniendo los tipos de interés, pero estas políticas estimulan la inflación. Como tal, la inflación «beneficia a los deudores frente a los acreedores», explica a Sputnik el economista Daniel Albarracín, señalando a la industria frente a las finanzas. «Y Biden necesita potenciar la industria estadounidense en el concierto internacional ante China». Albarracín destaca que en esa rueda de prensa reprocharon a Biden emprender políticas que defiende Bernie Sanders. «Pero la posición de Biden no es izquierdista, simplemente está potenciando la gran industria norteamericana e intentando aumentar la recaudación del Estado».

Durante una comparecencia el 11 de enero ante el Senado, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, resaltó que la política prioritaria es la lucha contra la inflación y no tanto la creación de empleo. «La inflación perjudica al mundo del trabajo, al perder los salarios capacidad adquisitiva. Y estos no crean inflación, más bien al contrario», añade Albarracín. En cualquier caso, si no la hiperinflación, un fenómeno atípico en los países desarrollados, en EEUU están tratando de evitar otros riesgos inflacionistas, para lo cual no es descartable que acontezcan varias subidas de los tipos de interés a lo largo de 2022.

El nivel más alto desde 1982

Al cierre de 2021 la tasa de inflación en EEUU se situó en el 7% interanual, dos décimas más que la registrada en noviembre y el valor más alto desde 1982, cuando Ronald Reagan dirigía el país. En cuanto a la subida mensual, los precios al consumo aumentaron medio punto porcentual.

Entonces, ¿por qué EEUU ha seguido imprimiendo dólares a sabiendas del riesgo inflacionario que comportaba? «La Reserva Federal ha estado aumentando de manera masiva la masa monetaria con la idea de que no iba a haber un impacto inflacionario, ya que en los años anteriores la inflación había estado relativamente contenida», explica a Sputnik el economista Daniel Lacalle, quien recuerda que entre 2009 y 2019, cuando la Reserva Federal igualmente emitió moneda, «también se observó alta inflación, por ejemplo en los activos de riesgo y en los bienes y servicios no replicables (sanidad, educación, alimentos frescos, etcétera).

«La lógica es muy sencilla. El Gobierno de los EEUU quiere llevar a cabo un enorme impulso fiscal y financiarlo con impresión monetaria. Pero eso destruye el poder adquisitivo de los salarios que han caído, de los salarios reales en EEUU. Esto no genera un riesgo de hiperinflación, pero sí un riesgo de estancamiento con inflación más persistente. Este es el gran problema».

Más allá de la Reserva Federal

Para el economista Juan Vázquez Rojo, la presión sobre los precios excede del ámbito de las políticas de la Reserva Federal e invita a mirar «más allá» para explicar su subida. En declaraciones a Sputnik, este especialista recuerda que la Reserva Federal lleva más de una década realizando una «política monetaria expansiva sin que esto haya causado grandes subidas de precios».

«En realidad las presiones en los precios actuales responden a otras cuestiones a corto y largo plazo», sostiene Vázquez Rojo. «A corto plazo, la crisis de la cadena de suministros, la del transporte marítimo y la energética tienen mucho más peso en los precios. A largo plazo, estamos viendo cambios estructurales en las cadenas globales de valor: los países y las empresas están comenzando a priorizar más la seguridad que la eficiencia en la cadena de suministros. Esto se traduce en una ruptura del just in time: mayores inventarios, traer la fabricación de componentes dentro de las fronteras o de la región, etcétera».

Con todo, la consecuencia derivada más visible para el resto de economías del actual contexto inflacionista en EEUU es el actual alza de precios de los comestibles. «El problema es que ya estamos viendo cómo el consumo minorista, cómo los índices de servicios y manufactureros, se resienten por la elevada inflación. El impacto para el resto del mundo es también importante, porque por ejemplo el índice de inflación de alimentos está en máximos históricos», concluye Daniel Lacalle.

Altos precios, pero no hiperinflación

Desde la Universidad Ramón Llull de Barcelona, el catedrático de Estructura Económica Santiago Niño Becerra prevé un aumento de precios «durante varios meses», pero descarta un escenario dominado por la hiperinflación. «Nadie ganaría con ella y derivaría en estanflación, como en los años 70», asegura a Sputnik.

En su opinión, en la actual inflación intervienen varios factores, desde las inyecciones de los bancos centrales a las economías desde 2008, hasta el aumento de la demanda de gas y los desabastecimientos producidos por el COVID-19, pasando por el aumento de fletes por rotura de las cadenas logísticas, la intermitencia en la producción de muchas fábricas en Asia, el alza del precio de los derechos de emisión por la especulación generada gracias al exceso de liquidez y el ahorro forzoso generado durante el confinamiento, «que está tensionando a la demanda».

«La mayoría de esos elementos afectan a Europa y no a EEUU», admite Niño Becerra. «Pero la economía está totalmente globalizada y si el precio de llevar un container de Shanghái a Los Ángeles se ha multiplicado por seis y los costes de producción en EEUU ‒donde hay un exceso de dinero‒ se han incrementado, el resultado es que en EEUU hay inflación», concluye.

(sputniknews.com)

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