Lo ocurrido en Aragua con el delincuente conocido como “El Koki” y hechos muy recientes como la captura de una alcaldesa, una diputada y un asesor parlamentario relacionados con narcotráfico son evidencias de que la invasión paramilitar colombiana está dando pasos firmes sobre la República Bolivariana de Venezuela, y por allí se nos puede ir el país, la nación, la Patria, afirmó el filósofo y comunicador Miguel Ángel Pérez Pirela, en una emisión de su programa Desde Donde Sea, que dedicó a la actualidad y el telón de fondo de estos casos. 

Enfoque editorial 

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Advirtió que se trata de un tema muy duro que si bien toma como punto de partida la noticia, conocida hace pocas horas (la caída de uno de los delincuentes más buscados de Venezuela), esta información en caliente “da pie para analizar el problema de la presencia de un cierto paramilitarismo que podríamos tildar como colombo-venezolano o, en todo caso, asesorado desde Colombia”. 

“No es una noticia más –subrayó-. Entender lo que está sucediendo con bandas armadas paramilitares en Venezuela quiere decir hilar con otros eventos recientes, como la detención de alcaldesas, diputadas y asesores políticos, un hecho casi inédito. En Apure se han dado fuertes enfrentamientos para tratar de controlar a grupos paramilitares y supuestos subversivos que se han desviado de su ideología política. No podemos entender la caída de ‘El Koki’, sin relacionarla con la metodología del narcotráfico que están comprando a políticos con cargos de elección popular”. 

Ofreció una bibliografía para el tratamiento del tema, en la que incluyó las obras: 

La parapolítica, la ruta de la expansión paramilitar y los acuerdos políticos, un libro de la Fundación Nuevo Arcoiris, una de las entidades de investigación más serias de Colombia. 

La cuestión colombo-venezolana, obra de su autoría en equipo con varios otros analistas y prólogo de la exsenadora colombiana Piedad Córdoba.  

La invasión paramilitar, la Operación Daktari, también de Pérez Pirela, en coautoría con Luis Britto García, en el que se planteó abiertamente que hay una invasión silenciosa a Venezuela por parte de grupos paramilitares detrás de los cuales se encuentran los gobiernos colombianos y los de Estados Unidos. 

Narcoterrorismo, la guerra del nuevo siglo, de Luis Alberto Villamarín. 

Biografía no autorizada de Álvaro Uribe, el señor de las sombras, de Joseph Contreras. 

El narcotraficante número 82, Álvaro Uribe Vélez, de Sergio Camargo. 

“Toda esta bibliografía habla de cómo se desestructura un Estado-nación, visto en el ejemplo colombiano. Una vez logrado este objetivo, penetran mucho más fácil las lógicas imperiales y coloniales. Las nuevas guerras ya no se libran de forma convencional. La invasión de un país ya no pasa obligatoriamente por bombardeos aéreos o por la entrada de tropas foráneas. Se realizan a cuentagotas, de forma silenciosa”, enfatizó. 

“La fuente de financiamiento y reclutamiento viene desde Colombia, concretamente de la narcoparapolítica que viene desde Colombia a comprar conciencias y que actúa en conchupancia con factores venezolanos, porque no todo es culpa del exterior, han manchado el territorio de la República Bolivariana de Venezuela con armas paramilitares –prosiguió-. En los dos libros de mi autoría he venido planteando eso. En el caso Daktari teníamos a más de cien paramilitares a pocos minutos del centro de Caracas. Esto quiso ser borrado por los medios de comunicación. Detrás de eso estuvo el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. En estos diez años no ha cesado el ingreso de narcoparamilitares y sus lógicas a todo el territorio (Zulia, Apure, Táchira, Barinas e incluso en grandes ciudades centro-costeras como Valencia y Maracay, barrios de la capital, Caracas y, lógicamente en Maracaibo. No es casualidad, sino crónica de una guerra anunciada”.  

“Al triangular casos de parapolítica, bandas armadas en territorios fronterizos y megabandas como la de la Cota 905 y Las Tejerías, debemos prender las alarmas. Por ahí se nos puede ir el país, la patria, la República. Sería ingenuo analizar todo esto a partir de la lógica de la delincuencia organizada o la individualidad del delincuente abatido, aunque sea el más buscado. No, señor. Se trata de un plan muy bien articulado para desestructurar el Estado-nación venezolano, manchando el territorio con armas, normativas, leyes y lógicas del paramilitarismo. Debemos vernos en el espejo colombiano. Ya desde el gobierno de Leopoldo López en Chacao estaba tejiendo relaciones de ‘asesoría’ con el uribismo que estaba en el poder directo en Colombia”, insistió de manera fehaciente. 

Añadió que “estamos frente a una paramilitarización de Venezuela, a imagen y semejanza de Colombia, lo que es más grave porque desestructurar el Estado venezolano es desestructurar al Estado-nación que alberga y protege las fuentes de petróleo más grandes del planeta; la quinta fuente gasífera del mundo; recursos hídricos, minerales preciosos, megabiodiversidad y un territorio con una ubicación geográfica privilegiada, al norte de Suramérica”.  

Concluyó su presentación editorial señalando que “no se trata de poca cosa lo que ha venido sucediendo, ya basta de negacionismos: el paramilitarismo está en Venezuela, incluso en sus estructuras económicas, sociales y políticas”. 

Presentó el Iguanazo, la caricatura de Iván Lira en la que dice: “Las bandas criminales usan a la gente como escudos, a las ONG como abogados y a los medios como encubridores” y comentó que “más claro no canta una iguana”. 

Los hechos

La mañana de este martes se conoció que comisiones policiales dieron de baja a Carlos Luis Revette, alias «El Koki», uno de los líderes de la megabanda paramilitar que operaba en las inmediaciones de la Cota 905 (Caracas), quien se hallaba en fuga desde el pasado mes de julio.  

Confirmando lo revelado por fuentes periodísticas, Remigio Ceballos Ichaso, ministro de Interior Justicia y Paz, refirió que alias «El Koki» cayó en un enfrentamiento con las autoridades en la población Las Tejerías del estado Aragua, al centro de Venezuela, noticia que fue reseñada incluso por medios internacionales. 

Las hipótesis preliminares apuntan a que Revette, sobre quien pesaban órdenes de captura por asesinato, extorsión, secuestro y narcotráfico, entre otros graves delitos, se habría refugiado en la zona, y aliado con Carlos Enrique Gómez Rodríguez, alias «El Conejo», quien hasta la hora del programa había logrado escabullirse de los cuerpos de seguridad.  

A pesar del alto perfil mediático de Carlos Luis Revette «El Koki», la hoy desmantelada megabanda de la Cota 905 en realidad estaba liderada por Carlos Calderón, apodado «El Vampi». Revette y Garbys Ochoa, alias «El Galvis» eran sus lugartenientes.  

Tras su evasión el pasado mes de julio, el Gobierno venezolano estableció recompensas de 500.000 dólares para quien pudiera aportar información relevante que condujera a la captura de alguna de estas personas.  

Desde tempranas horas del pasado domingo 6 de febrero, se informó que comisiones mixtas se encontraban desplegadas por aire y tierra para cercar y atrapar a alias «el Conejo», cuya organización criminal está adscrita a la megabanda el Tren de Aragua. 

Portales especializados como Insight Crime aseguran que esta última estructura delictiva desarrolla actividades en al menos siete estados del país, así como en Colombia, Brasil y Chile.   

En la mañana del domingo, transeúntes de la autopista Regional del Centro –que conecta la capital con el centro y occidente de Venezuela– comunicaron a través de las redes sociales enfrentamientos entre los delincuentes y la fuerza pública. 

Asimismo, advirtieron que el tráfico estaba interrumpido en los dos sentidos y exhortaron a la ciudadanía a mantenerse alejada de la vía, pues videos tomados desde el sitio mostraron a transportistas atrincherados tras sus camiones, en un intento para ponerse a salvo de la balacera.  

Avanzada la jornada, periodistas especializados en la fuente policial informaron que tras una primera ola de enfrentamientos y posterior repliegue, en su huida, uno de los criminales dejó caer un teléfono celular en el que se encontró una fotografía reciente de Carlos Luis Revette, alias «El Koki», tomada en una de las garitas que «El Conejo» y su banda habían instalado para controlar el paso por la zona.    

A mediados de la tarde del domingo, el ministro de Interior, Justicia y Paz, Remigio Ceballos Ichaso, confirmó el despliegue de la Operación Guaicaipuro 2 en contra de «grupos delictivos que en la zona de Tejerías, cometían delitos de tráfico de drogas, extorsión, secuestro, sicariato, robo y homicidio».  

Este lunes 7 de febrero, Ceballos Ichaso ofreció un balance preliminar del operativo, que incluyó descripciones sobre el modus operandi de la banda, así como de su poder de fuego.  

Antecedentes

Inicialmente –y como se hiciera en la Cota 905 a inicios de junio de 2021–, el operativo pretendía cercar y capturar a los miembros de los grupos delictivos del sector, pero la posible presencia de Revette intensificó las acciones policiales y echó al traste la especie de que se hallaba en Cúcuta, como aseguraron las autoridades colombianas poco después de su huida.

En esos días, Óscar Moreno, comandante general de la policía de Cúcuta, dijo en una entrevista con un medio local que había recibido información de que los cabecillas de la desarticulada banda de la Cota 905, alias «El Koki», alias «El Galvis» y alias «El Vampi» estarían escondiéndose en la localidad fronteriza.  

Moreno aseveró que la inteligencia de su país estaba investigando e instó a la ciudadanía a comunicarse con la policía, en caso de tener alguna información relevante sobre la materia.  

Sin embargo, en opinión del comunicador, documentalista y experto en temas de seguridad Daniel Quintero, en realidad «El Koki» y sus secuaces nunca abandonaron el territorio venezolano. 

En su juicio, desde Colombia se hicieron esas declaraciones para enfriar su búsqueda en Venezuela y permitirles recomponerse, puesto que estos delincuentes cuentan con la asesoría de paramilitares procedentes del vecino país, como se concluyera en la Operación Gran Cacique Guaicaipuro, desarrollada a inicios de julio de 2021.  

A propósito del balance presentado en razón de esta acción, con la que se desarticuló la megabanda de la Cota 905 en Caracas, la vicepresidenta Delcy Rodríguez confirmó que entre los capturados había tres paramilitares colombianos.  

En aquel momento, Rodríguez informó que la estructura criminal poseía armamento de factura colombiana y estadounidense. En el mismo evento, la entonces ministra de Interior, Justicia y Paz, Carmen Meléndez, ofreció detalles sobre el arsenal de guerra incautado durante el operativo, que se extendió por varios días.  Mostró el armamento de guerra y municiones incautadas a la megabanda. 

Meléndez, actual alcaldesa de Caracas, refirió que la megabanda tenía instalado un laboratorio clandestino para la producción de cocaína en pleno centro de la capital, de cuya venta y distribución se lucraban sus líderes.  

Posteriormente, el presidente Nicolás Maduro informó que más de 20 paramilitares colombianos habían asesorado a alias «El Koki», alias «El Vampi» y alias «El Galvis», cabecillas de la red delincuencial, en la planeación de operaciones terroristas ejecutadas por medio del uso de francotiradores.  

«Hay tres paramilitares capturados en la Cota 905, quienes declaran que hay más de 20 paramilitares colombianos tenían meses entrenado a los delincuentes en acciones terroristas con francotiradores y diversas tácticas», dijo el mandatario en julio de 2021.  

Para esto habría sido esencial el control territorial, que ejercían mediante un sistema de garitas ubicadas en puntos estratégicos a lo largo de un corredor que se extendía entre el centro-oeste y el suroeste de Caracas y que les ofrecía una visión en 360º de la capital, potenciadas por el uso de drones.   

Días más tarde, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, ofreció detalles acerca de un nuevo plan magnicida en contra del presidente Nicolás Maduro, que se iba a ejecutar en el acto de inauguración del monumento por los 200 años de la Batalla de Carabobo, el 22 de junio de 2021. 

Rodríguez dijo que gracias a labores de inteligencia del Ejército venezolano, se desactivaron los cuatro drones cargados de explosivos, que serían detonados a distancia.  

Contexto político

La oposición extremista y las bandas paramilitares, como la de la Cota 905, tienen estrechos lazos que quedan en evidencia en este tipo de situaciones. 

A pesar del fracaso la operación con drones contra el primer mandatario, agentes extremistas de la oposición continuaron con la siguiente fase del plan y activaron la violencia en la capital por medio de bandas criminales, a las que armaron y pagaron a través de las organizaciones no gubernamentales. 

En una rueda de prensa, el presidente de la Asamblea Nacional presentó varias capturas de pantalla recuperadas de los celulares de los detenidos durante el operativo en la Cota 905, en las que se detallaba claramente una arremetida de violencia paramilitar bautizada con el nombre de «la Fiesta de Caracas». 

En los teléfonos reposaban conversaciones entre Leopoldo López –desde Madrid–, Freddy Guevara, y otros personeros de la oposición venezolana vinculados en planes conspirativos para asesinar a inocentes, por medio de acciones características de la violencia política colombiana. 

Durante su comparecencia ante los medios, Rodríguez mostró conversaciones entre los dirigentes Alfredo Jimeno y Gilber Caro, en las que admitían que «los malandros quieren muestras de fe –dólares»– que debía conseguir, entre otros, el exalcalde de Chacao, Emilio Graterón. 

También presentó capturas de diálogos de WhatsApp en las que Graterón –ahora prófugo de la justicia– le pedía al exdirigente estudiantil Hasler Iglesias «activar a los chamos», para tenerlos «protestando durante ‘la Fiesta de Caracas'» y mostró evidencias de las reuniones del exborgomaestre con delincuentes de la megabanda de la Cota 905.  

Las investigaciones dictaminaron que los pagos a la banda de la Cota 905– de la cual el ultimado Carlos Luis Revette, alias «El Koki» era uno de los líderes–, se realizaron a través organizaciones no gubernamentales por intermediación del político opositor Yon Goicoechea.  

Específicamente, Goicochea fungió como mediador para con convertir el dinero de criptomonedas en efectivo, que fue utilizado para cancelar acciones desestabilizadoras con firma paramilitar.  

Visión panorámica

En septiembre de 2020, Abdel el Zabayar, exdiputado por el Partido Socialista Unido de Venezuela, advirtió en una entrevista con el periodista Clodovaldo Hernández que si el Estado venezolano no tomaba cartas en el asunto, las megabandas se fortalecerían en el futuro cercano y adquirirían la forma de células paramilitares. 

El también presidente de Federación de Asociaciones y Entidades Árabes de Venezuela y veterano de la guerra de Siria subrayó entonces que estos grupos aparentemente delincuenciales tenían fuentes de financiamiento poderosas, contaban con gran capacidad de fuego y tenían asesoría externa.  

«Desmantelar a los grupos armados requiere voluntad y determinación por parte del Estado. Habrá fuertes consecuencias, pero el Estado tiene la posibilidad hoy de retomar el control en corto tiempo, es decir, dos o tres años, pues estos grupos ya avanzan en una articulación muy compleja. (…) Creo que retrasar las operaciones un año más, sería comprometer el país a una guerra de diez años, ya que estos grupos se habrán desarrollado, potenciado y ocupado más extensiones, en lugares estratégicos del país», dijo el entrevistado. 

A inicios de 2021, El Zabayar conversó nuevamente con Hernández y alertó que la localización de estos grupos delincuenciales de tinte paramilitar ponía en grave riesgo el control territorial de Caracas. En su opinión, en la peor situación, la capital podría quedar atrapada bajo una especie de alicate.  

A esto sumó que no podía dejarse de lado que el control de las megabandas sobre las barriadas es tal, que incluso devienen en administradores de los subsidios gubernamentales y de servicios como el gas doméstico surtido a través de bombonas.   

En aquel momento, cuando aún no se habían revelado los nexos directos de estas organizaciones criminales con paramilitares colombianos, el dirigente político descartó que se tratara simplemente de grupos de crimen organizado y enfatizó que su poder bélico era indicio de una militarización creciente de los barrios financiada por agentes externos.   

Lo que viene

Retornando al aspecto más noticioso, se preguntó si alias «El Conejo», que permanecía en fuga, sería el relevo de «El Koki» como figura pública del paramilitarismo delictivo. 

En este momento, las autoridades están a la caza de Carlos Enrique Gómez, alias «El Conejo», quien opera una franquicia del Tren de Aragua, megabanda delictiva con ramificaciones en varios estados de Venezuela, así como en Colombia, Brasil y Chile.   

Las actividades de este grupo delincuencial incluyen extorsión, secuestro, asesinato y narcotráfico. En 2019, se les acusó de entrenar a menores de edad con armamento presuntamente perteneciente a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.  

Según la información hasta ahora disponible, «el Conejo» habría ayudado a «El Koki» a ocultarse del radar de las autoridades, si bien ahora existe la sospecha de que en la zona también se encuentran alias «El Vampi» y alias «El Galvis».  

Detrás de esta alianza estaría el interés de alias «El Conejo» de conformar una ruta para el trasiego de drogas a través de cinco estados, según reseñara el periodista de sucesos Eligio Rojas, en una investigación publicada después del anuncio del deceso de «El Koki». 

Siempre siguiendo lo expresado por Eligio Rojas, «El Conejo tomó los cerros y construyó garitas para el negocio de las drogas proveniente de Colombia. La idea era empalmar con la Cota 905 y expandir la ruta del narcotráfico por los estados Carabobo, Miranda y Guárico».  

De acuerdo con esta fuente, tras haberse hecho de un capital por medio de extorsiones a los comerciantes de Las Tejerías (Aragua), «El Conejo» invirtió el dinero en drogas y fue captado por cárteles colombianos que buscaban nuevas rutas para sus negocios ilícitos, como ya lo habían hecho con la megabanda de la Cota 905.  

Reflexiones para la discusión y conclusiones

Al cierre del programa, Pérez Pirela expuso los puntos para la reflexión colectiva del tema y sus propias conclusiones: 

No queda la menor duda de que el paramilitarismo es un fenómeno que está creciendo de más en más en Venezuela, ya no de modo encubierto, sino a la vista de todos. 

Lo que está pasando hoy en Venezuela ya pasaba hace bastante tiempo en Colombia, como lo hemos plasmado en nuestros dos libros. 

Por aquí se nos puede ir la nación, el Estado, la República, la Patria. Demasiados casos en demasiado poco tiempo. Casos que hablan de una invasión silenciosa del paramilitarismo en Venezuela. Por un lado, parapolítica. Por otro, grupos paramilitares o mal llamados guerrilleros en la frontera. Presencia paramilitar en Zulia, Barinas, Táchira, Apure y presencia de bandas armadas en al menos estos cinco estados. 

Si esto no atenta contra la soberanía de Venezuela, hay que preguntarse qué lo hace. No es que la historia se repite: es la misma historia continuada. 

La parapolítica que penetra la sociedad incluso en sus necesidades más cotidianas. Crean un modelo paraestatal. 

Con casos como el de “El Koki” y sus secuaces surge la pregunta de si se trata de malandros o de paramilitares. El control territorial de la Cota 905 era evidente y también el que se acaba de desmantelar en Las Tejerías. Este tipo de dominio incluye a un control social. La logística es de control territorial, estratégico y social. Si esto se hizo en Caracas y en las afueras, y le sumamos la presencia del paramilitarismo en grandes ciudades, el cuadro se complica. Son manchas paramilitares que deben ser enfrentadas ya, a menos que queramos vernos en el espejo colombiano: una guerra civil que ha durado décadas. 

Las imágenes de “El Conejo” con niños manipulando armamento es algo que no puede seguir pasando en Venezuela. “Estas son imágenes típicas de Colombia, pero desdichadamente son armas y niños en nuestro territorio”. 

Es fundamental para entender el problema en toda su dimensión comprender los planes que, al parecer, tenían los cabecillas de estas bandas. Su idea era empalmar con la Cota 905, una narcorruta que abarcaba cinco estados y la capital. 

No es casualidad, sino causalidad. Estas bandas están sembradas en territorio venezolano, incluyendo Caracas, a poca distancia de los grandes centros de poder político. 

Hay fundados indicios de que las autoridades colombianas estaban protegiendo a alias “El Koki”, al difundir informaciones falsas de que se encontraba en Cúcuta.  

Es necesario analizar también cuál es la relación entre las extremas derechas venezolanas y de otros países con las bandas delictivas como la de “El Koki”, a quien consideraban una especie de héroe. Hay que preguntarse si unos delincuentes comunes, cuyo negocio es despachar drogas, andan por ahí planeando magnicidios. “No, estamos hablando de otro nivel de intencionalidad”. 

No se trata de delincuentes comunes. No es una simple noticia. Todos estos hechos tienen intereses y ramificaciones geoestratégicas en Colombia, México, Estados Unidos y Europa. Tenemos al lado al mayor productor de cocaína del mundo y enfrente a EE.UU.  

Están invadiendo silenciosamente a la República Bolivariana de Venezuela. Dice Luis Britto García que si el 11 de abril el pueblo pudo bajar de los cerros y llegar a Miraflores para defender al Gobierno constitucional, en un escenario similar, en el futuro, el paramilitarismo se pondría en la pata de los cerros y masacraría a quienes quieran bajar.  

O se saca de raíz el narcoparmilitarismo de Venezuela o vamos vernos desgraciadamente en el espejo colombiano, un país controlado por tres estados: el burgués, el paramilitar y el “guerrillero”.  

Venezuela sigue siendo un solo Estado que debe proteger las reservas más grandes de petróleo, gas, megabiodiversidad y minerales preciosos. Todo puede ser desestructurado, su territorio, su fuerza armada y su población. Todavía estamos a tiempo de evitarlo. 

Medios irresponsables dijeron que “El Conejo” también había sido abatido y mostraron una fotografía del que sería su cadáver, pero LaIguana.TV informó que eso es falso y la foto corresponde a un suceso de 2016.   

Fuentes citadas

LaIguana.TV / El Iguanazo / Programa Cara a Cara/ RT/ VTV / Cuentas Twitter de Remigio Ceballos Ichaso, Daniel Quintero / Reportaje de Eligio Rojas en Últimas Noticias. 

Palabras y nombres clave

Megabandas / paramilitarismo / narcotráfico / Colombia / Tren de Aragua / Las Tejerías / Cúcuta / Cota 905/ Operación Gran Cacique Guaicaipuro / Operación Guaicaipuro 2 / “la Fiesta de Caracas” Carlos Luis Revette (“el Koki”) / Carlos Enrique Gómez Rodríguez (“el Conejo”)/ “el Vampi” / “el Galvis” / Leopoldo López / Freddy Guevara / Gilber Cano / Emilio Graterón / Alfredo Jimeno / Hasler Iglesias/ Remigio Ceballos Ichaso / Carmen Meléndez / Jorge Rodríguez /Delcy Rodríguez/ Nicolás Maduro / Abdel el Zabayar /Eligio Rojas. 

(LaIguana.TV) 

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