En las primeras semanas de 2022 el dólar experimenta un retroceso importante en varios países de América Latina, que parece indicar las crecientes dudas sobre su utilidad. Según los analistas, una de las razones principales radica en la fuerte valorización de las commodities que exporta la región.

Pero hay más. El economista uruguayo Aldo Lema explicó a medios empresariales que «para Uruguay la ‘moneda relevante’ es al yuan, cuyo comportamiento ha sido de una apreciación en los últimos meses». Lema insistió es que hoy es «más relevante mirar la moneda china que la cotización del dólar en Argentina», como ha sido la actitud tradicional.

Sin embargo, Uruguay es, hasta ahora, el país emergente de la región que menos apreció su moneda frente al dólar este año. Brasil, mercado de referencia para Uruguay, lidera con una depreciación del dólar frente al real de 6,7% respecto al cierre de 2021, seguido por Perú (-6,2%), Chile (-5,2%), Colombia (-3,7%) y Uruguay con una baja del dólar de 3% frente al peso uruguayo.

Además del alza de los precios de las commodities, los inversionistas van migrando lentamente de dólares a monedas locales, «hacia inversores institucionales como bancos, aseguradoras y fondos de pensiones», como apunta el diario El País de Montevideo.

Algunos medios aseguran que las principales monedas de la región se están revaluando frente al dólar, en parte porque el mundo fue inundado por dólares, ya que la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) en su afán por contener la inflación imprimió gran cantidad de billetes en el último año.

En los últimos diez meses el dólar experimentó una caída superior al 12% en el mundo, estando ahora en su nivel más bajo desde comienzos de 2018, en tanto muchos expertos coinciden en que seguirá depreciándose.

Lema señala que se trata de un nuevo ciclo: «Claramente parecen consolidarse señales globales de transición desde un ciclo de fortaleza mundial de la divisa, iniciado en 2013 cuando Ben Bernanke anunció el retiro de los estímulos de la crisis financiera, hacia otro de debilitamiento, que habría empezado en 2020».

En su opinión hay tres factores para un dólar débil:»la presión al fortalecimiento relativo del yuan [caída del dólar] por mejor desempeño relativo de la economía china, tanto estructural como coyuntural»; «mayor expansión fiscal y monetaria en Estados Unidos»; y «el carácter contracíclico del dólar, que tiende a fortalecerse en malos tiempos de la economía mundial y a debilitarse en su fase expansiva».

Para los países de América Latina, la depreciación del dólar puede traer más beneficios que desventajas, entre otras razones porque como señala Lema, se registra una «influencia positiva del gigante asiático y su moneda sobre los commodities y los países emergentes», porque además la reactivación global la está liderando China.

El CEO mexicano Javier Treviño recuerda que también pesan los cambios habidos en la inserción internacionales de la región. China está negociando un acuerdo de libre comercio (TLC) con Uruguay que inevitablemente involucra a los otros tres miembros del Mercosur (Argentina, Brasil y Paraguay); ya tiene TLC con Chile, Perú y Costa Rica, puede comenzar a negociar un acuerdo comercial con Ecuador y Argentina se acaba de sumar a la Ruta de la Seda.

Treviño concluye que «en 2000, Estados Unidos era el principal socio comercial de todos los países sudamericanos excepto uno. Mucho ha cambiado la situación en las dos décadas desde entonces. China ahora ha superado el lugar de Estados Unidos en la cima en todos, excepto en tres».

Para la región sudamericana, la cuestión clave respecto a su ancestral dependencia del dólar, consiste en la construcción de una arquitectura financiera propia. El economista peruano Oscar Ugarteche, en un artículo en Nueva Sociedad en 2018, reseña los pasos que se fueron dando para la creación de una Unidad Monetaria Sudamericana (UMS). La primera propuesta consistió en una moneda común entre Brasil y Argentina.

Pero la idea «implica un solo banco central y una sola política monetaria, algo que en este contexto es imposible y que en realidad solo puede ser logrado en un plazo largo, luego de ejercicios de convergencia de indicadores macro-económicos como los realizados en Europa» para implantar el euro.

En 2007 Argentina, Brasil, Venezuela, Ecuador, Uruguay y Paraguay crearon el Banco del Sur, como «parte de los esfuerzos para avanzar en la construcción de una arquitectura financiera sudamericana que, además, incluya una unidad monetaria».

La propuesta integracionista se completó en 2008 con la creación de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) que apoyó la idea brasileña de crear un Consejo de Defensa, con el objeto de ganar autonomía frente a la presencia militar de potencias extrarregionales, léase de EEUU.

Pero fueron apareciendo diversos problemas que hicieron imposible la concreción de las iniciativas. Las voluntades políticas y las asimetrías jugaron en contra. La segunda no tiene solución. La negativa de Colombia de apoyar el Banco del Sur y la Unasur, ya que prioriza sus relaciones con EEUU, en tanto Chile y Perú orientaban sus relaciones hacia el Norte, crearon más dificultades de las esperadas.

Llegados a este punto, Ugarteche recuerda la experiencia europea: «En los años 70, los integrantes de la Comunidad Económica Europea comprobaron que su comercio intrarregional estaba siendo afectado por la inestabilidad del medio de pago y decidieron intentar desconectarse del dólar». Pero «demoraron casi una década en construir la canasta de monedas que fue la base de la unidad monetaria».

Luego de la crisis de 2008, la destitución de los presidentes Fernando Lugo (2012) y Dilma Rousseff (2016), la Unasur entró en crisis, el Banco del Sur fue olvidado y se dejó de hablar de la unidad monetaria sudamericana.

En 2022 las cosas pueden ser diferentes. En Colombia puede gobernar Gustavo Petro y en Brasil puede retornar Luis Inacio Lula da Silva, con lo cual los principales países sudamericanos (se les deben sumar Argentina, Chile, Bolivia, Venezuela y tal vez Perú), pueden estar a fin de este año con gobiernos que podrían tomar rumbos diferentes.

Si la inestabilidad del dólar sigue siendo un obstáculo para el comercio, podría existir la voluntad política para trabajar hacia una unidad monetaria regional, un paso que en este contexto contaría con el apoyo de China, el principal aliado comercial de Sudamérica, un importante inversor y un potente aliado político como lo muestra el apoyo de Pekín a Argentina en su contencioso por las Malvinas.

(Sputnik)

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