Cuando el venezolano Miguel Ángel Pérez Pirela habla hay que detenerse un segundo, escucharlo y viajar en cada palabra con la misma pasión con la que te cuenta una historia o defiende una teoría.

Habla y cita a Jorge Luis Borges, a Jean Paul Sartre, a Pablo Neruda, a Gabriel García Márquez, pero cuando menciona al Gabo un brillo diferente llega a sus ojos. No puede ocultar entonces la admiración por el escritor, por el hombre, por el soñador, que como él, y sin llegar a compararse, apostó por la palabra como un medio para comunicar sus inquietudes al mundo.

Miguel Pérez Pirela tiene a la palabra como escudo y a la música como refugio. La conoció desde niño y aunque por azares de la vida su camino se desvío a la filosofía, era parada obligatoria regresar a la música y hasta que no lo hiciera no iba a sentir plenitud. El jazz le da libertad, y el saxofón, alas para emprender ese vuelo.

Defiende sus convicciones y lucha por lo que cree. Ama con vehemencia a Venezuela y el orgullo lo invade si menciona a Maracaibo. Porque venir de abajo y crecerse en el camino, con esfuerzo y estudio, le da mayor mérito a todo lo que ha alcanzado.

Es chavista hasta la médula. Fidelista también. Guarda muy dentro ese encuentro que tuvo con Fidel cuando era un “carajito” de 36 años y tenía —aún tiene—esas ganas de comerse el mundo, propias de los revolucionarios de corazón.

A La Habana vino a presentar dos libros: La cuestión colombo-venezolana y Pueblo. Y aunque habla con pasión de ambos títulos, Pueblo es otra cosa, “aquello que rescataría sin dudarlo”.

Es una novela que habla sobre un dictador enamorado que hace todo por la  mujer que ama. Escucha a los pájaros cantar una mañana y decide que dejarán de existir porque despiertan a su amada. O que más ninguna mujer va a tener el pelo más largo de lo que lo tiene ella y le corta a todos la cabellera. Y en nombre del amor va limitando las libertades de todo un pueblo.

El libro es una reflexión sobre las dictaduras americanas, las del Cono Sur, las del Plan Cóndor, pero revisitadas con una especie de ensueño literario.

Como plus, Pueblo tiene un soundtrack, de música, de jazz, porque MaríadeLosÁngeles se opone al dictador a través de su saxofón. Y quien la escucha se libera, y gracias a esa misma libertad, Pérez Pirela es saxofonista  desde hace dos años.

Para el escritor, Cuba es un amor entrañable y una grandísima fuente de inspiración. “Es una promesa, y citando a Borges cuando decía ‘yo extraño a Buenos Aires sobre todo cuando estoy en Buenos Aires’, podría decir lo mismo. Extraño a Cuba sobre todo cuando estoy en Cuba porque este país no es un territorio espacio- temporal. Es un territorio simbólico, de lucha, de esperanzas y de resistencia”.

Miguel Pérez Pirela no cree en lo inaccesible. Es un tipo “arrecho”, que hecha pa’ lante sin importar que fuerte sea la tormenta. Los imposibles no existen, porque aunque parezca utopía, su desafío siempre será acercar la línea del horizonte.

(cubadebate.com)

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