Este jueves, el comunicador y analista político Miguel Ángel Pérez Pirela tuvo como invitada a la periodista Madelein García, corresponsal de la cadena teleSUR en Venezuela, quien ofreció un recuento histórico de lo acontecido en la política venezolana durante los últimos siete años y que fuera recogido en su reciente documental sobre la Operación Gedeón, que podrá disfrutarse en los próximos días en la programación de LaIguana.TV.

Para iniciar el intercambio, Pérez Pirela comentó que hasta hace algunos meses, la República Bolivariana de Venezuela era «la mala noticia más difundida en el Occidente, en EEUU, en la Europa Schengen, en los países latinoamericanos con gobiernos de derecha, en todas partes y por arte de magia, eso dejó de pasar».

En su opinión, esto sucede por varias causas. En primer lugar, porque se han producido algunas mejoras económicas, porque urgido de petróleo por causa de la guerra en Ucrania, el gobierno de Joe Biden ha enviado representantes a Caracas para hablar con Maduro, se anunció un alivio –muy ligero– de las sanciones sobre la industria petrolera local y se reanudaron las conversaciones entre el Gobierno Bolivariano y el ala extremista de la oposición, considerada por Washington como un interlocutor legítimo.

Esto último coincide a su vez con las impactantes revelaciones que realizara en sus memorias el exsecretario de Defensa de los Estados Unidos durante el mandato de Donald Trump, Mark Esper, en las que habló sin censura de los planes de la Casa Blanca para derrocar y hasta asesinar al presidente venezolano, en contubernio con el exdiputado Juan Guaidó y sus agentes.

Para Madelein García, esto sucede también porque la guerra cognitiva se trasladó a otro terreno y ahora todos los ojos están puestos en lo que ocurre entre Rusia y Ucrania. Así, «el malo ahora es Putin y Maduro parece ser la salvación» y también obedece a las dinámicas internas de la política estadounidense, pues fueron los demócratas bajo el gobierno de Barack Obama los que decretaron a Venezuela como «una amenaza inusual y extraordinaria» y son los mismos demócratas los que no saben qué hacer con la pesada herencia que les dejó la administración Trump: Guaidó.

Las estrategias de cambio de régimen se cuecen hace dos décadas

A su parecer, no puede dejarse de lado que las estrategias de «cambio de régimen» que ha aplicado EEUU en Venezuela comenzaron a ensayarse en otros puntos del orbe en 2002, con las así llamadas «revoluciones de colores» y la autodenominada «resistencia pacífica», particularmente en Europa.

En Ucrania, la «Revolución Naranja» de 2004 abrió la puerta para inocular odio y nazismo, cuyos saldos se cobraron 10 años después con el golpe de Estado del Euromaidán. Este dato, asegura, no es menor, porque en Venezuela se ensayó la misma estrategia violenta, se apeló a los mismos símbolos y a los mismos discursos, pero no tuvo éxito.

La agenda inicial era forzar la salida del gobierno a partir de asesinatos de personas –manifestantes antigubernamentales, simpatizantes del gobierno y civiles no participantes de las protestas–, que sin distingo fueron anotadas en listas, instrumentalizadas y presentadas como mártires de una dictadura violadora de los derechos humanos.

Sin embargo, acotó, esta tentativa golpista fracasó, Leopoldo López –en sus dichos, el delfín de EEUU para ocupar la silla presidencial– se entregó a las autoridades con la expectativa de que sería liberado en pocos meses por sus copartidarios (cosa que no sucedió) y se avanzó en montar un expediente por violaciones de derechos humanos.

En 2016, recordó, la administración Obama decretó a Venezuela como «una amenaza inusual y extraordinaria». En la práctica, esto abrió la puerta a la política de sanciones vigente desde entonces, que se han incrementado en la misma proporción de los fracasos opositores, apuntó.

En su relato retrospectivo, refirió que ese mismo año se produjo un colapso económico y una elevada escasez de insumos básicos, una estrategia que resultaba fundamental para conseguir un debilitamiento del gobierno que legitimara el siguiente paso: la reedición de las manifestaciones violentas –guarimbas– a inicios de 2017.

No obstante, García recalcó que esta nueva tentativa derivó en la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente por parte del Ejecutivo, en la pacificación del país y en el desplazamiento de la Asamblea Nacional, que se erigió como una estructura golpista que actuaba al margen de la Constitución.

En la misma línea, recordó que a nivel internacional el Legislativo venezolano controlado por la oposición, promovió una agenda legitimación de sus actuaciones en los lobbies europeos y estadounidenses sobre la base de alegatos falsos y que en pocas palabras se basaba en la anulación del gobierno y la figura del presidente Nicolás Maduro.

La comunicadora puntualizó que a estos fines, la Asamblea Nacional del 2015 deliberadamente se encargó de sancionar leyes que sobrepasaban el marco constitucional, calculando que serían sistemáticamente rechazadas por el Tribunal Supremo de Justicia, como de hecho sucedió, para decir en foros internacionales que se había perpetrado un golpe de Estado contra el Parlamento.

Comentó, asimismo, que con el interés de destrabar la conflictividad, el Gobierno Bolivariano convocó a un proceso de diálogo en República Dominicana, que fue avalado por el entonces presidente de ese país, Leonel Fernández, y por el expresidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.

Empero y contra todo pronóstico, la delegación opositora se negó a firmar lo pactado tras meses de arduas discusiones y de haber sido complacida en todas sus demandas, gracias a una llamada de la Casa Blanca.

El gobierno venezolano resistió esta nueva arremetida y activó una comunicación con un sector entonces minoritario de la oposición que había sido excluida del intercambio, con el que se acordó participar en las elecciones presidenciales adelantadas, que se celebraron en mayo de 2018 y en las que triunfó por segunda vez Nicolás Maduro.

En opinión de Madelein García, el plan del desconocimiento de estos comicios se debió a que Maduro no se midió con un candidato avalado por EEUU y los injustificados ataques que se hicieron sobre el Poder Electoral, fueron un pretexto para justificar la agenda posterior.

Tanto es así que no habían transcurrido dos meses de la victoria de Maduro cuando se perpetró un intento de magnicidio con drones en un acto oficial donde se encontraban todos los jefes de los poderes públicos y el cuerpo diplomático acreditado en el país, aseveró.

Este caso, destacó, ya está cerrado, porque el Estado venezolano logró esclarecer quiénes fueron los responsables y cómo hicieron poner en marcha una operación de estas características, que según las investigaciones, fue planificada en Colombia y participaron agentes que habían perpetrado un robo de armas del fuerte Paramaconi, ubicado al centro del país, que serían usadas en las guarimbas.

Del «Cucutazo» a la Operación Gedeón

La corresponsal insistió en que estos datos representan antecedentes inobviables de lo que habría de venir después: una sucesión de intentos de golpes de Estado y magnicidio orquestados desde Washington.

A su juicio, un aspecto a considerar en este ámbito es que en 2018 se abrió otro flanco de la guerra cognitiva, que desplazó prácticamente al resto de las matrices sobre Venezuela: los militares.

El objetivo, sostiene, era dividir la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y conseguir que un sector importante perpetrara un golpe de Estado, un asunto que nunca estuvo fuera de la agenda de la oposición local y tampoco, al menos hasta ese momento, de Washington.

En el interín, precisó, Juan Guaidó fue seleccionado el 5 de enero de 2019 como presidente de la Asamblea Nacional, pues a su partido, Voluntad Popular, le correspondía el ejercicio del liderazgo legislativo.

El discurso del desconocimiento al gobierno de Maduro estaba en marcha, pero Guaidó los desestimó en una reunión con altos personeros del chavismo –que negó en múltiples ocasiones– y aseguró que eso no estaba en la agenda, aunque, como se vio el 23 de enero de 2019, se aprovechó la relevancia de la fecha para representar una autoproclamación.

Citando fuentes cercanas al exparlamentario, García refirió que ese 23 de enero de 2019, el expresidente estadounidense Donald Trump llamó a Juan Guaidó y le ordenó autoproclamarse para poder recibir el respaldo de la Casa Blanca, algo que ignoraban muchos de los asistentes al improvisado acto que se celebró en una plaza del este caraqueño.

Para ella, aquí comenzó una nueva fase de la agresión a Venezuela, pues con una figura inventada y un gobierno de mentira –que impulsado por Trump fue respaldado inicialmente por 60 países–, se trató de impedir a toda costa el avance del país a partir de la imposición de duras sanciones.

Empero, en su criterio, el objetivo de Guaidó y sus personeros no era conseguir el poder político sino hacer negocios y apropiarse del dinero público, amén de continuar con la conspiración perpetua contra el gobierno de Venezuela.

Para argumentar esta tesis, señaló que no hay que perder de vista que el primer pretendido «acto de gobierno» del exparlamentario fue el intento de invasión desde Cúcuta el 23 de febrero de 2019, camuflado con un falso ingreso de ayuda humanitaria.

Un año y pocos meses después, el 3 de mayo de 2020, los venezolanos nos despertamos con la noticia de que unos 60 mercenarios habían intentado una invasión anfibia, que de haber tenido éxito, habría ocasionado que se activaran células dormidas que estos sectores tenían en distintas instancias del Estado y concretaran el magnicidio del presidente venezolano y asesinaran otros altos personeros.

Sin embargo, García enfatizó que la llamada Operación Gedeón comenzó el 23 de febrero de 2019, con la deserción de los militares venezolanos y con la quema de la ayuda humanitaria, que de acuerdo con los testimonios que le ofrecieran participantes de la acción fue plenamente planificada y luego usada para acusar al gobierno de Nicolás Maduro de impedir que se ayudara a los venezolanos.

Entre otras revelaciones exclusivas, comentó que el presidente Iván Duque se molestó grandemente por las promesas falsas de Guaidó y fue confrontado por el dirigente opositor venezolano Léster Toledo, al punto que tuvo que intervenir la guardia presidencial colombiana y el mandatario se marchó del lugar, no sin antes ordenarle a las fuerzas del orden de su país que se retiraran.

Según sus pesquisas, el fracaso de esta tentativa derivó en la fundación de numerosas ONG que fueron utilizadas para apropiarse de lo recolectado en el concierto Venezuela Aid Live, en el que sin saberlo, artistas del ‘mainstream’ se prestaron para un ‘fake news’, que fue utilizado para solicitar una intervención en Venezuela en el seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la agencia de la ONU para los refugiados (Acnur), se prestó para presentar a militares desertores como víctimas del gobierno venezolano.

De regreso al hilo que conecta el fallido «Cucutazo» con la Operación Gedeón, puntualizó que el 22 de febrero de 2019 se conocieron Clíver Alcalá y Jordan Groudeau, el mercenario que preside Silvercorp y que se encargó de entrenar a los paramilitares que participaron en la fallida incursión anfibia de mayo de 2020.

El fallo de la invasión de febrero de 2019 no dejó a los agentes de la oposición extremista en el reposo, pues la siguiente carta sobre la mesa fue el ataque al sistema eléctrico nacional en marzo de 2019, que se vio sucedido por un intento de golpe de Estado el 30 de abril de ese mismo año.

Para Madelein García, EEUU fue engañado, pues esta intentona solamente sirvió para que Leopoldo López burlara la prisión domiciliaria y el único militar de alta graduación que se sumó a la iniciativa fue Cristopher Figuera, exdirector del Sebin captado por EEUU y actual funcionario del Pentágono.

Como el golpe fracasó, las autoridades revisaron la casa de López y encontraron un documento en el que se hablaba de «una fuerza de tarea», es decir, exmilitares venezolanos que se encargaran de la operación sediciosa, para evitar que se señalara a Guaidó de solicitar una intervención extranjera y en el que se sentaban las bases del contrato que suscribiera Guaidó con Silvercorp.

Aunque claramente la Operación Gedeón es una sola, lo revelado por los implicados capturados, procesados y condenados en Venezuela, así como por Jordan Groudeau, Clíver Alcalá y Juan José «JJ» Rendón, permiten identificar dos momentos: el de Alcalá y el de Antonio Sequea. El primero se encargó de contactar a Groudeau; el segundo es una ficha de Leopoldo López, fue quien lo liberó y quien asumió el liderazgo de la operación tras la entrega de Alcalá a la DEA.

El 5 de febrero de 2020, Guaidó se reunió en la Casa Blanca con Trump, como ya había informado el actual presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. Fue en ese espacio que se produjeron las conversaciones que reveló el exsecretario de Defensa de EEUU, Mark Esper, en data reciente.

Tras ir a Washington, Guaidó se reunió con Duque y decidieron que había que sacar del medio a Clíver Alcalá con un decomiso de armas que serían usadas en la Operación Gedeón.

Pero, como destacara la corresponsal, el exmilitar no dudó en revelar el plan y asegurar en una emisora colombiana que el gobierno de Iván Duque estaba al tanto de este intento, si bien tras recibir una llamada desde Washington mientras estaba al aire, intentó vanamente retractarse.

Entretanto, Washington puso precio a la cabeza del presidente Nicolás Maduro –y a la de Clíver Alcalá–, activó la IV Flota y mandó hacia aguas venezolanas al barco Resolute, de bandera portuguesa, que al ser descubierto por una nave de la Armada Bolivariana, la hundió y huyó a Curazao.

En función de la evidencia recabada por Madelein García, Alcalá fue sacado del medio porque se filtraron unos audios en los que aseguraba que tras el magnicidio y la instalación de una junta de gobierno, detendrían a Juan Guaidó y el resto de la dirigencia opositora comprometida con el golpe para poder asumir directamente poder.

García subrayó que los organismos de inteligencia realizaron un seguimiento impecable que permitió trazar la trama entera de la operación sediciosa e impedir su éxito. En suma: los estaban esperando y contaron con la ayuda inestimable de la Milicia Nacional Bolivariana, formada por civiles venezolanos, que detectó el movimiento en las costas y garantizó que la FANB detuviera a los mercenarios que intentaron infiltrarse en poblados campesinos y playeros.

Enfatizó, asimismo, que lo expresado por el exsecretario de Defensa de EEUU, Mark Esper, confirma lo que ya habían denunciado en su momento las autoridades de Venezuela y que se muestra en su documental.

(LaIguana.TV)

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