El ministro de Hacienda de Argentina, Raúl Enrique Rigo, presentó este 2 de julio su dimisión al presidente Alberto Fernández sin brindar detalles sobre el motivo de su decisión.

«Me dirijo a usted, a los efectos de presentarle mi renuncia al cargo de Secretario de Hacienda de la Nación, en el cual me desempeño desde el 10 de diciembre de 2019 desde el inicio de su gestión. Sin otro particular, saludo a usted atentamente», rezaba el mensaje.

El anuncio de Rigo llegó poco después de que el ministro de Economía del país, Martín Guzmán, también expresara por Twitter ante el mandatario argentino su deseo de abandonar el cargo. Guzmán  agradeció «profundamente» al mandatario por confiar en él y en su equipo en «más de 30 meses de trabajo», los cuales aseguró que estuvieron marcados «por un escenario absolutamente singular».

Últimamente el funcionario fue criticado tanto por la oposición como por el propio kirchnerismo debido al aumento de la inflación y las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Por su parte, Fernández convocó a los miembros de su gabinete a una reunión de urgencia en la residencia presidencial de Olivos para abordar la renuncia y pensar en posibles sustitutos de Guzmán, cuya dimisión se produjo al mismo tiempo en que la vicepresidenta, Cristina Fernández, realizaba un acto en la localidad de Ensenada y criticaba las políticas de la actual Administración.

Según fuentes gubernamentales citadas por La Nación, en la reunión participarán el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello, el canciller Santiago Cafiero y la portavoz Gabriela Cerrutti. Asimismo, se prevé que Sergio Massa, el presidente de la Cámara de Diputados y uno de los candidatos para reemplazar a Guzmán, también llegue a Olivos para analizar la situación.

El Gobierno de Argentina no pasa por su mejor momento, aunque difícilmente se pueda mencionar uno. En marzo de 2020, a tres meses de asumir el mando, Alberto Fernández se topó nada menos que con una pandemia mundial, y aún antes de poder superarla debió hacer frente a la deuda récord que tomó su antecesor, Mauricio Macri, con el Fondo Monetario Internacional (FMI), por 44 millones de dólares.

Ahora, con el acuerdo de reestructuración de la deuda firmado y con casi el 90 % de la población vacunada contra el coronavirus, la Casa Rosada se ve atravesada por una disputa interna que se agudiza cada semana, y que le impide encauzar el rumbo económico con la fortaleza política necesaria para los desafíos que tiene por delante.

Una relación en crisis

Después de mantenerse en silencio por varios meses, la vicepresidenta Cristina Kirchner lanzó una primera crítica al Ejecutivo que ella misma integra cuando, en octubre de 2020, publicó una carta en la que dijo, sin más, que «hay funcionarios que no funcionan».

«Si algo tengo claro es que el sistema de decisión en el Poder Ejecutivo hace imposible que no sea el presidente el que tome las decisiones de gobierno. Es el que saca, pone o mantiene funcionarios. Es el que fija las políticas públicas», dijo, marcando una clara distancia sobre el rumbo asumido por Alberto Fernández.

Ese fue solo el comienzo, porque los cuestionamientos continuaron hasta hoy. El lunes 20 de junio, durante un acto por el Día de la Bandera, la exmandataria y mentora de la alianza Frente de Todos, con la que el presidente Fernández ganó las elecciones, puso en tela de juicio el manejo de los recursos destinados a la asistencia social, que en cierta forma son administrados por los líderes de las propias organizaciones barriales.

«El Estado nacional debe recuperar el control y la auditoría de las políticas sociales, que no pueden seguir tercerizadas. Eso no es peronismo, el peronismo es ‘laburo’, es trabajo. El peronismo no es depender de un dirigente barrial para que nos den el alta y la baja» en los distintos programas, señaló.

(RT)

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