En continuidad con el debate sobre temas energéticos en Venezuela, el periodista Clodovaldo Hernández tuvo como invitado en la edición más reciente de su programa Cara a Cara, producción exclusiva de LaIguana.TV, al doctor en Computación Emilio Hernández, quien ha orientado su ejercicio profesional hacia la elaboración de propuestas que permitan hacer un uso más productivo del petróleo y que en este momento apuntan hacia su transformación en energía eléctrica.

Hay que repensar lo de «sembrar el petróleo»

El experto indicó que en términos más generales, la frase «sembrar el petróleo», atribuida al político y economista venezolano Alberto Adriani, significa en términos muy generales, que el país debe «aprovechar» los ingresos derivados de la explotación petrolera –sea en crudo o en derivados– para fortalecer otras áreas de su economía.

«Él lo planteó incluso en términos más o menos directos: los ingresos petroleros no deben ser para beneficiar a una oligarquía en Venezuela, sino para desarrollar al país, lo cual tiene todo el sentido del mundo», detalló.

Empero, aunque han transcurrido casi 100 años desde que fuera presentada la idea e incluso «en ocasiones» se han avanzado «ciertas políticas petroleras» –como sucedió durante el gobierno del presidente Hugo Chávez– «para que los ingresos petroleros beneficien al país y a la gente menos favorecida económicamente», la estrategia no ha rendido los frutos prometidos, porque la mayor parte de esos dineros han ido a parar al extranjero.

«Se han hecho muchas denuncias de la cantidad de dinero que ha salido del país –dinero que entró por concepto petrolero– y que a través de vasos comunicantes de diversa índole, han llegado a manos de grandes comunicantes y no tan grandes, que han decidido hacer depósitos en el exterior y hacer inversiones en el exterior», relató.

Vista la ineficacia de esta apuesta, Emilio Hernández considera que llegó el tiempo de repensar el concepto de «sembrar el petróleo». «Más que sembrar el petróleo, yo diría que hay que usar el petróleo que extraemos directamente para el desarrollo. No venderlo sino usarlo para el desarrollo nacional. Y la manera más directa de hacerlo es convertirlo en energía, en energía eléctrica», especificó.

A ese respecto argumentó que el carácter de mercancía exportable que posee el petróleo, viene dado por su capacidad para ser transformado en energía –gasolina, diésel, lubricantes–, por lo que una salida para salir de la promesa «fantasiosa» de usar los ingresos petroleros para invertirlos en el país, puede ser diseñar una estrategia a largo plazo para reducir paulatinamente las exportaciones de crudo, «generar energía en el país y convocar a grandes inversionistas en diversas áreas para utilizar la energía» producida.

Venezuela y las Zonas Económicas Especiales

Al ser inquirido sobre si la convocatoria de «grandes inversionistas en diversas áreas» para usar la energía producida a través del petróleo estaba directamente relacionada con el modelo de Zonas Económicas Especiales (ZEE) aprobado recientemente en la Asamblea Nacional, el computista acotó que estas podrían ser «un mecanismo» entre otros disponibles.

«Una cosa que le preocupa a mucha gente –y a mí también–, es que sea una zona para ofrecer salarios bajos, como se hace en muchas partes del mundo, para atraer inversiones. (…). Lo otro, aparte de la mano de obra, es que haya excepciones de impuesto. Ese es otro tipo de alicientes que se usan en las ZEE en todas partes del mundo», advirtió.

Sobre este último aspecto destacó que «el que gana más dinero, debería pagar más impuestos», pues «ese es el principio básico de redistribución de riquezas en un sistema económico liberal, que es el que tenemos en este momento». En la práctica, esto significa que el Impuesto Sobre la Renta, al que calificó como «el rey» de los tributos, debe usarse para favorecer «la redistribución de los ingresos» y no al revés.

«Mucha gente puede ofrecer sueldos baratos o puede ofrecer exoneraciones de impuestos, pero no todo el mundo puede ofrecer electricidad a precios económicos», añadió.

Termoeléctricas y «secuestro del CO2»

A contrapelo de la descarbonización y el abandono de los combustibles fósiles, ideas dominantes en el debate mundial sobre asuntos energéticos, Emilio Hernández propone que Venezuela use su condición de país con grandes reservas de petróleo y gas natural para construir plantas termoeléctricas y destine recursos para estudiar –y eventualmente, encontrar– maneras de reducir las emisiones de CO2, que sin ser el contaminante más dañino, sí es el más peligroso para el ambiente, en virtud de la cantidad que sale a la atmósfera.

«El CO2 hay que evitar que salga a la atmósfera –lo que llaman ‘secuestrarlo’– y procesarlo. Existen muchas investigaciones que ya están avanzando en esa dirección. ¿Quiénes han financiado este tipo de cosas? Las mismas petroleras de otras partes y las industrias automotrices, una que otra tiene proyectos de investigación en este sentido», refirió.

Destacó, asimismo, que estas investigaciones también servirían para cubrir las espaldas del país a nivel internacional, pues hipócritamente podría ser señalado por los responsables de la crisis climática de «contaminar el planeta».

«Tenemos que dar esa respuesta también desde el punto de vista de investigación, de secuestro de CO2» y que se engrane con el plan de desarrollo nacional basado en la transformación del crudo en fuentes de energía, insistió.

A su parecer, Venezuela dispone de una tecnología –la orimulsión– que le permite trasladar crudo pesado y extrapesado, los más abundantes en el país, a través de oleoductos y además dispone de otra que sirve para «para quemar orimulsión directamente», que podría usarse en las termoeléctricas sin necesidad de cancelar regalías a otro país o a una trasnacional.

Con respecto a la instalación de termoeléctricas de gas natural, propone el «desarrollo de polígonos industriales asociados con el gas, quizá en la zona de Falcón y Zulia, que es donde están las más grandes reservas».

El especialista subrayó que tanto las termoeléctricas de gas como las de orimulsión habrá emisiones de CO2, por lo que además de destinar recursos para paliar estos efectos, Venezuela no debe abandonar el uso de otras fuentes de energía, particularmente la hidroeléctrica, debido a que hasta ahora es la única modalidad explotable a gran escala que produce unos rendimientos comparables a los de los combustibles fósiles.

Inversión pública versus inversión extranjera

Aunque Emilio Hernández opina que «idealmente» estos proyectos de establecimiento de parques industriales cercanos a las zonas de explotación de petróleo y gas natural deberían financiarse con dinero público, reconoce que las medidas coercitivas unilaterales impuestas sobre Venezuela, impiden que el país cuente con los recursos necesarios para acometer inversiones onerosas como las que requiere este plan.

De esta manera, argumenta que si se quiere avanzar en esta dirección «en el plazo más corto», se necesitará «inversión extranjera, preferiblemente no supeditada a los intereses geopolíticos de Occidente», visto que los Estados y compañías alineados con este bloque geopolítico han perjudicado grandemente los intereses de la nación.

Empero, aunque la intervención de capitales foráneos luce como una necesidad para echar a andar esta iniciativa, el especialista advierte que el país debe imponer ciertas condiciones particularmente en lo relativo al consumo de la mercancía nacional, sin menoscabo de rubros como los alimentos o los servicios esenciales, porque es la única manera de que se produzca «el efecto multiplicador aguas adentro».

Como posibles socios comerciales puso sobre el tapete a China, Türkiye e Irán, pues todas tienen experiencia en la construcción y operación de termoeléctricas, puesto que no se trata de una tecnología de punta como la inteligencia artificial o la nanotecnología, sino que es conocida hace décadas.

«¿Por qué hacen falta capitales? Porque hace falta comprar grandes turbinas o hacerlas. Para hacerlas, hace falta poner la fábrica. Es decir, hacen falta capitales. Idealmente, capitales públicos, pero Venezuela no tiene en estos momentos esa posibilidad», enfatizó.

Termoeléctricas y minado de criptomonedas

Aunque el experto estima que las criptomonedas «son una apuesta riesgosa» y ningún Estado debería depender de ellas debido a su inestabilidad y a su carácter especulativo, también cree que «el fenómeno del minado de criptomonedas basado en energía eléctrica puede ser una especie de ‘plan B’ para una capacidad instalada, que de pronto tiene una depresión por razones económicas».

En términos más sencillos, esto implica que si cualquier industria se paralizara, el Estado podría invertir rápidamente en criptoactivos para aprovechar esa infraestructura ociosa, porque simplemente se trata de «comprar los equipos y ponerlos a trabajar», aunque advierte que solo en este caso le parecería una alternativa razonable.

«Sí hay gente que considera que puede dar ganancias, pero desde mi punto de vista, es una ganancia especulativa, ganancia no real; produce dinero y no produce bienes. Yo prefiero desarrollo de industrias que produzcan bienes (…). Si tú produces bienes, eso hay que repartirlo a la fuerza. En cambio, todo lo que produzca dinero va a encontrar los vasos comunicantes para huir del país o para el beneficio de pocos», adujo.

Si hay superávit eléctrico, se solucionarán buena parte de los problemas

Para el ingeniero Hernández, si Venezuela se transforma en una potencia energética, capaz de ofrecer servicios eléctricos a gran escala y de exportar energía hacia otros países como lo hizo en el pasado, «buena parte de los problemas eléctricos podrían resolverse».

«Digo ‘buena parte’ porque la electricidad no es solo generación, también es distribución. [y ahora hace falta una infraestructura de distribución», acotó.

Los efectos, explicó, no se limitan al servicio doméstico de electricidad, sino que afectan la distribución de agua en zonas altas –incluyendo la ciudad capital, Caracas–, pues más de la mitad de su costo se explica por la necesidad de bombearla eléctricamente desde cotas más bajas.

«Creo que convertirnos en una potencia eléctrica, que ofrece servicios eléctricos a precios competitivos en el país para atraer inversiones de cualquier tipo (…), tendría un impacto positivo en la oferta de servicio eléctrico de todo el país. Tendríamos superávit de producción y, por supuesto, a través de las inversiones adecuadas, tendríamos que mejorar también la distribución eléctrica», enfatizó.

Adicionalmente, en su criterio se impone cambiar los métodos de cableado empleados –aéreos–, en favor de los ductos bajo tierra. «Tener esas marañas de cables no solamente afean el paisaje, sino que también son propensos a fallas eléctricas (…). Ese tipo de inversiones hay que hacerlas para mejorar la calidad de vida de la gente», indicó.

¿Cómo y cuándo se verían los frutos de las termoeléctricas?

Para concluir, Emilio Hernández aseguró que una vez iniciadas las labores para instalar las termoeléctricas con orimulsión y gas en el país, los beneficios se empezarían a sentir «desde el primer día», porque una inversión de esa clase trae un «efecto multiplicador en los servicios nacionales», pero para ello es necesario «convencer a inversionistas del área eléctrica y de otras áreas que se van a beneficiar», en particular de aquellas en las que «un alto porcentaje de sus costos» pueda atribuírsele directamente a la electricidad.

Para ilustrar, refirió los casos de las industrias siderúrgica y del aluminio, cuyo desarrollo estuvo aparejado de la promoción y puesta en marcha de las hidroeléctricas, considerada una «energía barata».

«Ese fue como un gran plan –no sé si nos lo pusieron o nos lo pusimos nosotros–, pero eso era parte y hoy en día estamos usando esa electricidad para todo el país» y para duplicar o triplicar la oferta eléctrica actual, haría falta cuando menos una década de trabajo e inversiones sostenidas, concluyó.

(LaIguana.TV)

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