Hace algún tiempo el término se puso de moda, me parece que en boca del presidente Nicolás Maduro: burguesía parasitaria. 

Corrían los peores años de la guerra económica y esa subclase social (y moral) era protagonista de las acciones desestabilizadoras, a través de la nefasta fórmula del desabastecimiento-acaparamiento-escasez-aumento de precios-especulación-hiperinflación. 

En esos días, los operadores políticos de la burguesía parasitaria estaban especialmente de capa caída, pues ni siquiera con la muerte del líder Hugo Chávez Frías habían ellos logrado (¡vaya una parranda de ineptos!) llegar al poder. Entonces los “empresarios” se encargaron directamente de alborotar el cotarro haciendo algo que saben hacer muy bien: causarle sufrimiento al colectivo. 

En fin, ese tiempo pasó, según parece, o tal vez sea que el término burguesía parasitaria dejó de usarse por motivos tácticos. Lo cierto es que este estrato socioeconómico ya no acapara ni provoca desabastecimiento y escasez, pero sigue especulando e inflando precios de lo lindo. Como en el cuento de la rana y el escorpión, digamos que esa es su naturaleza. 

Y es este el punto adonde quería llegar (me disculpo por el largo preámbulo): uno se pone a revisar aquí y allá las acciones que se han cometido y se están cometiendo en contra de los intereses nacionales, dentro y fuera del país, y se encuentra, además del imperialismo ladrón, dos factores comunes: la burguesía parasitaria (por más que ya no la llamen así) y sus operadores políticos. 

Pongamos como ejemplo el oro robado en Londres. Se sabe que la operación de desfalco se hace posible por la farsa montada por Estados Unidos sobre un supuesto gobierno interino, la cual fue respaldada por todos los países satélites europeos y por los lacayos latinoamericanos. Pero si se revisa un poco el modus operandi y la red de complicidades resulta claro que allí está la burguesía parasitaria venezolana tratando de hacer lo que viene haciendo desde los primeros tiempos de la República: enriquecerse sin trabajar a costillas del Estado, del dinero público. 

El portal de periodismo de investigación La Tabla ha sido muy preciso en mostrar las estructuras financieras montadas para que el oro de Venezuela termine drenando hacia grupos que, no por casualidad, pertenecen a “nobles y estimadas familias venezolanas”, como solían escribir los cronistas sociales en las páginas que todo periódico que se respetase tenía que dedicar a la high society. 

Este caso parece un ejemplo de manual o, para usar un símil más actual, de tutorial de Youtube. Resulta que uno de los implicados es nada menos que un Amo del Valle. 

Se trata de Julio Herrera-Velutini Kolster, conocido en el jet set caraqueño como “Julito” Velutini, un heredero de bancos de rancia alcurnia como el Banco Caracas y el mismísimo Banco de Venezuela. 

Bueno, como todas las familias de banqueros del país, la de este señor sobrevivió a la crisis bancaria de los años 90 y salió de ella más rica todavía, gracias a los generosos auxilios de Papa Estado. Y sucede que a principios de los 2000, “el Julito” ya tenía dos nuevos juguetes para darse vida de celebridad: Banco Real y Helm Bank, que en 2009 naufragaron en una reedición del anterior colapso. Esta vez, Herrera-Velutini Kolster huyó de Venezuela, igual que tantos otros banqueros-parásitos. Interpol le había puesto ficha roja, pero él se declaró perseguido político de la dictadura y se quejó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. ¿Les suena? 

Los que hacen los rankings de los ricachones del planeta dicen que “el Julito” es uno de los venezolanos más adinerados, con una fortuna que sobrepasa los 1,2 billones de dólares. 

Pues bien, este es uno de los personajes que “andan como caimán en boca de caño”, esperando que el Estado filibustero británico termine de robarse las 31 toneladas de oro del pueblo venezolano para buscar la manera de meter la mano y obtener su parte del botín. 

La Tabla explica que, para asegurarse su participación en el reparto, el banco de Herrera-Velutini Kolster en Inglaterra, llamado Britannia, ha sido muy generoso en sus contribuciones al Partido Conservador, del caricaturesco primer ministro renunciante Boris Johnson. “Fueron seis pagos desde diciembre de 2019 hasta noviembre de 2021 por una suma de 485 mil libras esterlinas”, según el portal. Dando y dando, se le llama a eso por acá… quién sabe cómo se dirá en inglés británico.  

Otros representantes de la burguesía rapaz que andan detrás del “tumbe del oro” están ligados por historia laboral al Banco Mercantil. Estos forman parte de la llamada “directiva ad hoc del BCV”, designada por el autoproclamado. Por ejemplo, aparece el nombre de Manuel Rodríguez Armesta, exgerente de Riesgo del Mercantil por más de quince años, un cargo que le permitía reportar directamente a la presidencia. 

En la red que “trabaja” (comillas de pura ironía) para apropiarse del oro venezolano están los otros directivos de la junta usurpadora y personajes que han montado en Reino Unido una estructura financiera para materializar el desfalco. 

Entre esas personas aparecen Juan Pablo Livinalli, socio de Fivendes, una empresa creada en 2019 junto a Juan Víctor Salcedo Márquez, un primo de Guaidó que dio el gran salto al pasar de ser guía turístico en el Fenway Park, estadio de los Medias Rojas de Boston, a banquero en Londres. También figura Germán Rivero Zerpa. 

Livinalli es un abogado también vinculado al Mercantil y al Banco Occidental de Descuento, mientras Rivero Zerpa fue vicepresidente de las empresas financieras de los herederos de David Brillembourg (el dueño de la malhadada Torre de David). 

Estos nombres aparecen en más de una decena de empresas financieras cuyo fin ulterior no puede ser otro que reciclar el dinero sustraído a la República Bolivariana de Venezuela. 

Estructuras similares, que aúnan a la burguesía parasitaria con los operadores políticos amparados por el “interinato”, funcionan respecto a Citgo, Monómeros y todas las demás empresas y activos que han sido robados a Venezuela. 

Cómo me gustaría tener hoy en este plano a mi amigo “el Excomunista”, quien de seguro hubiese dicho que, como todo en las luchas políticas, este es una expresión de la lucha de clases: el enfrentamiento del proletariado, el campesinado y los demás excluidos con la burguesía y sus aliados pequeñoburgueses. “Todo lo demás es decorado”, decía mi casi-padre. 

Reflexión mediática

La semana que concluye fue muy simbólica en el plano del periodismo. Luego de varios días de “denuncias” acerca de la intención de la Asamblea Nacional de reformar la Ley de Ejercicio vigente, el presidente de la Comisión de Medios de Comunicación del Parlamento, Juan Carlos Alemán, dio una rueda de prensa para explicar que tal iniciativa no se acometerá este año.  

Los periodistas opositores, autores de la “denuncia” lo celebraron como una gran victoria. “Derrotamos el intento de destruir nuestro gremio”, dijeron. 

Es incluso bastante cómico el asunto porque todo parece haber sido una “olla”, como se decía otrora, o una fake news, como se dice ahora con mucho más estilacho. 

En todo caso, no quedó claro qué contenía el anteproyecto abortado, si es que hubo alguno y, en consecuencia, tampoco se puede entender a cabalidad por qué quienes se arrogan la vocería del gremio (son directivos vitalicios, al estilo de la rectora de la UCV) estaban en contra de que tan siquiera se abriera el debate. 

Todo parece indicar que estos voceros de una parte del gremio periodístico se oponen a cualquier cambio en el statu quo establecido por la actual ley, aunque la realidad indica que ella está parcialmente derogada desde hace tiempo. Por ejemplo, hasta finales del siglo pasado, solo podían ejercer el periodismo los licenciados en Comunicación Social egresados de universidades reconocidas por el Colegio Nacional de Periodistas. Pero la revolución (no la Bolivariana, sino la digital) ha permitido que las actividades antes reservadas a los graduados universitarios puedan ser desarrolladas incluso por analfabetas funcionales. Si alguien se propusiera hoy en día sancionar a los no licenciados en Comunicación Social que ejercen el periodismo, haría falta un ejército de abogados, fiscales, policías y jueces para meterlos en cintura. 

Ahora bien, hay que decirles a quienes llegaron recientemente a esta profesión que los grandes enemigos de la colegiación obligatoria fueron, desde los tiempos de la Asociación Venezolana de Periodistas y hasta no hace mucho, los dueños de los grandes medios de comunicación, así como sus clubes internacionales, en particular la patética Sociedad Interamericana de Prensa. 

Este es otro detalle gracioso porque a partir de la llegada al poder del comandante Hugo Chávez, los dirigentes gremiales forjaron una alianza contra natura con el Bloque Venezolano de Prensa y con la SIP, al punto de que hubo un secretario general del CNP que incluso firmó (en un acto, según él, solemne) la Declaración de Chapultepec, de la SIP, algo así como una bomba atómica continental para destruir colegios de periodistas.  

Entonces, ahora aparecen los enemigos históricos de la colegiación rasgándose las vestiduras contra una reforma que nadie sabe lo que dice, pero que se supone que debe ser adversada porque es contraria al CNP. 

Y, para complementar una semana para sentarse a reflexionar (y a llorar, si uno es llorón y en esta profesión abundan), sale una licenciada en Comunicación Social con carnet del CNP y todo a preguntarse públicamente por qué Estados Unidos mata con tanta facilidad a sus enemigos en otros países y no se anima a hacer lo propio con el presidente Maduro. Lo dice y el mismo Colegio que se acaba de batir a duelo porque su Ley de Ejercicio es inmodificable, no cuestiona a su agremiada y, por el contrario, se prepara para su defensa. Así estamos.  

(Clodovaldo Hernández /LaIguana.TV) 

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