El sabotaje a los gasoductos Nord Stream parece haber marcado el inicio de una nueva fase en la guerra subsidiaria entre Rusia y la OTAN que se libra en Ucrania, no solo por la agudización de los ataques en el terreno sino porque abre la posibilidad de que el conflicto se extienda a otras regiones.

Asimismo, supuso la incorporación abierta de la categoría «terrorismo» en la narrativa de las partes implicadas en la contienda, un paso que no solo implica un cambio en la terminología sino que apunta hacia la justificación de respuestas «duras» en el terreno.

Sobre estas preocupantes incidencias disertó el filósofo y comunicador Miguel Ángel Pérez Pirela en la edición 470 de su programa Desde Donde Sea, producción exclusiva de LaIguana.TV que se transmite cada jueves a las 7:00 pm (hora de Venezuela) a través de las plataformas virtuales de la televisora.

Recorrido geopolítico

Antes de entrar en las implicaciones de este evento y otros que le han sucedido, Pérez Pirela repasó algunos de los acontecimientos que han signado el acontecer geopolítico durante la semana.

Así, refirió que, en Europa, las protestas ciudadanas por el alza en el precio de los combustibles se agudizan conforme avanza el otoño. En particular indicó que un informe de la cadena alemana DW fechado el pasado sábado refiere que miles de ciudadanos colmaron las calles de Berlín en una protesta contra la guerra y la dieta energética.

Siempre siguiendo esta versión, puntualizó que el partido ultraderechista Alternativa para Alemania fue el organizador de las manifestaciones, las más grandes en varios años, pues incluso superaron las convocadas contra las restricciones sanitarias.

Mirando hacia Francia comentó que la escasez de gasolina no solo ha derivado en largas colas de vehículos, sino en verdaderas batallas campales entre ciudadanos para hacerse de unos pocos litros de combustible.

Sobre esto recordó que cuando situaciones similares acontecieron en Venezuela a consecuencia de las medidas coercitivas unilaterales, medios franceses y de Europa en general hicieron reseñas abundantes y amarillistas, en las que inevitablemente el gobierno venezolano figuró como único responsable.

De regreso a Francia apuntó que el origen del desabastecimiento es una persistente huelga de trabajadores en las refinerías del país galo manejadas por ExxonMobile y Total, quienes exigen un incremento salarial acorde a la inflación.

En esa línea precisó que por su lado, el gobierno de Emmanuel Macron no solo ha desoído las demandas sindicales, sino que usó la fuerza para reabrir dos de las refinerías paralizadas y amenazó con extender la medida al resto, si los obreros no ponen fin a la huelga.

De momento, la presión de El Eliseo no ha surtido el efecto deseado y, antes bien, ha conseguido que trabajadores de cinco centrales nucleares se sumen al paro, en solidaridad con sus colegas de la petroquímica.

«Estamos apenas en otoño y miren lo que está pasando: gente golpeándose en las calles y no ha llegado el general invierno. Este es un hecho que no debemos soslayar porque en este terreno también se está jugando la guerra proxy en Ucrania», agregó.

Siguiendo en Europa informó que el malestar social también alcanzó Escocia, pues una combinación entre las políticas de austeridad anunciadas por la premier Liz Truss, el reciente deceso de la monarca Isabel II y los efectos indeseables del Brexit le dio renovados aires al discurso independentista.

Más precisamente, la primera ministra Nicola Sturgeon anunció su interés en organizar un referéndum para escindirse del Reino Unido en 2023, aunque la iniciativa deberá pasar el filtro del Tribunal Supremo del Reino Unido, sintetizó el especialista.

Sturgeon, lideresa del Partido Nacional de Escocia, sostuvo en una reunión con su tolda que al margen de quienes ocupen Downey Street y el trono, las políticas de Londres no reflejan los anhelos de la población escocesa.

En su opinión, es previsible que el gobierno británico use todos los recursos jurídicos disponibles para impedir esta tentativa secesionista. De momento, su principal baza es que en 2014 se organizó un referéndum en el que poco más de la mitad de los participantes votó a favor de permanecer en el Reino Unido.

En nuestra región, el presidente peruano Pedro Castillo está nuevamente inmerso en una crisis política que podría derivar en su destitución. «No ha podido gobernar un solo día», destacó el comunicador.

En esta ocasión, explicó, la Fiscalía General de la Nación interpuso una denuncia constitucional en su contra por presuntamente liderar una organización delictiva cuya finalidad sería incidir en los contratos otorgados por el Estado a particulares, acusaciones que Castillo niega fehacientemente.

El presidente de Perú, Pedro Castillo, aseguró este martes que «se ha iniciado la ejecución de una nueva modalidad de golpe de Estado en el Perú», luego de que la Fiscalía presentara una denuncia constitucional en su contra en el Congreso y ordenara allanamientos en las residencias de varios parlamentarios y de su propia hermana, detalló.

A continuación, se permitió citar lo que dijera Castillo en una comparecencia ante medios internacionales: «Hoy, en horas de la mañana, se ha iniciado la ejecución de una modalidad de golpe de Estado en el Perú».

Sobre la figura de la «denuncia constitucional» indicó que es un recurso que despoja al mandatario de su inmunidad y allana el camino para su eventual imputación en los tribunales comunes. De acuerdo con las leyes peruanas, el Congreso –altamente fragmentado y de mayoría opositora a Castillo– será el responsable de adelantar la investigación y de decidir su destino en una votación que solo requiere la mayoría simple para salir adelante.

«No cabe la menor duda que estamos frente a un golpe de Estado, en una modalidad blanda, pero golpe de Estado al fin y al cabo», aseveró.

Seguidamente, el analista ofreció algunos comentarios sobre la situación en Haití, país que está al borde del colapso institucional, puesto que, desde hace semanas, la población está en las calles para exigir la renuncia del primer ministro, Ariel Henry, quien sucedió al asesinado presidente Jovenel Moïse con el respaldo de Estados Unidos.

En ese orden abundó que, a fines de la semana previa, Henry firmó un decreto en el que se solicita la intervención de tropas extranjeras para controlar el país, sumido en el hambre y un caos social sin precedente conocido.

Relató, asimismo, que las autoridades denuncian que los manifestantes, bajo el amparo de grupos armados, han cortado líneas de suministro hacia instalaciones esenciales como hospitales, argumento que ha servido de excusa para reprimir con munición real a quienes protestan.

De momento, ningún país se ha comprometido a enviar tropas, pero el Departamento de Estado de los Estados Unidos informó que evalúa la petición del premier haitiano y el secretario general de la ONU, António Guterres, presentó un documento con alternativas para «mejorar el apoyo» en materia de seguridad en el país antillano, lo que hace vislumbrar que está en puertas otra ‘intervención humanitaria'», advirtió el experto.

«No cabe duda que Estados Unidos seguirá con sus manos metidas en Haití. Allí estaban los Clinton con sus lobbies», agregó.

Cambiando hacia otro tema, pero aún en América Latina comentó que la región padece los efectos del cambio climático. En las últimas semanas, ciclones tropicales han dejado a su paso devastación y muerte en toda la costa caribeña.

Sobre estos eventos se permitió detallar que en Venezuela, una onda tropical de intensidad inusual para los estándares locales ocasionó múltiples aludes e inundaciones, resultando particularmente afectada la población de Las Tejerías, en el centro-norte del país.

De acuerdo con el reporte de las autoridades, al menos 43 personas perdieron la vida, 56 más continúan desaparecidas y casi un millar de familias quedaron damnificadas, lo que obligó al gobierno del presidente Nicolás Maduro a implementar acciones urgentes para atender las múltiples necesidades de los afectados, dijo.

Pérez Pirela enfatizó que LaIguana.TV se encuentra en el terreno, recogiendo testimonios y apoyando a los pobladores, afectados por una tragedia humana de grandes proporciones y cuestionó el tratamiento de este drama humano por parte de algunos «zamuros de la información», que han pretendido hacer politiquería con la catástrofe.

La guerra en Ucrania entra en una nueva fase

Entrando en materia sobre el tema central de la emisión apuntó que el reciente sabotaje a los gasoductos Nord Stream inauguró una nueva fase en la guerra proxy entre la OTAN y Rusia que se disputa en el territorio de Ucrania, no solo en términos de acciones militares sino retóricos.

De entre los sucesos de los últimos días, para el especialista destaca el ataque con explosivos perpetrado la madrugada del pasado 8 de octubre (hora local) contra el puente de Kerch, que conecta el territorio de la Federación Rusa con la península de Crimea.

«Solo este acto terrorista puede fungir como causa bélica», alertó.

De vuelta al incidente relató que el incendio en el puente de Crimea fue causado por la explosión de un vehículo de carga, informó el Comité Antiterrorista Nacional de Rusia.

Cuatro personas, todos civiles, murieron como resultado de la explosión, incluyendo al juez del Tribunal de Arbitraje de Moscú, Serguéi Vladímirovich Máslov, cuyo automóvil transitó por el epicentro del estallido, según comunicaron desde el Comité de Investigación de Rusia, precisó.

Aunque oficialmente el gobierno de Volodímir Zelenski no se ha atribuido el atentado, el asesor del jefe de la oficina presidencial ucraniana, Mijaíl Podoliak, sí lo hizo en su cuenta de Twitter y nadie en Kiev se apresuró a desmentirlo. Más todavía: después de varios días, el trino continúa en línea.

El analista refirió que el presidente ruso, Vladímir Putin, tachó la acción de «acto terrorista» y responsabilizó al Servicio de Inteligencia de Ucrania (FSU) de estar detrás del ataque al puente, considerado una vía estratégica para el abastecimiento de la línea sur del frente de batalla y para la propia Crimea y achacó a esa organización la autoría de los bombardeos en las plantas nucleares de Zaporizhia y Kursk, esta última fuera del área de conflicto.

Como era de suponer, la respuesta rusa no se hizo esperar: la mañana del lunes (hora local), una lluvia de misiles de alta precisión cayó sobre distintos puntos de Ucrania, incluyendo zonas como Sumy o Kiev, a las que Moscú no bombardeaba hace meses o Leópolis, ubicada al occidente del país.

El objetivo de estas acciones, según explicó el mandatario ruso, fue inhabilitar instalaciones estratégicas, incluyendo centrales eléctricas, infraestructura de comunicaciones y depósitos de armas. También advirtió que si continuaban los ataques al territorio ruso, la respuesta sería «contundente», aunque siempre proporcionales al nivel de la amenaza, sintetizó el analista.

Según los servicios de emergencia de Ucrania, a consecuencia de estas acciones perdieron la vida al menos 11 personas y otras 100 habrían resultado heridas, pero no hay manera de corroborar fehacientemente las cifras.

«Evidentemente, Rusia bombardea Ucrania como respuesta al puente y deja solo 11 víctimas. Cada víctima cuenta y no le estoy restando importancia, pero es claro que, tras estos bombardeos masivos, la idea no era asesinar a nadie, ni siquiera militares», observó.

Abordando otra arista comentó que con mucha menos alharaca de la que hace gala Ucrania, el Kremlin también realizó cambios relevantes en los mandos militares. Así, indicó, aunque el titular de Defensa, Serguéi Shoigú, permanecerá en su cargo, Putin designó a Serguéi Surovikin, veterano en las guerras de Afganistán, Chechenia, Tayikistán y Siria como «comandante del Grupo Conjunto de Tropas en el área de la operación militar especial».

El filósofo refirió que a Surovkin se le atribuye el haber liderado las acciones que permitieron el desalojo de civiles y la recuperación militar de la ciudad de Alepo en Siria, en la que el Estado Islámico y otros grupos antigubernamentales financiados por Occidente habían establecido una de sus bases.

De regreso a los recientes pronunciamientos del mandatario ruso, estimó pertinente señalar señalar que para Moscú, los ataques perpetrados por Ucrania en sus instalaciones estratégicas no constituyen solo acciones de guerra sino «atentados terroristas».

A su juicio, esta catalogación es importante, porque de acuerdo con el Derecho Internacional, el terrorismo no es una forma de combate aceptable, ni siquiera en el marco de un conflicto bélico. Por ello, siguiendo esta línea argumental, la calificación de acciones como «terroristas justificaría que el Estado agraviado implementara todas las medidas necesarias para hacer frente a estos grupos que aparentemente operan al margen de cualquier gobierno, aun cuando estas puedan considerarse extremas.

De ahí que, en su criterio, la insistencia en este asunto en boca del propio Vladímir Putin no deba ser tomada a la ligera, sino como el anuncio de nuevas y más contundentes acciones en el frente y más allá, porque en el paroxismo, tales situaciones se interpretarían –o se presentarían– como una amenaza existencial contra Rusia.

A modo de ilustración compartió lo que expresara este miércoles en la Semana Energética de Rusia, a propósito de los sabotajes contra los gasoductos Nord Stream en aguas del Báltico fuertemente custodiadas por la OTAN y que sintetiza muy bien esta nueva postura de Rusia.

«Se comienza a complejizar todo. De ‘operación especial’ se pasa a la semántica de la guerra proxy y ahora se habla de ‘actos terroristas’, lo que sugiere otra dinámica en el conflicto», interpretó.

Pérez Pirela apuntó que el discurso de la amenaza terrorista no solo es invocado por el gobierno ruso. La OTAN, el otro contendor de la guerra en Ucrania, también echó mano de este recurso para justificar movilización de tropas hacia puntos estratégicos.

En concreto, el pasado martes, el secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg, usó el sabotaje contra los gasoductos Nord Stream para anunciar un reforzamiento militar en el Báltico y el mar del Norte, así como para el resguardo de todas las instalaciones estratégicas de la Unión Europea, relató.

Con base en estas expresiones puntualizó que Stoltenberg evitó achacar directamente las culpas del incidente a cualquier actor, pero su exposición dejó bastante claro que el bloque militar pretende responsabilizar a Moscú una vez concluyan las investigaciones, de las que fue excluido deliberadamente a Rusia, a pesar de que fue el país agredido.

¿Se extenderá el conflicto más allá de Ucrania?

Para el experto tampoco puede obviarse que además de emerger el «terrorismo» como categoría discursiva y como paraguas para amparar eventuales acciones bélicas de gran calado, en los últimos días también se advirtieron cambios en el nivel de responsabilidad en el frente que desde Rusia se le atribuye al así llamado «Occidente colectivo».

Por tal motivo, aunque antes del inicio de las hostilidades el Kremlin acusó a la OTAN de apoyar militarmente a Ucrania y luego ha criticado ampliamente los envíos masivos de armas, en las últimas jornadas se ha señalado sin matices la implicación del gobierno estadounidense en la guerra.

Concretamente, el portavoz de la presidencia rusa, Dmitri Peskov, aseveró este martes que Estados Unidos está involucrado de lleno en la guerra que se libra en Ucrania.

Según Peskov, «de facto, Estados Unidos ya está bien metido en el conflicto. En ruso se dice que se le ven las orejas y se lo ve a simple vista, por ello, de facto Estados Unidos ya está atascado en este conflicto».

El vocero ruso apuntó que con los envíos masivos de armas a Kiev, Washington hace esfuerzos por prolongar el conflicto sin que ello se traduzca en un cambio de posición de Rusia, que no está dispuesta a abandonar los objetivos de su «operación militar especial» y descartó que en la Casa Blanca estén prestando atención a quienes hoy demandan el inicio de conversaciones de paz, como es el caso del general Michael Mullen, expresidente de los Jefes del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, comentó el analista.

Al ser consultado sobre este tema, el portavoz ruso expresó: «No sabemos hasta qué punto la actual administración y los actuales jefes militares estadounidenses escuchan a sus antiguos colegas. No lo sabemos. Hasta ahora hemos escuchado declaraciones oficiales de la actual administración y de los actuales militares sobre su intención de seguir suministrando armas y de prolongar realmente este conflicto, haciéndolo lo más doloroso posible para la parte ucraniana. Hasta ahora vemos esta intención de facto».

Recordando lo que pocas jornadas atrás advirtiera el sociólogo Ramón Grosfoguel en conversación exclusiva con LaIguana.TV destacó que las decisiones del gobierno estadounidense sobre este y otros temas cruciales parecen estar fuertemente influenciadas por las elecciones de mitad de período, previstas para el venidero mes de noviembre.

A su juicio, solo así se entienden a cabalidad los exhortos a la paz en Ucrania pronunciados por el expresidente Donald Trump y otros voceros del Partido Republicano y por qué Rusia los ha catalogado como actos hipócritas.

En cualquier caso, los dichos de Peskov fueron refrendados por el canciller ruso, Serguéi Lavrov, quien afirmó que «los anglosajones» –es decir, Estados Unidos y el Reino Unido– son los verdaderos comandantes de las acciones militares de Ucrania.

Pérez Pirela estima que las declaraciones del secretario general de la OTAN pronunciadas este 11 de octubre antes de la reunión de ministros de Defensa del bloque, parecen conceder la razón al gobierno ruso, en tanto Stoltenberg manifestó en una rueda de prensa que la Alianza Atlántica –claramente liderada por Estados Unidos– respaldará a Ucrania con fondos, armas y asesores todo el tiempo que sea necesario, porque para el bloque militar, el presidente Vladímir Putin no puede ganar la guerra en Ucrania.

De su parte, el gobierno estadounidense reiteró que continuará enviando «ayuda» militar a Ucrania, tanto en la contingencia como en el largo plazo, según anunciara el secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, en el marco de una reunión con los ministros de Defensa de los los 50 países que conforman el grupo de contacto para la defensa de Ucrania.

«Más se extiende la guerra en Ucrania, más gas licuado le compra Europa y más aumenta la dependencia económica. El conflicto está al otro lado del Atlántico y no los toca, como ya pasó en la II Guerra Mundial», apreció.

De regreso a lo expresado por Austin, puntualizó que el grupo que lidera Estados Unidos seguirá «impulsando las capacidades defensivas de Ucrania para las necesidades urgentes de hoy y a largo plazo».

No obstante, el especialista comentó que ciertos ‘think tank’ estadounidenses advierten que estas generosas ofertas podrían verse truncadas en la realidad, porque muchas naciones que dicen apoyar a Ucrania apenas superan las reservas mínimas necesarias para su defensa.

Y aunque es verdad que Estados Unidos dispone de provisiones claramente mayores, su capacidad de reposición es limitada y podría ser incluso menor que la demanda impuesta por los compromisos adquiridos con Kiev.

«Las armas se acaban de lado y lado, la guerra es muy cara», valoró.

En su criterio, la reunión entre el jefe del Pentágono y los miembros del grupo de apoyo militar a Ucrania sirvió como preparación al encuentro entre ministros de Defensa de la OTAN celebrada este miércoles en Bruselas y en la que se acordó lo ya avanzado por Austin, quien también aprovechó la ocasión para cargar contra Rusia por emplear «una retórica irresponsable» y usar «amenazas» para intimidar a Occidente con el posible uso de armas nucleares.

Desde Moscú se acusó de lo propio al otro bando y se subrayó que su doctrina nuclear está cimentada en la defensa, lo que implica que solamente se contempla el uso de ojivas nucleares en el caso de recibir ataques similares o que comprometan la existencia de la Federación Rusa en tanto nación, declaraciones que dan cuenta de la escalada y de la creciente amenaza termonuclear.

Como prueba de que el tono sigue subiendo, refirió que la OTAN ratificó que la semana próxima realizará ejercicios nucleares de rutina, cuyo objetivo sería preservar la «disuasión segura, protegida y eficaz» del bloque frente a otras potencias nucleares, según expresara el secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg.

Al ser inquirido por la prensa acerca de la posibilidad de que esta acción pudiera conducir a «un error de cálculo» en el contexto de las crecientes tensiones con Rusia, el funcionario rechazó esta posibilidad y defendió los simulacros alegando que si se suspendieran, se enviaría «una señal muy equivocada» a Putin.

«La pregunta es, ¿quién está subiendo el tono?», apuntó.

Pese a las inquietantes informaciones compartidas, Pérez Pirela consideró pertinente aclarar que estas escaladas verbales no tienen por qué traducirse en una confrontación directa entre Rusia y la OTAN, aunque ciertamente no puede descartarse la extensión de la guerra más allá de las fronteras ucranianas.

Sobre esto último señaló que en el horizonte se asoman las crecientes presiones de la OTAN hacia Bielorrusia, cuyo presidente, Aleksandr Lukashenko, es tildado de «dictador» en Occidente y considerado un aliado cercano de Putin.

A inicios de la guerra, recordó, Kiev acusó a Minsk de prestar su territorio a Rusia para que ingresara sus contingentes militares a Ucrania, relato que fue negado por Lukashenko y Putin, aunque respaldado y ampliamente difundido por la OTAN y sus medios de comunicación afines.

A contrapelo de estos señalamientos, el gobierno de Lukashenko acogió las primeras conversaciones de paz solicitadas por Zelenski los primeros días de la contienda y manifestó abiertamente su interés para que las partes arribaran a una solución negociada en un lapso breve.

La matriz de opinión fue reflotada luego de que el mandatario bielorruso denunciara que Polonia y Estonia –dos países miembros de la OTAN con marcado discurso antirruso– planean atentados terroristas en su país y anunciara un reforzamiento de sus fronteras del que participarán tropas enviadas por Moscú.

Desde la Alianza Atlántica, este movimiento ha sido presentado como un indicio de la aparente implicación directa de Bielorrusia en esta nueva fase de la confrontación y ha servido de base para proferir nuevas amenazas contra Lukashenko.

«Pregunto: ¿la OTAN no está metida hasta los tuétanos en esta guerra proxy? ¿No está enviando el armamento? ¿Polonia, Alemania, Francia, Estados Unidos, el Reino Unido, etcétera? ¿No están participando? ¿Qué pretende la OTAN?», cuestionó.

De la misma manera, Jens Stoltenberg condicionó el fin de las hostilidades a una retirada incondicional rusa del territorio de Ucrania, incluyendo de las regiones que recientemente se adhirieron a la Federación a través de referéndums, un escenario que luce muy poco probable.

Guerra abierta en el frente energético

Tras analizar la guerra semántica y la guerra en el terreno, Pérez Pirela apuntó que si en el campo de batalla aún no se ha declarado explícitamente la guerra abierta entre Rusia y la OTAN, ello sí pareciera estar sucediendo en el plano energético.

En ese orden rememoró que la semana previa, el mercado de los hidrocarburos sufrió una importante sacudida, luego de que la OPEP+ anunciara en una reunión interministerial desde Viena que reducirá su oferta en dos millones de barriles al día desde el venidero mes de noviembre.

Según informes de la agencia Reuters, se trata del mayor recorte desde mayo de 2020 y se produce en un contexto de potencial escasez de crudo en el mercado internacional durante la temporada invernal, en razón de las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea sobre los hidrocarburos rusos, comentó.

Precisó que en el documento suscrito se acordó renovar la vigencia del bloque OPEP+ al menos un año más, con lo que tácitamente se ofrece respaldo a Rusia y se rechazan las coerciones al mercado energético.

A su parecer, no debe olvidarse que antes del anuncio, The New York Times reportó que fuentes familiarizadas con el asunto aseguraron que Arabia Saudita, el mayor productor de la OPEP+, pretendía llevar el precio del petróleo a 90 dólares por barril, incluso a pesar de las presiones de Washington, con quien Riad tiene relaciones estrechas.

Puntualizó que en la rueda de prensa ofrecida tras la reunión en Viena, el ministro saudí de Energía, Abdulaziz bin Salmán Al Saud, fue cuestionado por «usar la energía como arma», a la manera en que, según Occidente, lo hace el presidente ruso Vladímir Putin, si bien el funcionario se limitó a responder a la periodista que le mostrara en qué punto estaba «el acto de beligerancia», sin darse completamente por aludido.

Del mismo modo, Al Saud arremetió contra la agencia Reuters, a la que sindicó de difundir la falsa especie de que Rusia y Arabia Saudita fraguaron una componenda para incrementar los precios, información ya había sido desmentida por él mismo y que, sin embargo, se repitió en un reporte posterior.

Estas acciones no surgieron de la nada y por ello, el comunicador recordó que Bruselas amenazó con imponer límites a los precios de comercialización del petróleo y el gas siberianos incluso en terceros países, pese a que ninguna de las 27 naciones que conforman la Unión figura entre los grandes productores ni dispone de grandes reservas.

Desde su óptica, este evento parece haber colmado la paciencia de la OPEP+, que optó por retrasar una semana su reunión mensual y contraatacar con este anuncio, que, como cabía esperar, enfureció a la administración Biden.

En concreto, el presidente estadounidense, Joe Biden, aseguró en un comunicado publicado por la Casa Blanca que estaba «decepcionado por la decisión miope» de la OPEP+, al tiempo que responsabilizó a la organización por los efectos negativos que esta tendrá sobre los países de menores ingresos.

En dichos del jerarca estadounidense, esta medida habría sido orquestada por Arabia Saudita y Rusia, versión que adelantó la agencia Reuters y que fue desmentida categóricamente por el gobierno saudí, como antes se mostró.

Adicionalmente, Biden ordenó la liberación de 10 millones de barriles de la reserva energética de su país para forzar la baja de precios –aunque el efecto real de esta liberación es escaso– y advirtió que su gobierno consultará al Congreso sobre «herramientas y autoridades adicionales para reducir el control de la OPEP sobre los precios de la energía», relató.

Sobre esto comentó que el Congreso estadounidense se impulsa una ley que, de ser aprobada, otorgaría facultades al Fiscal General de los Estados Unidos para imputar a la OPEP o a sus países constituyentes.

En los documentos, al bloque se le asigna el término «cártel», que ya fue adoptado por cadenas públicas como France24 o DW, aunque tradicionalmente se usa para denotar a organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico, advirtió el analista, no sin subrayar que no hay neutralidad posible en este lenguaje.

Trascendió que países occidentales intentaron negociar con funcionarios de Arabia Saudí, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos para evitar que el recorte se concretara, pero desde la OPEP se alegó que la reducción de la oferta pretende estabilizar los precios, que han registrado una caída superior al 40 % en las últimas semanas.

Una semana más tarde, la ira de Washington está lejos de aplacarse. Este martes, el Departamento de Estado comunicó que revisará integralmente el estatus de sus relaciones con Arabia Saudí.

En criterio del especialista, se trata de una medida inusual, si se considera que diversas administraciones estadounidenses han preferido mirar a otro lado ante gravísimas actuaciones del reino, como las violaciones sistemáticas a los derechos humanos, la guerra en Yemen o el asesinato del periodista Jamal Khashoggi.

Un reporte de The Wall Street Journal aparecido este miércoles insiste en que Riad, considerado como la cabeza más prominente de la OPEP, se negó en redondo a ceder ante las presiones de Washington para retrasar el recorte.

Para Pérez Pirela, el disgusto estadounidense tiene distintas motivaciones. La primera es que un alza sustancial de los precios del petróleo implica automáticamente un incremento en el precio de los combustibles y, por ende, de la inflación, que ya ha alcanzado en ese país las cotas más altas en 40 años.

De este modo, analizó, este panorama económico ensombrece todavía más las perspectivas del gobernante Partido Demócrata en las elecciones de mitad de período previstas para el próximo mes de noviembre y las aspiraciones de Biden para reelegirse en 2024.

«La derrota del Partido Demócrata va a ser contundente en estas elecciones y ya empiezan a asomarse las caras presidenciables en el Partido Republicano, incluyendo al mismo Donald Trump», valoró.

De otro lado, a su parecer tampoco puede obviarse que a la Casa Blanca no le sientan bien los desafíos y menos si provienen de la OPEP, pues traen flote el bloqueo que impusiera la organización contra Occidente en 1973 por su respaldo a Israel en la Guerra de los Seis Días, lo que derivó en una crisis económica mundial sin precedentes cuyas consecuencias se extendieron hasta la década siguiente.

Como recuerda el experto petrolero venezolano Miguel Jaimes, las disputas por el control del mercado energético no son recientes. En su decir, Estados Unidos y sus aliados «están en guerra» con los países de la OPEP, tanto en sentido figurado como literal, desde que la organización nació.

A despecho de Estados Unidos, los países de la OPEP concentran el 86 % de las reservas probadas de crudo, de las cual el 24 % se concentra en Venezuela. Además, tras la alianza con otros grandes productores como Rusia, Kazajistán, México o Azerbaiyán, el bloque afianzó todavía más su posición para hacer frente a las apetencias occidentales, puntualizó el especialista.

Pérez Pirela insistió en que la situación del mercado energético es ya muy complicada y en buena medida, Estados Unidos está pagando las consecuencias de haber impuesto sanciones o haber atacado militarmente a países de la OPEP, que en otras circunstancias habrían podido aliviar las presiones.

Es el caso de Irán y Venezuela, cuyas industrias petroleras padecen los efectos de las medidas coercitivas estadounidenses, pero también de Irak y Libia, que eran grandes productores de crudo antes de haber sido bombardeados por la OTAN, observó.

Como apuntara este martes el viceprimer ministro ruso, Alexánder Novak, «Rusia, Venezuela e Irán, sometidos a sanciones internacionales, representan el 20 % de la producción mundial de petróleo».

Más allá de cualquier retórica, el filósofo puntualizó que esto significa que uno de cada cinco barriles de petróleo que se produce en el mundo proviene de alguna de estas tres naciones, por lo que la imposición de cercos para su extracción, refinación y comercialización afecta significativamente el mercado.

En esa línea refirió que a inicios de marzo, cuando se impusieron las primeras sanciones sobre los hidrocarburos rusos, la administración Biden envió delegados a Caracas y a Teherán y admitió que había puesto sobre la mesa el tema energético, pero se negó a levantar integralmente todas las restricciones.

En este escenario y a pesar de las crecientes amenazas de imponer más restricciones –en el caso de Venezuela, en virtud de la estrategia de cambio de régimen; en el caso de Irán, por el acuerdo nuclear–, en su opinión, no sorprenden los rumores que apuntan hacia el alivio de las coerciones, pues es claro que la situación puede tornarse insostenible en los próximos meses.

El también director de LaIguana.TV relató que en un informe publicado poco después del anuncio de la OPEP+, el diario estadounidense The Wall Street Journal comunicó que el presidente Joe Biden autorizaría la operación de Chevron en Venezuela, lo que necesariamente traería consigo una reducción de las sanciones impuestas sobre la estatal Petróleos de Venezuela.

Según el medio, la medida –que fue presentada como parte de una estrategia electoral–, podría ayudar a incrementar la oferta global de crudo y a frenar el alza generalizada de precios en mercancías clave como alimentos y fertilizantes.

Empero, acotó, el drama no se remite ni por mucho a las fronteras estadounidenses. Un reciente informe de la Organización Mundial de Comercio advierte que el precio del gas registró un alza interanual de 250 %, explicado casi íntegramente por las sanciones de Estados Unidos y sus aliados contra la economía rusa.

Como se sabe, el precio del gas alcanza niveles nunca antes vistos en Europa y amenaza con echar a la miseria a un creciente número de personas, que han salido a las calles de ciudades como Londres o Roma para quemar facturas de electricidad que no tienen cómo cubrir.

«De esto no se habla, esto se tiene ‘sotto voce'», criticó.

Así, frente a la perspectiva de un invierno todavía más arduo de lo previsto, Bruselas se vio forzada a anunciar que estudia imponer límites a los precios del gas para proteger a los consumidores de los efectos de la inflación.

«Alguien tiene que pagar la energía. ¿Serán los consumidores? ¿Los Estados? ¿La Unión Europea? ¿Las empresas de energía?», inquirió retóricamente.

Empero, la iniciativa de control de precios no cuajó. El pasado 6 de octubre, el bloque informó que no hubo consenso para acordar topes al precio del gas por diferencias económicas entre sus miembros, sin que esto significara que la Comisión Europea se abstuviera de imponer un nuevo paquete de sanciones contra la economía rusa, que supondrán restricciones en las importaciones por el orden de los 7.000 millones de euros y nuevas bases para limitar el precio del petróleo ruso que se transporta por vía marítima.

A esto se sumó que tras los ataques a los gasoductos Nord Stream en aguas internacionales controladas por la OTAN, muchos dedos apuntaron hacia Estados Unidos, que resultó particularmente beneficiado con lo que parecía ser un daño definitivo de los ductos.

Sobre este tema puntualizó que el Kremlin acusó a Washington de elevar artificialmente el precio del gas a través de diversas maniobras y subrayó que ni Rusia ni los países de Europa tendrían motivos para dañar los gasoductos, pues hasta hace muy poco había un mercado bien establecido.

Continuando con el relato de las enormes dificultades que ha traído para Europa la debacle energética refirió que el ministro de Economía de Alemania, Robert Habeck, señaló directamente a la Casa Blanca de aprovechar la guerra en Ucrania para lucrarse a partir del gas licuado.

El funcionario echó en cara a Washington que cuando los precios del petróleo alcanzaron topes, Europa se aprestó a agotar sus reservas para estabilizar el mercado y demandó una conducta semejante.

El gobierno de Francia, otro peso pesado de la Unión Europea, también acusa disconformidad con la aparente sustitución de la dependencia energética con Rusia por una equivalente –aunque más cara– con los Estados Unidos, añadió el especialista, antes de comentar que Bruno Le Maire, ministro de Economía de Emmanuel Macron, criticó a la administración Biden por venderle gas natural a sus socios europeos cuatro veces más caro que a otros compradores.

Le Maire fue todavía más lejos al mencionar que el conflicto en Ucrania no debía suponer la dominación económica estadounidense a costa del debilitamiento de la Unión Europea.

De continuidad con estas inquietantes confesiones destacó que Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, admitió a inicios de la presente semana que el modelo de crecimiento económico en Europa se cimentaba en gas barato procedente de Rusia y en el comercio con China.

En declaraciones públicas, Borrell subrayó la necesidad de recortar la dependencia energética con Rusia, pero no ofreció ninguna alternativa viable a la creciente dependencia de Bruselas de los hidrocarburos estadounidenses, mencionó el experto.

«Grandes amenazas, grandes ideas de estos funcionarios de la Unión Europea pero ninguna propuesta para los ciudadanos que tienen que pagar la factura de electricidad», apreció.

De su parte, una vez comunicado el acuerdo de reducción de la oferta de crudo por parte de la OPEP+, el viceprimer ministro ruso, Alexánder Novak, sostuvo que Moscú está dispuesto a ofrecer gas barato a Europa –que se enfrenta a una creciente desindustrialización– por medio del Nord Stream 2.

A su juicio con este mensaje, además de marcar que el ataque contra la infraestructura rusa no fue del todo exitoso, también es una cuerda de salvamento que el Kremlin lanza hacia Europa, particularmente a Alemania, cuya economía está retrocediendo, llevándose consigo al resto del bloque.

A lo antes expresado agregó que en el marco de su intervención en la Semana Energética de Rusia, Putin aludió a la importancia estratégica que cobraban los ductos empleados para transporte de gas en todo el mundo, tras los «ataques terroristas» contra el Nord Stream.

Amén de puntualizar que saltaba a la vista quiénes se habían beneficiado, Putin ratificó su disposición de enviar gas barato a Europa, aunque adelantó que era poco probable que su oferta se recibiera favorablemente al otro lado del tablero.

«Una especie de síndrome suicida el que en este momento está teniendo Europa», comentó.

A tono con el ambiente de desconfianza reinante–, Polonia reportó a la víspera que en uno de los ramales del oleoducto Druzhba (Amistad), que transporta crudo desde Rusia a Europa central y del este a través de dos ramales, había sufrido una fuga y aunque el operador comunicó que el incidente aún está bajo investigación, en Varsovia se apresuraron a descartar que se tratase de un sabotaje o un ataque.

Para concluir, Pérez Pirela redondeó que hay tres frentes de batalla abiertos en la guerra proxy que se libra en Ucrania: la escalada semántica, la escalada militar y la guerra energética que asoma la cabeza junto al invierno, que promete ciudades enteras congeladas.

Del mismo modo advirtió que hay razones para creer que el conflicto saldrá de las fronteras ucranianas. Entonces afectará no solo a Europa sino al resto del planeta.

(LaIguana.TV)