Para Miguel Ángel Pérez Pirela, es central determinar qué significa políticamente el acuerdo firmado entre el Gobierno Bolivariano y la Plataforma Unitaria. Con ese espíritu presentó en su programa Desde Donde Sea el análisis que sobre este tema ofreciera el presidente Nicolás Maduro.

El destino de los fondos confiscados ilegalmente al país en la banca internacional y la licencia otorgada a Chevron instantes después de que anunciara formalmente el reinicio de las negociaciones en México, es una muestra de lo que realmente está en juego, porque las conversaciones no son ni por mucho con «la oposición venezolana» como un todo, sino por persona interpuesta con el gobierno de los Estados Unidos.

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En razón de ello, el presidente venezolano ofreció una rueda de prensa ante medios internacionales donde presentó una lectura detallada de las implicaciones de estas conversaciones.

Por una parte suponen el regreso del crudo venezolano a los mercados occidentales, pero también dibujan el panorama político interno, de cara a las elecciones presidenciales de 2024.

«De lo que aquí estamos hablando, al fin y al cabo, es de que en Venezuela en poco más de un año habrá elecciones presidenciales y las oposiciones tendrán su –o sus– candidatos y ahí vamos a ver cómo es la cuestión», destacó.

En su intervención –que se extendió durante casi dos horas–, Nicolás Maduro reiteró que el acuerdo se suscribió con un sector de la oposición respaldado por Estados Unidos, cuyo accionar político se ha caracterizado por el extremismo, el golpismo y la antidemocracia.

Estas personas, indicó, tienen dos décadas embarcadas en la agenda insurreccional que ha implicado intentos de golpes de Estado, un sabotaje petrolero, protestas violentas, intentos de magnicidio, intentos de invasión armada y hasta un gobierno títere auspiciado por Washington y Bruselas.

Sobre esto último, Maduro aseguró que el terreno para poner en marcha la estrategia de «cambio de régimen» fue preparado con «guerra económica» y sanciones antes de 2019, pero a pesar de todos los empeños, en este momento no es más que una tentativa fracasada.

Además, en interés de desmontar el relato mediático según el cual hay equivalencia entre su gobierno y la Plataforma Unitaria, subrayó que su administración dialoga con todas las oposiciones e hizo especial reconocimiento a los políticos opositores que hacen vida en el país y han sido favorecidos en las urnas.

En mensaje dirigido al jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, precisó que los sectores de la oposición extremista que participaron en los comicios regionales y municipales de 2021, recibieron solo el 28 % de apoyos, lo que atribuyó a la su insistencia en adoptar estrategias fracasadas.

También reconoció el éxito de las primeras negociaciones, pues permitieron que una parte del oposicionismo local abandonara la agenda abstencionista e insurreccional y regresara a la senda electoral.

Por si ello no bastara –y para que no quedara ninguna duda acerca de quién es el actor real con el que está servida la mesa de diálogo en México–, Nicolás Maduro tildó a la delegación opositora de «representantes de los secuestradores» de los dineros venezolanos.

«Aquí, la realidad es que el gobierno venezolano está negociando con los dueños del circo, con los Estados Unidos, no con los peones», recalcó.

Conviene apuntar que, hábilmente, el mandatario puso la pelota del lado de la cancha de la Plataforma Unitaria, puesto que si bien celebró muy ampliamente el segundo acuerdo, vista su importancia para atender asuntos urgentes que afectan la calidad de vida de los venezolanos, lo presentó como un termómetro del compromiso de estos agentes con el país.

«Yo no me hago ilusiones, porque en más de una ocasión hemos estado sentados con la oposición y al último momento, simplemente caen y corren», valoró el presentador.

Esta alusión en modo alguno puede considerarse exagerada o gratuita. Amén del historial sedicioso y antidemocrático, la dirigencia opositora ligada a Juan Guaidó también es conocida por su incapacidad para cumplir con lo pactado en otras iniciativas de negociación, pues su posición siempre ha estado determinada por las instrucciones que reciben del gobierno estadounidense.

«Cuando uno se sienta frente a Guaidó, frente a Leopoldo López, frente a Borges, frente a Freddy Guevara, se está sentando en realidad frente al Departamento de Estado y frente a la Casa Blanca. Por lo cual –repito– el gobierno venezolano decidió hablar con los dueños del circo», insistió el analista.

Destacó asimismo el giro discursivo que dio Maduro con respecto a la solicitud de «elecciones libres», uno de los mantras que ha sostenido la Plataforma Unitaria desde 2018, devenido en pretexto para que Estados Unidos y sus aliados desconocieran a las autoridades venezolanas, sancionaran al país y apuntalaran un pretendido gobierno paralelo.

El mandatario dejó la definición de la fecha de los comicios en manos del Consejo Nacional Electoral, como estipulan las leyes locales y llevó esta demanda al plano de las «elecciones libres de sanciones», de lo que se concluye que ese es el gran tema que está sobre la mesa de negociaciones.

Maduro no escamoteó ningún asunto polémico, incluyendo la presencia en la mesa de Camila Fabri de Saab, esposa del empresario Alex Saab. En comentarios sobre el tema, destacó la participación de Fabri como una de las delegadas que trabajó en las propuestas que se recogieron en el recién firmado acuerdo y señaló que su presencia en el espacio era una demostración de lealtad hacia Saab.

También se refirió a la propuesta de retornar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos que le hiciera el presidente colombiano, Gustavo Petro, en su reciente visita a Caracas.

En relación con esto apuntó que la Cancillería está estudiando en detalle los procedimientos, aunque no dejó de recordar la supeditación de esta instancia regional de justicia a los intereses estadounidenses, porque aunque Washington no ha suscrito su adhesión al organismo, es su principal financista y designa la mayor cantidad de jueces.

«Es una ironía, pero es así», apreció.

De todo lo anterior se desprende que en el recién reanudado proceso de diálogo en México se estará definiendo el futuro de Venezuela, tanto en términos políticos, como económicos y sociales.

«Nos robaron más de 30.000 millones de dólares con la excusa del gobierno paralelo de Guaidó, 30.000 millones de dólares le robaron a chavistas, independientes y opositores, a todos.

Esperamos respuestas sociales, porque el pueblo venezolano está pasando por muchas vicisitudes con la electricidad, con el agua, con la gasolina, con la alimentación, etcétera», advirtió.

El Gobierno Bolivariano regresa a la mesa desde una posición decididamente más fuerte a la que tuvo en otros momentos y parece estar apostando a lo más alto: el levantamiento de todas las sanciones –incluyendo aquellas impuestas sobre individualidades– frente a un sector de la oposición cuyo único soporte es el respaldo de la Casa Blanca y, en menor medida, de la Unión Europea.

«Ya la Casa Blanca y la Unión Europea están diciendo: ‘Guaidó, si te he visto, no te conozco. Y lo más importante: ya los mismos opositores en Venezuela y fuera de Venezuela, no quieren saber nada de Guaidó, porque Guaidó hizo algo inimaginable, dividió a la oposición y la convirtió en minúsculos intereses que, de no unirse, nunca llegarán al poder», concluyó.

(LaIguana.TV)

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