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lunes, 17 / 06 / 2024

Interesante proyecto que indígenas Kariñas llevan adelante en Bolívar: cazabe, moriche y magia

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En este relato, hay una tierra hermosa con una conjunción, un poco extraña, entre la frescura de los pobladores y el implacable calor del Orinoco. Adornada con el castaño claro de los morichales, vive la comunidad kariña de Mayagua, en el estado Bolívar. Mayagua es un territorio que atrapa y vive la pasión de un colectivo de artesanos que tomaron la decisión de promover el ecoturismo y defender sus tradiciones indígenas.

Para estos “apóstoles visionarios” —como ellos mismos se llaman—, el objetivo es aprovechar la magia y los frutos de la madre tierra para crear un mundo de colores y sabores. “Decidimos unirnos y aportar hacia el mismo lado. Por eso, presentamos un proyecto al Inces, y aquí estamos. Una de las cosas que hemos aprendido es a valorar lo que tenemos en la comunidad”, revela Josefina Oca, una de las mujeres indígenas emprendedoras.

Así, el Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista (Inces) comenzó el acompañamiento pedagógico de este grupo indígena, para la construcción de las condiciones que cambiaron la vida y, por qué no, la visión de mundo de los kariñas de Mayagua.

“A veces nosotros, los indígenas, somos un poco tímidos. Estudiar con el Inces nos ayudó a expresar lo que sentimos y pensamos, a tratar mejor a los turistas, a potenciar la parte organizativa. El Inces había venido antes, pero el sistema de formación anterior nos limitaba solo a tejer. Ahora no. Con el nuevo Inces, nosotros nos organizamos y trabajamos en colectivo”, cuenta Reinaldo Martínez, uno de los varones que suman sus energías y experiencias en este proyecto comunitario.

Este joven, de piel pintada por el sol, dice estar entusiasta porque la gente se siente bienvenida en Mayagua: “A los turistas les cuesta decidir qué llevar. Todo les gusta. Unos dicen: “¡Qué increíble que ustedes hagan esto!”. Nosotros respondemos halagados; porque, los kariñas somos inteligentes y creativos. No nos agarran de sorpresa, tan fácil. Somos dicharacheros, bailadores, pero más que todo trabajadores”.

Mientras sonríe, Reinaldo subraya que, en Mayagua, la comunidad kariña está comprometida con este proyecto: “El colectivo es una mezcla entre juventud y experiencia. Uno aprende de la sabiduría de los adultos. Pero, también, uno se queda sorprendido del talento y conocimiento de los más jóvenes”.

En el proyecto, Reinaldo comparte con su madre y dos hermanas, en una casa situada en la entrada del pueblo que se levanta a 20 kilómetros de Ciudad Bolívar, por la carretera que lleva a Puerto Ayacucho.

Si bien el objetivo inicial era trabajar los catorce, la idea es que se llegue a tal punto de conexión comunitaria que otros artesanos y cocineros kariñas puedan alimentar esta empresa social. Mayagua es, en cierto modo, un territorio de trabajo y ciencia, a cuyos pobladores les suena la aventura de apostarle al turismo y al trabajo productivo.  

En esa distancia que circula la magia

La brisa de la creatividad se siente en Mayagua. Solvanny Sosa, responsable del Espacio Socialista Integral Tomás de Heres en Ciudad Bolívar, relata que Mayagua cuenta con un morichal que produce el fruto de donde se saca el turrón, y el cogollo de la palma del cual se extrae un hilo con el que se tejen sombreros, chinchorros, bolsos y otras artesanías. De las plantaciones de mango y merey, que están a ambos lados de la carretera, hacen jalea y mazapán; con la yuca que cultivan, preparan cazabe, naiboa (cazabe relleno de papelón con queso) y chorreao (cazabe dulce).

En esta tierra legendaria, las manos están llenas de memoria y sabiduría. Sulma Mezones, una de las dos maestras de este proyecto formativo y productivo, refiere el potencial que albergan los kariñas. “Como resultado del proceso de transformación del Inces, los maestros pueblo ahora se desplazan a las comunidades y atienden las necesidades e iniciativas que tienen sus habitantes. Mayagua es uno de los resultados de esa transformación”, observa.

La bienvenida de los embajadores

En otro lugar de la misma comunidad, a unos 15 minutos a pie de la entrada principal, queda la cazabera del pueblo. Allí, se encuentra Gaudy Medina, de 22 años de edad, quien también es lideresa en su comunidad. Ella comenta el aprendizaje que ha tenido con el Inces: “Es un espacio donde uno aprende muchas cosas: cómo tratar a los visitantes y cómo nos ayudamos los unos a los otros”.

Este territorio prodigioso, también, tiene la huella poderosa de una mujer wayúu. La guajira Zara Hernández tiene 13 años viviendo entre la comunidad kariña de Mayagua. “Me gusta Mayagua por la paz que transmite y por su gente. Aquí, he podido perfeccionar mi talento. Tengo la alegría de no tener que salir de mi casa para producir: la gente viene a mi casa a buscar mis creaciones. Desde que nos organizamos, nos va mejor. Incluso, compartimos lo que sabemos con niños de liceos”, narra.

 

De lo individual a lo colectivo

Ramona Arúcano es otra de las artesanas bendecidas. Tiene 56 años de edad, y lleva toda una vida de relación con el moriche. Con su acento kariña, Ramona expresa que esta es la primera vez que participa en una escuela formal. “He aprendido de las otras compañeras, y ellas de mí. Cruzamos nuestra experiencia de tejidos con agujas de paletica y con los telares”, precisa.

En Mayagua, la organización ha sido el elemento central de la formación Inces. Visanty Solano, otra de las guerreras kariñas que lidera este proyecto, pone el acento en el aprendizaje de la técnica y el plus del trabajo como proceso colectivo.

“Nosotros estábamos acostumbrados a trabajar desde lo individual; ahora, trabajamos juntos. Para nosotros, el Inces es una fortaleza integral: en esta escuela, no solo aprendemos a tejer y a hacer dulces; nos formamos en valores socialistas, en conocimiento técnico, en atención al público (cómo debemos tratar y atraer a los visitantes, cómo sumar más personas)”, destaca.

La historia de la ruta indígena de Mayagua sube su energía, con cada visita y cada diálogo. Como dice Visanty: “La gente sale enamorada de Mayagua”. En ese territorio, los kariñas nos esperan con sus amplias sonrisas y con los brazos abiertos.  

 

(Nota de Prensa)

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