domingo, 30 / 11 / 2025
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Más de 6 millones de personas participan en presidenciales: Maniobras de la derecha para el “golpe electoral” en Honduras

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Los audios filtrados que revelan las maniobras de la derecha hondureña para desestabilizar las elecciones del 30 de noviembre exponen un plan integral que incluye desde el hackeo de resultados durante el cómputo de votos para proclamar al candidato Salvador Nasralla, hasta la demora deliberada en la entrega de urnas al inicio y cierre de la jornada electoral, tal como ocurrió durante el simulacro electoral reciente.

Nasry Asfura, candidato del Partido Nacional y figura respaldada por Donald Trump, podría recurrir a la convocatoria de manifestaciones públicas si los resultados favorecen a la candidata oficialista Rixi Moncada, generando las condiciones para un golpe electoral.

El Partido Libre alertó sobre estas maniobras —ahora confirmadas en los audios filtrados— y anunció que realizará un conteo paralelo de votos como respaldo ante posibles irregularidades. La transparencia del proceso dependerá de la vigilancia de delegados y observadores internacionales en un contexto de alta tensión política.

Traslado del material electoral

El 9 de marzo, durante las elecciones primarias, se produjo el primer intento de boicot mediante el retraso deliberado del material electoral por parte de sectores que controlan el Consejo Nacional Electoral (CNE). El Partido Nacional, con presencia institucional en el CNE, gestionó el transporte con empresas privadas afines y, al no llegar el material a tiempo, intentó culpar a las Fuerzas Armadas y a la entonces ministra de Defensa —hoy candidata presidencial— Rixi Moncada.

TREP: El caballo de Troya tecnológico

El Sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) es una herramienta tecnológica utilizada por el CNE para agilizar la divulgación de resultados preliminares durante las elecciones. Como señala Eduardo Fuentes, codirector del CNE, «es importante destacar que el TREP no constituye la totalidad del sistema electoral, sino que se trata de un componente técnico enfocado en la transmisión de datos». Sin embargo, los audios filtrados revelan que precisamente esa naturaleza técnica —y sus vacíos institucionales— lo convierten en el punto vulnerable para el golpe electoral.

Las grabaciones exponen conversaciones entre Cosette López (consejera electoral del Partido Liberal), representantes de los partidos Nacional y Liberal, y empresarios, coordinando el desconocimiento de una eventual victoria de Rixi Moncada. En su lugar, planifican proclamar presidente a Salvador Nasralla utilizando el TREP como herramienta de legitimación inmediata, aprovechando que los resultados preliminares suelen tener mayor impacto mediático que el escrutinio oficial posterior.

La filtración —cuya autenticidad fue confirmada por un peritaje internacional— evidencia una coordinación clara para retrasar, bloquear o manipular el reconocimiento oficial de los resultados, explotando vacíos institucionales y debilidades operativas del CNE.

Las voces del golpe

En uno de los fragmentos más reveladores, Tomás Zambrano, jefe de bancada del Partido Nacional, le explica a López la estrategia central:

«Pero la idea es que se cree eso para que desde fuera no reconozca las elecciones y se repitan, recuerda que la ley dice que pasa la Fuerza Armada y se tiene que volver a repetir las elecciones. Y lo más importante eso es que hay un sector de la Fuerza Armada que está muy alineado con nosotros».

López responde confirmando el papel de la movilización violenta como mecanismo de presión:

«Se viene una avalancha que no te imaginas. Eh, ellos van a decir, o sea, lo importante es que los revoltosos salgan a la calle y aleguen que es fraude».

El intercambio revela la arquitectura completa del golpe electoral: generar desconfianza sobre los resultados oficiales mediante la manipulación del TREP, proclamar a Nasralla como ganador, movilizar manifestaciones violentas que justifiquen la intervención de sectores militares «alineados», y forzar la repetición de las elecciones bajo un clima de ingobernabilidad que favorezca a la derecha. decir, o sea, lo importante es que los revoltosos salgan a la calle y aleguen que es fraude”.

El fraude informático al descubierto

José Vallecillo, experto en informática, explica la mecánica del fraude:

«Simulemos un ejercicio. Hay 10 urnas a nivel nacional que van a entrar al TREP, pero esas 10 urnas —elegidas estratégicamente de las 19,167 urnas totales— están ubicadas en sectores del país donde Salvador Nasralla o Nasry Asfura salen arriba. ¿Qué sucede cuando solo se transmiten ese tipo de urnas al sistema? Imponen una realidad ficticia y elevan a un nivel que en realidad no tienen. Van a intentar boicotear con terrorismo las antenas satelitales para que no se logre transmitir, la noche del domingo, los resultados de los departamentos donde Rixi Moncada gana masivamente».

La táctica es filtrar selectivamente qué actas entran al TREP, crear una realidad paralela en los primeros minutos del conteo, y proclamar a Nasralla ganador antes de que lleguen los resultados de las zonas donde el Partido Libre arrasa. A juicio de Vallecillo, esto generaría una sensación de triunfo cuando en realidad lo que habrían hecho es frenar la llegada al sistema de las actas donde LIBRE tiene votación masiva y define la victoria.

El plan explota una debilidad estructural del TREP: los resultados preliminares tienen mayor impacto mediático y político que el escrutinio oficial posterior. Una vez proclamado ganador en los medios, desmontar esa narrativa —incluso con datos oficiales— requiere días de litigio judicial, movilización ciudadana y presión internacional. Para entonces, el daño está hecho: la opinión pública internacional asume que hay «disputa electoral», y la inestabilidad generada justifica la intervención de sectores militares «alineados» con la derecha.

Boicot a señales satelitales: El apagón programado

Los audios revelan conversaciones aún más específicas. Tomás Zambrano, jefe de bancada del Partido Nacional y candidato a diputado, aparece coordinando con una técnica en telecomunicaciones cómo atenuar la señal de internet en zonas estratégicas, simular fallas climáticas o utilizar otras vías para impedir la transmisión de resultados electorales desde bastiones del Partido Libre.

Zambrano ofrece un número telefónico «irrastreable» para estas coordinaciones, que incluían el pago de «millones por su papel activo» en el sabotaje. Los intercambios adicionales revelan tácticas para reorganizar fuerzas internas, presionar al Tribunal Electoral y preparar la posible proclamación de Nasralla como presidente, incluso si el escrutinio oficial mostraba una tendencia irreversible en contra.

La sofisticación del plan se centra no solo en hackear un sistema informático, sino de orquestar un apagón selectivo de comunicaciones que impida la transmisión de resultados adversos, mientras se acelera la difusión de actas favorables. La combinación de sabotaje tecnológico (antenas satelitales), manipulación informática (filtrado selectivo de actas en el TREP) y presión política (movilizaciones violentas + sectores militares) configura un golpe de Estado técnicamente asistido.

La injerencia de Trump

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, volvió a interferir en el proceso electoral hondureño a escasas horas de las elecciones generales del 30 de noviembre, ratificando su apoyo al candidato derechista Nasry Asfura del Partido Nacional en un intento de influir en el ánimo de los electores. En un segundo mensaje en 48 horas, Trump también reveló que indultaría al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, extraditado y condenado en Estados Unidos por narcotráfico.

«Si Tito Asfura gana la presidencia de Honduras, Estados Unidos le brindará un gran apoyo, ya que tiene tanta confianza en él, en sus políticas y en lo que hará por el gran pueblo hondureño. Si no gana, Estados Unidos no malgastará su dinero», advirtió Trump, repitiendo la táctica de chantaje diplomático que aplicó con Javier Milei durante las elecciones legislativas argentinas.

La declaración configura una injerencia electoral explícita que viola principios elementales del derecho internacional: condicionar la ayuda estadounidense al triunfo de un candidato específico convierte las elecciones en un referéndum sobre la sumisión a Washington, no sobre el proyecto político que los hondureños prefieren para su país. El ultimátum de Trump —»apoyo si gana Asfura, castigo si pierde»— transforma la jornada electoral en una prueba de obediencia imperial, donde el voto ciudadano queda subordinado a los intereses de la Casa Blanca.

La promesa de indultar a Juan Orlando Hernández —condenado a 45 años de prisión por convertir Honduras en un narcoestado— completa el círculo de complicidad: el mismo Trump que libera al narcotraficante respalda al sucesor de su partido, evidenciando que la «guerra contra las drogas» estadounidense fue un mecanismo de control geopolítico que se activa o desactiva según la conveniencia política.

Ante esta coyuntura, la presidenta Xiomara Castro destacó que el 30 de noviembre «será nuevamente el pueblo hondureño quien decida en libertad y en paz». «Como Presidenta de la República, mi responsabilidad es garantizar tranquilidad, transparencia y respeto absoluto a la voluntad popular, para que continúe la refundación y el desarrollo de nuestra nación», manifestó, estableciendo un contraste nítido entre la soberanía democrática que defiende su gobierno y la subordinación imperial que representa el ultimátum de Trump.

(teleSUR)


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