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Inyecciones de realidad. Ese es el medicamento que prescribe Tibisay Lucena para curar los males causados por los virus que durante años le han inoculado a la opinión pública contra el sistema electoral venezolano. “La verdad es muy poderosa. A ti te pueden convencer de que esta taza está rota, que si sirves café en ella se te botará, pero si yo te dejo ver la taza, si te permito tocarla, hacer la prueba, tarde o temprano te convencerás de que te estaban engañando”, asegura.

 

En el comienzo de la semana crucial del año político 2015, la presidenta del Consejo Nacional Electoral luce serena, confiada en que todo saldrá bien, rayando en la perfección. Recibe a La Iguana.TV en su despacho del Centro Simón Bolívar, mientras en toda la sede del organismo bulle la febril actividad de la cuenta regresiva.

 

– Usted ha declarado que técnicamente está todo listo para el domingo, pero ¿desde el punto de vista psicológico, está preparada para cantar el resultado, sea cual sea?

 

-Sí, absolutamente. Yo, cuando doy los resultados, estoy segura de que eso fue lo que el pueblo decidió. A medida que avanza el cronograma va creciendo la intensidad del proceso electoral. Comenzamos tranquilamente, a principios de año, planificando, elaborando cronogramas, calentando motores. A medida que se acerca la fecha de las elecciones surge una adrenalina distinta. A estas alturas estamos preparados para todo. A una semana del proceso, está todo en su punto. Emocionalmente, psicológicamente también hay una preparación para el día de la elección, que tiene su propio ritmo de tensiones.

 

-¿Cómo es eso? Cuéntenos, por favor…

 

-Bueno, hay varios ciclos, varios picos. El primero ocurre muy tempranito y tiene que ver con que lleguen todos los miembros de mesa y los operadores y las operadoras de las máquinas. Es una gran tensión que nos afecta entre las 5 de la madrugada y las 7 de la mañana, más o menos. La idea es que puedan abrirse las mesas lo más temprano que sea posible. Esperamos que entre las 6 y las 6 y media, ojalá sea 6 y 20 tengamos más de 90% de las mesas funcionando, de manera que a las 7 esté el 100%. Luego de que se logra esa meta, todo fluye con menos angustia. Siempre surgen algunos conflictos de gente que no aparece en el centro de votación o que comete errores a la hora de votar, pero en general el proceso discurre bien hasta que ya se acerca la hora de cierre. Una vez que se han cerrado las mesas, viene el otro gran pico de las tensiones, que es el de los escrutinios.

 

-¿Es decir, que el tema de los resultados no es, ni de lejos, la única tensión de un día de elecciones?

 

-No, es más bien la última. Nuestras grandes angustias se refieren a que se puedan abrir todas las mesas a tiempo, que el proceso discurra sin inconvenientes y que se haga el cierre a la hora prevista y sin problemas. Los resultados son el reflejo de lo que haya decidido la gente. A nosotros en el Consejo eso no nos causa ninguna inquietud. Nuestra responsabilidad es que todo funcione según lo previsto, y, en lo que se refiere a los resultados, nos limitamos a anunciarlos públicamente.

 

“Somos intensos y vehementes”

 

-¿En comparación con anteriores procesos electorales, cómo diría usted que es el clima electoral en cuanto a conflictividad?

 

-Nos hemos acostumbrado a tener procesos electorales muy intensos. Recordemos las megaelecciones del 2000, que tuvo un ambiente muy movido; o el referendo revocatorio de 2004, cuando alguna gente decía que se podía cortar el aire con un cuchillo, de lo denso que estaba; también en el referendo constitucional de 2007 hubo mucha conflictividad. Parece que así son nuestras campañas electorales: intensas y vehementes. Esta no es distinta, ha sido también intensa y vehemente, pero lo único preocupante es la campaña que se ha desarrollado en contra el proceso electoral, de amedrentamiento contra las electoras y los electores, de rumores sobre suspensión de las elecciones, de matrices falsas, de ataques contra la institucionalidad. Eso sí ha estado más subido de tono.

 

-Tenemos uno de los sistemas electorales con más controles, supervisiones y verificaciones, pero, al mismo tiempo, es uno de los sistemas electorales más atacados por los medios de comunicación y las organizaciones no gubernamentales internacionales, así como por los gobiernos de otros países. ¿Qué tendría que pasar para que este sistema electoral sea declarado creíble por esos factores del poder mundial?

 

-Lo que tendría que pasar es que se hiciera un periodismo con ética, que los medios de comunicación se pusieran al servicio de la verdad y del público, que no sigan confeccionando falsas realidades que, incluso, han llevado a los países a situaciones de violencia y de guerra. Eso es algo que debería estudiarse la forma de revertir eso. Personalmente creo que contra esas campañas mediáticas, sobre las cuales no tenemos control, lo que podemos hacer es inyecciones de realidad, y eso es lo que nos hemos empeñado en hacer. Creemos que la verdad es muy poderosa, de manera que cuando se publican falsedades, nosotros respondemos con la realidad. Le decimos a la gente: “Esto es lo que están diciendo, pero esta es la verdad” y eso es muy contundente. Cuando desinflamos los globos de la mentira, le abrimos la conciencia a la gente. Yo creo que de la conciencia no hay vuelta atrás. Si a ti te dicen todos los días “esta taza está partida”, “esta taza está partida”, “esta taza está partida”, pero yo te la muestro y te digo: “Mírala bien, revísala, tócala, y comprobarás que está perfecta”, nunca más la vas a volver a creer rota, porque ya percibiste la realidad. Nosotros hemos ido con paciencia, pero con contundencia, construyendo la posibilidad de esa visión real. Luego cada quien resolverá, pues al final de cuentas la actitud que asumimos ante la verdad es una decisión individual.

 

-¿Y cuál es la verdad, por ejemplo, sobre el tema de la observación extranjera de los procesos electorales? Uno lee las declaraciones de personalidades de diversos países y tiene la impresión de que Venezuela es el único país que se niega a que sus elecciones sean “observadas”. ¿Cómo sería una inyección de realidad en este asunto específicamente?

 

-Si hablamos de la región latinoamericana, tenemos que Brasil no acepta observación internacional; Uruguay la prohíbe expresamente; en Chile no hay ni observación ni acompañamiento; en Argentina hay invitados… Por supuesto, en Estados Unidos y Canadá, olvídate, allí nadie se puede meter. Lo mismo pasa con los países de Europa: ninguno acepta que lo supervisen. Yo he insistido muchas veces en que Venezuela podría, en reciprocidad, aceptar una misión de la Unión Europea, cuando la Unión Europea admita en sus países miembros una misión venezolana con los mismos alcances y prerrogativas. Pero ellos no aceptan ese tipo de misiones y hasta se sorprenden de que se lo planteemos. Su actitud es de extrañeza porque se preguntan qué podemos ir a supervisar nosotros allá, en países que son adalides de la democracia.

 

-¿Y qué aportes podríamos hacer?

 

-Muchos, pues en esta parte del mundo estamos construyendo democracias fortalecidas, se están dando procesos en los que la participación popular se ha consolidado y masificado, los pueblos se expresan con mayor amplitud a través del voto. Eso no pasa en Europa, donde las democracias están más, podríamos decir, envejecidas.

 

Cartas y proyecciones

 

-Hablando del contexto latinoamericano, ¿Almagro no le ha mandado más cartas?

 

-Ja,ja, no, ni yo le he escrito nunca ninguna carta a él, como lo dijo en una comunicación bastante mentirosa. Él dijo que yo le había escrito un mensaje y eso no es verdad… No, no me ha escrito, ni yo a él…

 

-También con respecto al contexto internacional, pero dicho por un actor político local, el gobernador Capriles Radonski comentó que el CNE debería aprender de Argentina, porque dieron los resultados muy rápido…

 

-Sí, sería bonito también que se comparara la disposición de los actores políticos a aceptar los resultados adversos, porque en Argentina se reconocieron los resultados con números muy estrechos. Eso sería bueno que pasara aquí, pues sería una demostración de respeto, no tanto por el CNE, sino por las electoras y los electores y por la democracia en un sentido más amplio.

 

-Pero, ¿tenemos algo que aprender de la difusión de resultados basados en proyecciones, como lo hicieron en Argentina?

 

-Es importante aclarar eso: Venezuela es el único país en esta parte del mundo que da resultados oficiales el mismo día de las elecciones. Si vemos con cuidado lo que ha pasado en Argentina, los resultados oficiales aún están pendientes, pues la Cámara Nacional Electoral está todavía contando los  votos. En algunos países, ese proceso tarda un mes o más. En Venezuela, dos o tres horas después del cierre de una consulta electoral, damos los resultados definitivos, no basados en actas ni en proyecciones, sino de la totalización de todas las voluntades expresadas en cada voto. E inmediatamente, la gente puede ver los resultados hasta mesa por mesa, en la página web del CNE. Esa es la gran diferencia, de manera que a mí no me gustaría que lo hiciéramos como en Argentina, aunque respetamos mucho el proceso electoral de ese país.

 

-¿Qué cree que podría pasar en Venezuela si se dieran resultados basados en proyecciones sobre 10 o 20% de los votos?

 

-No sería nada conveniente. Dar los resultados oficiales basados en los votos emitidos da una gran seguridad, una gran tranquilidad. Saber que todo ha sido tan revisado y chequeado es una garantía para todas y todos. Y para complementar, sabemos que luego de esa difusión de los datos oficiales hay varias auditorías y revisiones más. Definitivamente, es una gran fortaleza del sistema, una plataforma muy robusta, muy sólida. Yo, cuando doy los resultados, estoy segura de que eso fue lo que el pueblo decidió.

 

Amor de familia contra miseria humana

 

-Usted es una de las personas que más ataques ha recibido en estos años. Tal vez solo la supere en ese aspecto el comandante Hugo Chávez, sobre todo porque también a él se le golpeó en un momento de enfermedad, de problemas de salud. ¿Cómo lo ha manejado?

 

-Así como tengo inyecciones de realidad contra las falsedades y las matrices mediáticas, así también tengo inyecciones de amor que vienen de mi familia, mis amigas y amigos, mi círculo cercano y también gente que no es tan cercana, pero que manifiesta su afecto y su solidaridad. Eso te ayuda mucho, es muy importante. No puedo decir que ha sido fácil, sobre todo porque las agresiones, que a veces llegan hasta mi propia residencia, tocan a los jóvenes de la familia, y para ellos es más difícil de comprender todo esto. El amor de la familia te blinda contra toda la miseria y la maldad humana. Yo tengo a mis hermanas, mi hijo, mis sobrinas, mis sobrinos-nietos, tengo una vida familiar muy rica e intensa, la familia es todo para mí.

 

-La miseria y la maldad llega a extremos cómicos: en estos días dijeron por ahí que usted tenía una doble…

 

-¡Sí, ja, ja, ja!… son cosas tan absurdas que dan risa. Una vez se transmitió por televisión un acto en el que yo estaba y dijeron que no se lo creyeran, que eso había sido grabado días antes de que yo falleciera… A mí me hizo gracia, lo malo es que la gente se pone un poquito loca y comienza a molestar a mi familia. La verdad es que el irrespeto a la vida privada en el caso mío ha sido una cosa exagerada. Al principio, me impactó mucho, pero ya a estas alturas, el amor de mi familia y de mis amigos, me protege.

 

-Cuando se oye hablar a los dirigentes de la oposición uno tiene la convicción de que si ganan las elecciones legislativas, estará en riesgo la continuidad del mandato de los rectores del Consejo Nacional Electoral y de los otros poderes constitucionales que podrían eventualmente depender de una decisión de la Asamblea Nacional. ¿Eso le quita el sueño?

 

-Lo primero es reiterar que los resultados de las elecciones del domingo serán los que decida la gente. La composición de la Asamblea Nacional, que surgirá como producto de esos resultados es una expresión de la voluntad de las ciudadanas y los ciudadanos. Lo segundo es que le corresponderá a las fuerzas políticas que conformen esa Asamblea tomar las decisiones que consideren convenientes. No le toca al Consejo Nacional Electoral decidir sobre eso. Si la Asamblea, gane quien gane, decide meterse en esa discusión (sobre el mandato de los rectores), los diputados y las diputadas verán si es constitucional y legal hacer eso o no. Es un debate que tendrá que darse en la nueva Asamblea Nacional y el Consejo Nacional Electoral tendrá que acatar lo que allí se decida.

 

 

(Clodovaldo Hernández / [email protected])

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