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Luego de 16 años invocándola, finalmente la oposición venezolana (y sus anexos) puede decir que está disfrutando de una Navidad sin Chávez. Cierto es que ya en 2012, el comandante estaba ausente, sometido a los últimos tratamientos en La Habana, pero eso hizo –paradojas de nuestra vida política- que estuviese más presente que nunca. Es verdad que la Navidad del 2013 fue la primera después del fallecimiento del líder bolivariano, pero se recordará que en esa oportunidad, el chavismo ganó las elecciones municipales y, por lo tanto, el espíritu de Chávez rondaba en el ambiente con sonrisa de triunfo, saboteando los hallacazos del escualidismo. Y es cierto que para diciembre de 2014 ya el Arañero de Sabaneta tenía 22 meses en otro plano de la existencia, pero luego del fracaso del plan extremista de la Salida, intentado durante varios meses de ese año, esa tampoco fue una ocasión para que el antichavismo disfrutase realmente de sus tan cacareadas “hallacas sin Chávez”.

 

Este año sí que se las están gozando, a pesar de lo caras que se han puesto y de lo difícil que es conseguir todos los ingredientes. Por supuesto que Chávez sigue siendo el protagonista de todo este proceso y la mejor prueba es que continuamos hablando de chavistas y antichavistas. Pero por primera vez, la oposición puede decir que lo venció o al menos a su imagen publicitaria, intensamente usada en la campaña gubernamental y del Polo Patriótico. Y por primera vez puede decir que derrotó de manera contundente al chavismo, incluso en sus emporios más preciados, los barrios de Caracas y otras grandes ciudades.

 

La contundente victoria en las elecciones parlamentarias y la conducta que han asumido algunas figuras importantes del sector derrotado les ha otorgado a los opositores la oportunidad perfecta para chocar copas y alcanzar de manera simultánea aquello de la barriga llena y el corazón contento.

 

Al chavismo le corresponde, en cambio, tragar amargo y abonar al espíritu navideño con una dosis redoblada de comprensión y tolerancia. Le toca entender que un adversario político que venía de 16 Navidades y ninguna Noche Buena (tomando prestada la frase de una canción salsera) tiene derecho a celebrar, incluso a burlarse del oponente, a chalequear un poquito, sin pasarse de la raya, claro, pues (volviendo al tema de las hallacas) la masa no está pa’bollo.

 

Ojalá los altos dirigentes, por su lado, y cada quien en su pequeño entorno asuman esta actitud de tregua navideña y pacten aunque sea un alto el fuego hasta principios de enero, cuando seguramente arrancará uno de los períodos más complejos y conflictivos de estos tiempos conflictivos y complejos.

 

Minuto más o menos en serio

 

¿Martinelli asesor de la AN? En Panamá sigue avanzando el proceso judicial contra el ex presidente Ricardo Martinelli, un enemigo jurado de la Revolución Bolivariana. Se le acusa de varios casos de corrupción y otros delitos cometidos en el ejercicio de la jefatura del Estado. Él, para que nadie se sorprenda, dice que es un perseguido político.

 

Por cierto que fue durante el gobierno de Martinelli que Panamá le ofreció a la diputada venezolana María Corina Machado el cargo de embajadora alterna ante la Organización de Estados Americanos, una jugadita diplomática para que la dirigente del ala pirómana de la oposición pudiera hablar ante ese foro internacional.

 

Machado pagó cara su participación en la treta porque la mayoría gubernamental en la AN la destituyó. Así que no debe recordar ese episodio con mucha simpatía, pero en vista de lo que le está ocurriendo a su compinche Martinelli, debería hacer algo que demuestre reciprocidad. Por ejemplo, proponer que la nueva AN lo nombre asesor, aunque claro, que no sea para el manejo de fondos públicos.

 

Minuto loco

 

Conjugando el verbo metamorfosearse. Si usted gusta de lo kafkiano, debe darse una vuelta por la Asamblea Nacional, donde mucha gente está conjugando el rebuscado verbo metamorfosearse (yo me metamorfoseo, tú te metamorfoseas, nosotros nos…). Individuos que venían aparentando ser rojo-rojitos (algunos hasta se inscribieron en el PSUV y fingieron estar dispuestos a morir por la Revolución) han puesto en marcha un veloz cambio de pellejo, a ver si salvan el ídem. No es la primera vez que lo hacen: unos cuantos de esos chavistas en proceso apresurado de conversión fueron antes fichas de AD, Copei o el MAS en el viejo Parlamento, pero en 1999 experimentaron una primera metamorfosis. Es verdad que muchos se quedaron para preservar su empleo, pero otros lo hicieron para infiltrarse y sabotear, igual que ocurre en el resto de la estructura del Estado. Ahora esperan tener éxito en la segunda  metamorfoseada.

 

(LaIguana.TV / Clodovaldo Hernández)

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