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El caso de la chica que perdió su trabajo y sus amigos porque necesitaba tener sexo 10 veces al día
Abril 23, 2016
La Iguana Google Plus

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Sami Walton tiene 29 y una adicción al sexo que la llevó a perder todo lo que más quería. Sexo con hombres y mujeres desconocidas a toda hora y en todo lugar eran la causa de un desenfreno violento, hasta que conoció a James, el hombre que pudo frenar la catástrofe y satisfacer -medianamente- su demanda.

 

Si estás dispuesta a viajar kilómetros y kilómetros por sexo. Si en tu mesa de luz no te caben más vibradores. Si llamas seguido a tu jefe para decirle que otra vez  “te quedaste” en la cama. Si amaneces lejos de tu casa con un desconocido… testeáte. Podés ser ninfómana.

 

Todas estas cosas le pasaron a Sami Walton (29), residente en Berkshire, Reino Unido. En la última semana todos los medios de comunicación hablaron de ella, luego de la entrevista que le realizó el Sunday People en la que contó a fondo su historia.

 

Los inicios de la pequeña sexópata

A los 20 y luego de cortar con un novio de varios años, algo en su sexualidad cambió. Empezó a sentir una ansiedad muy fuerte que la llevaba a mantener sexo casual con hombres y mujeres. A todas horas, en cualquier lugar, sin discriminación. “Algunas tardes no tenía nada que hacer y me iba a un bar, pedía una copa y me sentaba a esperar hasta que encontraba a alguien para llevármelo a la cama”, confesó en la entrevista.

Desde hacer el amor con extraños en los sitios más insólitos hasta amanecer lejos de su casa sin poder recordar la cara de su amante de pocas horas atrás. Todas estas conductas extremas la llevaron a alejarse de sus amigos y a perder el trabajo. “Las cosas se me fueron de control completamente. Espanté a mis amigos porque todo lo que me importaba era el sexo. Tenía una lista de gente con la que me acostaba regularmente, los llamaba ‘amigos con beneficios’, pero también dormía con extraños. Sé que me expuse a situaciones de mucha peligrosidad porque me iba a casa con personas que no conocía en absoluto”.

  

Cuando comenzó a llamar a su jefe desde la distancia para avisarle que no iría a trabajar, terminó, lógicamente, perdiendo su trabajo. Aunque él comprendió su adicción, no pudo seguir pagándole por una tarea que no cumplía. La vida se volvió más compleja y el tamaño de su adicción se le reveló en toda su peligrosidad.

 

Tratamientos inútiles

¿Cuánto sabemos acerca de la ninfomanía? En el Reino Unido funcionan 70 grupos por semana que tratan el tema de la adicción sexual. Dicen las encuestas que los casos en mujeres están aumentando en los últimos años. Y fue en uno de estos grupos en donde Sami encontró contención y respeto por lo que le sucedía. Previo a esto, las visitas a médicos, counselors y psiquiatras no dieron resultados muy notorios. Tampoco los ansiolíticos. Ningún novio resistía ese ritmo, hasta que apareció James.

 

Dios te salve James

“Ninguno de mis novios anteriores pudo soportarlo”, dice Sami. Pero James, al parecer, tenía un ritmo sexual que parecía satisfacerla. Cuenta él en la misma entrevista: “Al principio creía que me había sacado la lotería. Pero ahora veo que es sumamente agotador. Con todo, intento ser comprensivo”, explica.

 

En algunas ocasiones, ha tenido que mantener relaciones sexuales con ella hasta 40 veces en un fin de semana, algo que apenas pudo soportar. ¿Consumía Viagra? No lo sabemos.

“Disculpen, nos tenemos que retirar” decían en las reuniones sociales para tener sexo. Proveerle a su novia suficientes vibradores para los momentos de abstinencia y ser abierto en la cama es algo que la contuvo mucho. Es el mejor consuelo que ella encontró al momento, aunque confiesa cierto agotamiento: “Ahora estoy un poco más grande y me puedo cansar y sé que eso le baja mucho el ánimo a Sami. Trato de ser lo más comprensivo posible”.

 

(Clarín)