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Para tiempos nuevos, condiciones nuevas: 4 claves para el cambio de eje del mundo (+Britto García)
Diciembre 22, 2014
La Iguana Google Plus

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El escritor Luis Britto García ofreció, este fin de semana, un analisis sobre los puntos que representan un cambio en la geopolítica mundial que deben tomarse en cuenta para no repetir errores y garantizar, de esta manera, la paz y la justicia en lo que sigue de este siglo XXI.

 

Cambiar el eje del mundo

 

Por Luis Britto García

 

1) En el siglo XVIII se burlaba Voltaire en su Diccionario filosófico de la ignorancia de los occidentales que confundían la Historia Universal con la de una docena de tribus en Oriente y otra docena de reinos en Europa. Ese espejismo eurocéntrico se ha vuelto insostenible. A principios de octubre de 2014 cambió de posición el eje del mundo. El FMI reconoció que la República Popular China es la primera economía del mundo, con un PIB de 17,6 billones de dólares, que supera los 17,4 billones de Estados Unidos (para los anglosajones un billón es un millón de millones). Se preveía eso para el año 2020; la poderosa economía comunista adelantó seis años, y el FMI calcula que para 2019, el PIB chino será de US$26,9 billones y el de EEUU, de US$ 22,1 billones (http://www.estrategiaynegocios.net/lasclavesdeldia/756104-330/china-supera-a-eeuu-y-ya-es-primera-econom%C3%ADa-mundial).

 

2) Michael Snyder destaca etapas de esa ascensión. En la década pasada, la economía china creció siete veces más que la de Estados Unidos, mientras que el PIB de estos disminuyó constantemente. El déficit comercial estadounidense con China es 27 veces mayor que en 1990. China detenta las mayores reservas de divisas del mundo (Russia Today, 19/11/2014). Añadamos que posee más de un tercio de la deuda exterior de EE.UU., la cual sobrepasa el 107% del PIB de ese país, mientras que la China se sitúa en un modesto 4,11% de su PIB.

  

3) No es solo el indetenible crecimiento de China lo que desplaza el eje del mundo al Pacífico. Los tres más ricos países emergentes del Brics (Rusia, India y China, están en Asia). En dicho continente habita cerca del 60% de la humanidad. Tras el paso de EE.UU. a segunda economía del mundo, Japón es ahora la tercera, a pesar de su crisis y su deuda de más de 200% del PIB. Las dos Coreas son potencias industriales. La Asociación de Naciones del Sureste Asiático (Asean) incluye una decena de países con un PIB conjunto de 1.173.000 millones de dólares. No solo exportan maquinarias o bienes de consumo inmediato: llevan milenios creando complejas, ricas y profundas culturas que no podemos seguir ignorando como posdatas o notas al pie de página de la estética o el pensamiento universal.

 

4) ¿En qué condiciones ha de participar América Latina y el Caribe en las crecientes e intensas relaciones con el Pacífico? Así como nos libramos del Alca, debemos evitar atarnos con tratados de libre comercio que nos impidan defender nuestra ecología o proteger nuestra agricultura e industrias. Nuestras economías deben privilegiar la diversidad y el autoabastecimiento y no la monoproducción exportadora que fomenta la dependencia. No debemos reincidir en la suscripción de los infames “tratados contra la doble tributación”, que confieren inmunidad tributaria a las transnacionales que obtienen ganancias en nuestros territorios para que paguen sus impuestos en sus países de origen. No debemos suscribir tratados de promoción y protección de inversiones que confieran mayores ventajas al capital foráneo que al nacional, le permitan contratar la no modificación de regímenes fiscales y sometan las controversias sobre contratos de interés públicos a cortes u órganos arbitrales internacionales. No debemos permitir la creación de zonas francas donde se suspenda la aplicación de las leyes que protegen a los trabajadores y a las economías nacionales. No debemos contraer deuda pública en condiciones aparentemente ventajosas pero variables a voluntad del acreedor. En resumen, no debemos repetir las situaciones desastrosas que nos impusieron las hegemonías estadounidense y europea. Para tiempos nuevos, condiciones nuevas. En el umbral de un nuevo milenio, debemos asegurar que desde sus primeras décadas esté signado por la paz y la justicia. 

 

(ÚN)