A raíz de la caída de un rayo sobre la cúpula de la iglesia Santa Bárbara en agosto de 2014, el agua de lluvias posteriores se filtró por las fisuras que dejó el estallido y bajó a través de las paredes al interior del altar mayor desconchando la pintura en algunas partes haciendo emerger los vestigios de unos antiguos frescos, cuyo origen se desconoce.

  

El padre José Gregorio Andrade, párroco del templo, contó que los dibujos fueron descubiertos a mediados de 2014 cuando, por curiosidad, “comencé, con mis manos,  a rasgar la pintura que empezaba a levantarse por efectos de la humedad. El descubrimiento me llamó la atención y dimos parte al Centro Rafael Urdaneta (CRU), que a su vez notificó a Acervo Histórico que se encargó de iniciar los estudios pertinentes, pero por falta de presupuesto, no se ha continuado”, sostuvo.

 

Según el padre, diversos expertos en arte han desfilado por la iglesia tratando de analizar los frescos, pero no han logrado develar con exactitud sus características fundamentales como edad, autor, temática y otras atribuciones esenciales para su definición. Según inspecciones preliminares, siete capas de pintura cubren esta obra de arte.

 

“No hemos encontrado ningún registro en los archivos que nos den pista sobre esos frescos y seguimos esperando que llegue el presupuesto para que el CRU, o Acervo Histórico, que asumió esa investigación, siga indagando sobre su origen”, dijo el padre.

 

Indicó que solo encontraron una fotografía, en blanco y negro tomada en un bautizo en 1947, donde se aprecia al fondo dos rosetones, “pero no arrojan mayores indicios sobre el origen de los frescos, solo que para  esa fecha ya estaban pintados allí”, agrega.

 

“Presumimos, dice el párroco, que todo el interior de la iglesia está cubierto con esos frescos. De ser así, estaríamos frente a una obra semejante a la de Miguel ángel en la Capilla Sixtina”, expresa.

 

Según expertos, siete capas de pintura cubren los frescos.
  

 

Carlos González, quien lleva 36 años como sacristán de la iglesia, sostiene que esos frescos deben estar allí desde 1861 cuando se construyó el templo, pero en 1957 se modernizó la iglesia y se cubrieron con la primera capa de pintura.

 

“Recordemos que esta capilla era de enea y caña y esos techos fueron sustituidos por el actual. Esos cambios debieron motivar la cobertura de los frescos con pintura para modernizar el templo”, supone el trabajador.

 

El descubrimiento de las pinturas ha despertado la curiosidad de los feligreses, y público en general, “y hoy nos visitan muchas personas interesadas en verlas.  Esperamos que los organismos encargados de su rescate continúen con esos trabajos para ponerlos a disposición de todos”, resaltó el padre José Andrade.

 

Detrás del altar a la Inmaculada Concepción se aprecian dos rosetones en una fotografía de 1947.

 

(Panorama)

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