cuadro-perder-amigos.jpg

La amistad es una de las formas más refinadas del amor y, quizá por ello mismo, una de las menos sencillas de cultivar. No de emprender, porque un vínculo amistoso en ocasiones parece fácil de entablar con personas de nuestros ámbitos cotidianos, pero sí de sostener en el tiempo, pues en cierta forma ser amigo de alguien es en buena medida sobrevivir al paso del tiempo y el cambio de las circunstancias. Pasa que encontramos a alguien en la escuela, el lugar donde trabajamos, acaso también el barrio donde residimos, pero pasa que la vida nos lleva a tener otra ocupación, mudarnos, terminar los estudios, y más. ¿Y qué con las personas que nos acompañaron durante esas etapas y con quienes la convivencia cotidiana y el hallazgo de ciertas afinidades nos hizo próximos? Hay relaciones que se pierden; otras se conservan, pero más como ancladas en la nostalgia, con esa apariencia de vida que da la memoria de algo que se quiso; otras más, las menos, persisten, y los implicados son como esos cuerpos celestes que de tanto en tanto cruzan sus órbitas, sin nunca perderse de vista.

 

A este respecto, un equipo conjunto de investigadores de la Universidad de Aalto (Finlandia) y la Universidad de Oxford (Reino Unido) realizó recientemente un estudio sobre la edad en que, estadísticamente, una persona comienza a perder amigos.

 

Para averiguar esto, los científicos de la Escuela de Ciencias y el Departamento de Psicología Experimental de las instituciones mencionadas analizaron data proveniente de un operador europeo de telefonía móvil, en particular las llamadas realizadas por 3.2 millones de personas, de edad y género conocido, en períodos que fueron de 1 mes a 1 año.

 

El equipo analizó esta información y encontró un patrón singular. Tanto en hombres como en mujeres, las llamadas que se hacían a personas específicas con una frecuencia de al menos 1 vez al mes, comenzaban a disminuir hasta casi desaparecer a una misma edad: los 25 años.

 

Otros datos interesantes derivados de esta investigación son los siguientes:

 

-En cierto momento de la juventud, los hombres llaman a más personas que las mujeres, presumiblemente porque están en busca de parejas sexuales.

 

-A cierta edad, las mujeres se vuelven más sociables que los hombres: los 39 años; esto porque, según lo observado, es entonces cuando las mujeres parecen sostener más vínculos que los hombres: telefonean con frecuencia a alrededor de 15 personas por mes, los hombres únicamente a 12.

 

-Entre los 45 y los 55 años, el número de amigos vuelve a ser casi idéntico en hombres y en mujeres, pero son ellas quienes conservan una ligera superioridad.

 

Sin embargo, como bien apunta Cassie Werber en el sitio Quartz, cabe tener en consideración que, en nuestros tiempos, la amistad no se expresa necesariamente en una llamada telefónica (una práctica que en general es poco común de las nuevas generaciones), aunque no menos cierto es que alternativas como las redes sociales pueden dar una idea equivocada o poco precisa de qué es tener un amigo.

 

(pijamasurf.com)

Comentarios Facebook