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“Prohibido abrazarse”: denuncian cómo menores migrantes son tratados en un centro de detención en EEUU
Julio 23, 2018 - 241 Vistas
La Iguana Google Plus

Después de haber experimentado en primera persona la devastación causada por la separación de familias, un asistente social para jóvenes renunció a su trabajo en un centro de detención de Tucson para menores de edad sin acompañantes y está denunciando las condiciones inadecuadas de trabajo en las instalaciones del Centro de detención, la falta de entrenamiento en el personal y las políticas inhumanas que allí se implementan. Antar Davidson cuenta que decidió renunciar después de que le obligaran a decir a niños y niñas que habían sido separados de sus madres que no se abrazaran entre sí. Dicho centro de detención es administrado por la organización sin fines de lucro Southwest Key, que ya maneja 27 centros y ha obtenido la concesión para retener a cientos de niños y niñas separados de sus familias, algunos de los cuales son menores de 12 años, en una “cárcel de bebés” ubicada en un antiguo depósito y refugio para gente de la calle en Houston. Para conocer más sobre el tema, hablamos con Antar Davidson.

 

Transcripción (Esta transcripción es un borrador que puede estar sujeto a cambios)

 

AMY GOODMAN: Mientras aumenta la indignación por la práctica del gobierno de Donald Trump de separar a menores inmigrantes de sus padres en la frontera de Estados Unidos y México como parte de sus medidas represivas contra los inmigrantes y los solicitantes de asilo, Associate Press informó que cerca de 2.000 menores han sido separados de sus padres desde el 19 de abril. Además, The New York Times informa que algunos padres han sido deportados sin sus hijos y sin información sobre cómo se volverá a reunir la familia. Vamos a hablar ahora de Southwest Key, la organización sin fines de lucro que opera 27 instalaciones en California, Arizona y Texas, incluyendo las instalaciones en Brownsville que albergan a 1.500 menores. Ese es el lugar en donde al senador Merkley se le negó la entrada. Vamos a Tucson, Arizona, a hablar con un denunciante, un asistente social para jóvenes que renunció a su trabajo en el centro de detención de Tucson para menores no acompañados, administrado por la organización sin fines de lucro Southwest Key Programs. La organización también dirige las instalaciones de Brownsville y la propuesta “cárcel para bebés” en Houston. En total administra 27 instalaciones. Antar Davidson renunció después de que Southwest Key lo forzó a decirles a menores que habían sido separados de su madre y de sus hermanos, que no podían abrazarse. Antar Davidson, bienvenido a Democracy Now! ¿Puede explicar por qué dejó su trabajo la semana pasada?

 

ANTAR DAVIDSON: Claro, por supuesto. Gracias, en primer lugar, Amy, por invitarme al show. Solo quiero aclarar un poco la cronología de los eventos. Esa primera noche, cuando me dijeron que no se permitía abrazar, eso me impulsó a buscar cambios a nivel interno. Me comuniqué con un director regional, quien me aseguró que la mañana siguiente las cosas cambiarían, serían diferentes. Llegaron cuatro brasileños más. Y la situación fue extremadamente difícil para mí. Traté de ayudarlos, a través de la organización. Traté de hablar con la gente. Y a pesar de que soy ciudadano brasileño y de que he trabajado como traductor de forma profesional, no me permitieron ayudar. Realmente me impidieron ayudar en todo momento. Entonces pedí un permiso, un descanso, una semana libre, para procesar lo que había pasado. Y antes de eso, el director, el Dr. Juan Sánchez, hizo sus rondas y comenzó a pedir dinero. Y después de que me negaran el permiso que había solicitado, decidí presentar mi renuncia como una objeción de conciencia.

 

AMY GOODMAN: No entiendo lo que dijo, Antar.

 

ANTAR DAVIDSON: Querría agregar…

 

AMY GOODMAN: ¿Dijo que el director estaba pidiendo dinero?

 

ANTAR DAVIDSON: Sí. Básicamente, llamaron a reuniones obligatorias en nuestras instalaciones, tres reuniones obligatorias diferentes. Y él dijo inicialmente que necesitaban 500 personas más. Dijo que bajarían la proporción actual de un trabajador por cada cinco menores, a una proporción de uno a tres en la atención y cuidado de niños de “tierna edad”. Se refería a la cantidad de personas asignadas al cuidado y atención primaria por cada menor. Entonces, habría más personal para cuidar de esos niños y niñas más pequeñas. Él dijo que necesitábamos 500 nuevo empleados. Luego contó una historia sobre un menor que había ingresado a una instalación con un caso grave de acné y cómo eso le afectó bastante. A pesar de que él gana más de un millón de dólares, entre él y su esposa, dólares que vienen de impuestos federales, dijo que se sintió tan mal porque no podía hacer nada por este niño con acné, y luego básicamente presentó este programa de donación para empleados, en el cual se insta a los empleados y al personal a donar 10 dólares de cada cheque de pago o una contribución única de 240 dólares. Luego habló otra persona para reforzar ese programa, mientras pasaban papeles para que las personas firmen las donaciones en sus cheques. Quiero aclarar que más allá de los los graves problemas actuales de la política de “tolerancia cero”, no debemos pasar por alto la responsabilidad de este director que ha estado ganando más un millón de dólares durante los últimos cinco años, a raíz de la detención de menores, de menores inmigrantes vulnerables.

 

AMY GOODMAN: Antar, ¿puede hablar sobre lo que ocurrió? Usted dijo que habla portugués, que es brasileño. Hable sobre el momento en el que estaba con esos niños, sobre qué fue lo que lo perturbó. Descríbanos la escena.

 

ANTAR DAVIDSON: Fue casi un día entero en que la organización se mostró como un lugar sin compasión pese a que asegura ser una organización humanitaria sin fines de lucro. Los menores fueron separados de su madre. Y al día siguiente, a las 2:00 de la mañana, dejaron una instalación que creo estaba en Texas. Llegaron a las instalaciones de Tucson a las 9:30 de la mañana, después de no haber dormido durante toda la noche. Fueron bañados y alimentados, y luego pasaron por el proceso de admisión. Mi turno comenzó a las 14:30. Eventualmente pude empezar a hablar con ellos. Nadie hablaba portugués. Hay un servicio de traducción telefónica, pero no funciona muy bien. Entonces, apenas empecé a hablar en portugués, el hermano mayor comenzó a llorar. Y él me explicó que pensó que su madre había desaparecido. En Brasil, cuando el gobierno te dice que alguien ha desaparecido, eso tiene una connotación muy diferente a la que tiene aquí. Esencialmente significa que está muerto. Así que tuve que convencerle primero de que su mamá no estaba muerta, y luego, básicamente, empezar a intentar explicarle, sin mucha información concreta en realidad, donde estaba su mama, en qué tipo de lugar. No sabíamos lo que estaba pasando. Quienes están a cargo de los casos no sabían nada. Entonces, después de eso, me dijeron que los debía supervisar en un salón de clases. Eran un hermano de 16 años de edad, una hermana de 10 años, y un hermano menor de ocho, que estaban junto a una niña guatemalteca de cinco años que vino con ellos desde Texas y se hizo había hecho amiga de la hermana. Alrededor de las 4 de la tarde, empezaron a hacerme preguntas. Me preguntaron si podían dormir en una cama. Estaban muy cansados. No habían dormido en toda la noche. Acababan de ser separados de su madre. Y le pedí a la administración si podía conseguir camas para que pudieran dormir. Me dijeron: “negativo”. Ni siquiera me dieron una razón. Y me vi obligado a ofrecerles barrer el piso para hacer espacio y que pudieran dormir en el piso, lo cual me hizo sentir extremadamente asqueado. Y eso fue sólo el comienzo. Después de haberles pedido que durmieran en el piso y de barrer el piso. fui a dar mi clase de capoeira, que usualmente doy en Southwest Key. Más tarde, en la noche, no fue hasta las 8 de las noche que a los niños se les asignaron habitaciones. En español e inglés, empezaron a tratar de explicar a los niños que todos iban a ser separados, los tres de los hermanos estarían en habitaciones diferentes. Ellos respondieron a eso aferrándose el uno al otro y llorando. Me llamaron entonces por la radio, y me dijeron: “Antar, ven aquí Tienes que decirles que no pueden abrazarse. No pueden abrazarse”. Entonces, dije: “No sé si voy a hacer eso, pero estoy en camino”. Llegué y vi a los tres hermanos aferrándose entre sí, como si su vida dependiera de ello, con lágrimas cayendo por su rostro. Me acerqué al hermano mayor y le dije en portugués: “Hermano, tienes que ser fuerte”. Y se volvió hacia mí con lágrimas corriendo por su rostro, y me dijo: “¿Cómo? ¿Cómo puedo ser fuerte? Mira a mi hermano. Mira a mi hermana. Están tratando de separarnos de nuevo”. Y no supe que hacer, simplemente bajé la cabeza. No sabía qué responderle.

 

AMY GOODMAN: Antar, ¿cuántos años tienen estos niños?

 

ANTAR DAVIDSON: Y en ese momento, la persona a cargo del turno…

 

AMY GOODMAN: ¿Qué edad tienen estos niños?

 

ANTAR DAVIDSON: Estaba el hermano mayor que tenía 16 años, la hermana, que tenía 10 años y el hermano menor, que tenía 8. Entonces, en ese momento, la persona a cargo del turno corrió hacia mí y muy agresivamente me dijo: “¡Diles que no está permitido abrazarse! ¡Diles que no pueden abrazarse!”. Todo esto frente a otros niños, a otros empleados, todos estaban viendo lo que ocurría. Entonces, ella me gritó que les dijera que no se abrazaran, que no estaba permitido abrazarse. Esa es la regla en Southwest Key. Y mientras tanto, veo a estos niños, a la hermana y el hermano más pequeños, que están ahí pensando que van a ser arrancados de los brazos de su hermano, y al hermano mayor llorando porque básicamente no puede hacer nada. En ese punto, cuando ella me dijo que hiciera eso, le dije: “Lo siento, pero como ser humano, eso es algo que no puedo hacer. Puedes hacerlo tú si quieres”. Ante lo cual ella primero me dijo que me reportaría al supervisor, y luego fue directamente a donde estaban los niños y les dijo: “No pueden abrazarse. No pueden abrazarse”. Y él niño me miró, con el rostro lleno de lágrimas, como incrédulo de que eso pudiera ser cierto. En ese momento me di cuenta de que si continuaba en Southwest Key, al menos en ese centro, ellos me iban a ordenar hacer cosas que, viendo cómo responde el mundo, están en contra del código de moralidad de todos los humanos. Traté de hacer un cambio interno. Me puse en contacto con un director regional. Me di cuenta de que ese intento no iba a dar ningún resultado después de tres o cuatro días. Entonces solicité una licencia diciendo que necesitaba procesar lo que había ocurrido, que era muy impactante y traumatizante. Después de dos días, me negaron la licencia. Y en ese momento entregué mi renuncia como una objeción de conciencia al camino y la dirección que la organización estaba tomando.

 

AMY GOODMAN: Quiero volver a una declaración, publicada en YouTube, por la senadora estatal para el que trabajas, Antar, la representante del estado de Arizona Pamela Powers Hannley.

 

PAMELA POWERS HANNLEY: Soy la miembro de mayor rango en el Comité de Salud. En este comité, escuchamos proyectos de ley sobre seguridad infantil todo el tiempo. Creo que se debería permitir a los legisladores acceder a las instalaciones en Tucson para ver a los niños. Al menos 300 niños están detenidos en Tucson.

 

AMY GOODMAN: Antar Davidson, usted es director de campo de la representante del estado de Arizona Pamela Powers Hannley. ¿A ella no se le ha permitido visitar las instalaciones donde usted trabajó, a pesar de que es la demócrata de mayor rango en el Comité de Salud del estado de Arizona?

 

ANTAR DAVIDSON: Sí, y eso precisamente ilustra cuál es principal problema con estas instalaciones. A pesar de que reciben dinero estatal, muy buen dinero, dólares de impuestos estadounidenses, permanecen completamente en la clandestinidad. También quiero aprovechar esta oportunidad para darle realmente las gracias al senador Merkley. Cuando escuché lo que le sucedió, me sentí extremadamente empoderado, y eso realmente hizo que decidiera actuar. De nuevo, el principal problema que tienen estos centros de detención es su falta de transparencia, lo que les permite básicamente convertirse en una prisión.

 

AMY GOODMAN: Antar Davidson, quiero saber su opinión sobre las declaraciones de la portavoz de Southwest Key, Cindy Casares, quien emitió un comunicado a raíz de las preocupaciones sobre si la organización sin fines de lucro está preparada para recibir a niños que han sido separados de sus padres en la frontera y están lidiando con el trauma. Ella dijo: “Nuestro personal tiene una gran experiencia en la atención de este tipo de población. Tenemos estándares de desarrollo profesional muy altos. No podemos operar si no tenemos la cantidad de personal requerido por ley. … Durante los últimos 20 años hemos contratado personal que tiene experiencia en cuidado infantil o trabajo social, y están preparados para apoyar las necesidades emocionales y de desarrollo de todos los niños que llegan a nuestras instalaciones”. Antar Davidson, usted trabajó en esas instalaciones. ¿Esa es su evaluación?

 

ANTAR DAVIDSON: En nuestro centro, eso no ocurre. Mi experiencia personal es que un supervisor me preguntó si podía trabajar seis días a la semana en el futuro inmediato. Nos preguntaban, todos los días, “¿Podrían diez personas quedarse horas extras? ¿Podrían quedarse cinco personas?”. La mayoría de los que trabajamos en esto, tuvimos una semana de entrenamiento. La mayoría de los empleados antes trabajaban en restaurantes, o trabajaban en la construcción. Y creo que principalmente, a la par de la situación de los niños, hay un problema laboral. Southwest Key, que tiene grandes ganancias para su junta y el director, ha abierto sus centros en comunidades latinas de bajos ingresos, donde los trabajadores básicamente están dispuestos a aceptar un trabajo por 15 dólares la hora, eso es lo que ganan, sin otros beneficios, sin quejarse, ni sindicalizarse. El punto principal es que el servicio que se brinda corresponde al estado federal, y personas que asumen una obligación federal debe recibir apoyo a nivel federal. Entonces, estoy seguro de que quizás en otras instalaciones sea diferente, pero, desafortunadamente, en Tucson, las cosas no son como la portavoz dice. Creo, según otros artículos e informaciones que se están dando a conocer, que las cosas no son como ellos dicen.

 

AMY GOODMAN: Antar Davidson, desde que el fiscal general Jeff Sessions hizo su anuncio, es bastante impresionante lo que ha sucedido. El presidente Trump dice que esto no es su culpa, que es culpa de los demócratas. Pero el fiscal general explícitamente hizo este anuncio de tolerancia cero. El jefe de personal de Trump, Kelly, era antes el director del Departamento de Seguridad Nacional, dijo esto, al igual que otros altos asesores de Trump. Pero Trump dice que no es su responsabilidad. Ha aumentado el número de personas, niños, que han llegado a estas instalaciones. ¿Se alertó a Southwest Key de que esto iba a pasar?

 

ANTAR DAVIDSON: No puedo hablar sobre eso porque no estaba precisamente en la alta gerencia. Lo que puedo decir es que personalmente, a partir de mi experiencia, estaría más que feliz de hablar con el presidente Trump o el fiscal general Jeff Sessions y contarles qué efectos han tenido estas políticas en la práctica. De nuevo, me gustaría señalar que esto es básicamente un mal programa que se vio agravado por una idea horrible, un nuevo plan horrible. Entonces, la política de “tolerancia cero” a tenido graves consecuencias, pero, antes de eso, no podemos decir que la organización era buena antes de esto. Estamos hablando de una organización que durante los últimos cinco años ha ganado millones de dólares básicamente, a partir de detener a jóvenes.

 

AMY GOODMAN: ¿Y cuál es su opinión al hecho de que la organización sin fines de lucro para la que trabajaba, Southwest Key, abrirá lo que llaman una “cárcel de bebés” en Houston? El alcalde se manifestó en contra. El ex jefe de policía estuvo protestando ayer bajo la lluvia. La organización sin fines de lucro para la que trabaja, Southwest Key, está alquilando un antiguo refugio para personas sin hogar en Houston…

 

ANTAR DAVIDSON: Donde trabajaba…

 

AMY GOODMAN: …para encarcelar a niños y niñas en “edad tierna”, de menos de 10 años de edad, que han sido separados de sus familias.

 

ANTAR DAVIDSON: Sigan el dinero. Sí, sigan el dinero. Van a encontrar millones, en manos de distintas personas. Y creo que eso es tal vez lo más insidioso sobre todo esto. Ellos se presentan como una organización que hace una acción humanitaria y esto y lo otro. Y lo que hacen es prestar un servicio federal, asumir una responsabilidad federal, a cambio de un precio alto. Y deben hacerlo bien. No es algo por lo que deberían alabarse a si mismos, especialmente si les están pagando mucho dinero por hacerlo. Nuevamente, sigan el dinero. Están ganando mucho dinero a partir de esta situación. Es importante que hagamos responsables a todas esas personas. Y, básicamente, como nación, tenemos que integrar a las personas. Necesitamos proporcionar servicios de salud mental de calidad, particularmente porque estos niños y niñas están siendo reunificados e inscriptos en escuelas públicas. Si convertimos estas instalaciones en prisiones, si no les proporcionamos la educación adecuada y la preparación que necesitan, en la reunificación, básicamente estamos creando un canal desde la prisión a la escuela pública. Y eso será perjudicial para todos.

 

AMY GOODMAN: Antar Davidson, le agradezco por estar con nosotros. Antar Davidson es un denunciante, quien dejó su trabajo la semana pasada como asistente social de jóvenes en la instalación Estrella del Norte para menores no acompañados y separados de sus familias en Tucson, Arizona. La instalación es administrada por la organización sin fines de lucro Southwest Key Programs. Esa es la compañía que también administra una instalación con 1.500 niños en Texas. Davidson es también director de campo de la representante de Arizona Pamela Powers Hannley. Esto es Democracy Now!

 

(Democracy Now)