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Hace 64 años Sabaneta parió a un gigante: Ese es Chávez
Julio 28, 2018
La Iguana Google Plus

Hace 64 años, el 28 de julio de 1954, dicen que en una noche de lluvia, nació Hugo Chávez Frías en Sabaneta de Barinas, población ubicada en el corazón de los llanos venezolanos.

 

Niño campesino, adolescente beisbolista, joven soldado, hombre insurgente, líder firme y amoroso, faro de pueblos y revoluciones; a su vida bien podría dársele el mismo mote que el Libertador Simón Bolívar acuñó para sí: “El hombre de las dificultades”.

 

Supo sortear una infancia de pobreza y perseguir con vehemencia su sueño de jugar pelota. Incursionó en el mundo militar como una excusa para llegar a las grandes ligas pero el llamado de la patria y la indignación por un mundo de desigualdades lo hicieron cambiar de rumbo. “Salí de subteniente con un fusil y el libro del Che Guevara debajo del brazo”, le dijo al periodista Ignacio Ramonet, quien escribió la biografía Mi primera vida.

 

El país lo conoció el 4 de febrero de 1992 cuando con su “por ahora” asumió la responsabilidad por la rebelión cívico-militar de esa madrugada. Por primera vez su rostro se hacía público para la gran mayoría del pueblo, pero para ese momento ya Chávez tenía años de trabajo silencioso en los cuarteles reclutando fuerzas y corazones que como él soñaban con otro rumbo para el país y para el mundo.

 

El resto de la historia es harto conocida. Fue encarcelado y cumplió dos años de prisión en Yare. En 1994 fue liberado y su popularidad ascendió de forma meteórica. Prometió recorrer el país e ir hasta las “catacumbas del pueblo” y así lo hizo. En 1998 ganó la presidencia en medio de un inmenso fervor popular y acto seguido, tal como lo había prometido, convocó a una Asamblea Nacional Constituyente para refundar la República.

 

En 14 años al frente del país impulsó cambios históricos tanto a lo interno de Venezuela como a lo externo. Centró su política internacional en la solidaridad, en la integración de los pueblos del Sur y en la unión suramericana. Orientó que el grueso de los ingresos petroleros se dedicaran a la atención social del pueblo.

 

En una época en la se levantaba la bandera del “fin de la historia”, tuvo la osadía de declararse bolivariano, socialista y feminista, de llamar a la revolución mundial y de dar el protagonismo a los excluidos.

 

Chávez se le plantó a las grandes potencias y a los grandes capitales, y ese mismo carácter rebelde se lo insufló a su pueblo, esa misma masa de gente que en 2002, cuando lograron derrocarlo por menos de 48 horas, le puso el pecho a las balas y se jugó la vida saliendo a la calle a reclamar su regreso.

 

Amigo de los pobres, de los obreros, se ganó el odio de los grandes empresarios; amigo de las mujeres, de los negros, de los indígenas; se ganó el odio de los medios de comunicación mercantilistas y de las cúpulas académicas; amigo de los pueblos expoliados, se ganó el odio de los imperios. 

 

Partió el 5 de marzo de 2013. Tres meses antes se había despedido del pueblo con un mensaje que llamaba a la unión y exaltaba a la patria. La movilización popular para despedirlo fue igual que todo cuanto lo involucró mientras fue presidente: inédita. Durante más de una semana gente de todo el país peregrinó a Caracas a rendir honores y jurar lealtad al hombre que cambió el paradigma de los líderes.

 

Hoy lo siguen haciendo en el Cuartel de la Montaña 4F, en la parroquia 23 de Enero, donde reposan sus restos. Se trata del lugar desde donde comandó las acciones el 4 de febrero. Desde allí ilumina como un faro al pueblo que sigue soñando con una revolución irreversible y que, tal como él lo pidió, se siente encarnada en el Gigante.