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A las 7:00 de la mañana, un camión cargado de mineros se detiene en El Callao, un pueblo de 21.769 habitantes, ubicado el estado Bolívar, al sur de Venezuela. Allí, donde empezó la primera fiebre del oro en el país suramericano en 1870.

 

Los mineros descienden de la parte posterior del vehículo cargados con bateas de madera, picos, barras de metal, cinceles y botellas de agua vacías, y sorben el primer café del día en la bodega Las Madamas, nombre con el que se conocen a las matronas afrodescendientes de colonias británicas y francesas que emigraron junto a los sedientos de oro, y que se honran en un par de estatuas de trajes coloridos en la entrada del pueblo.

 

Aunque los libros digan que el nombre de El Callao proviene del celta, que quiere decir ‘guijarro, canto rodado’, sus habitantes aseguran que tiene otro origen: un minero que sacaba oro de las arenas del río Yuruari sin decirle a nadie, «que estaba callao’, que estaba escondido», como dice uno de los calipsos más populares de la zona. Por eso, cada vez que alguien descubre nuevas vetas auríferas, la gente suele ir detrás de una «bulla».

 

De una crisis a otra

En el estado Bolívar, entre 1870 y 1900, la producción del mineral llegó a superar las 2,6 millones de onzas (81 toneladas y media), refiere un estudio publicado por el Banco Central de Venezuela (BCV). La explotación tuvo su máximo esplendor en 1885, cuando el país produjo más de 5% de todo el oro del mundo, sin embargo, la inestabilidad política y financiera internacional precipitó el ocaso de ese esplendor.

 

En la actualidad, la minería sólo representa el 1,07% del PIB total del país, indica el BCV. El auge de la producción petrolera del siglo pasado cambió el patrón económico de la nación, que hoy depende casi exclusivamente de la exportación de hidrocarburos.

 

Pero, irónicamente, la caída sostenida de los precios del crudo ha forzado a Venezuela a mirar de nuevo la extracción de minerales como una alternativa para diversificar sus fuentes de ingreso. La propuesta es el Arco Minero del Orinoco.

 

Más allá del rentismo

Según su decreto de creación, publicado en febrero de este año, el Arco Minero del Orinoco abarcará 111.843,70 km² para la extracción de oro, diamante, hierro, bauxita, dolomita, caolín y otros minerales, que prevén «el estímulo sectorial de las actividades asociadas a los recursos minerales que posee el país», con la participación de 150 empresas mixtas de capital nacional y extranjero. La razón de fondo, refiere el texto, es «la necesidad de impulsar la transición del rentismo petrolero».

 

El decreto asegura que las actividades en el Arco Minero se harán bajo «los principios de desarrollo del ecosocialismo, cultura, tradiciones y costumbres ancestrales», pero en días recientes, algunos factores disidentes del chavismo interpusieron una demanda de nulidad contra la iniciativa, que fue admitida por la sala político administrativa del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).

 

Por su parte, la oposición venezolana -con mayoría en el Parlamento- ha sido consecuente con su política de bloquear cualquier iniciativa que proponga el gobierno del Presidente Nicolás Maduro para tratar de sortear la coyuntura económica que atraviesa el país. El 14 de junio pasado, si bien votaron por la creación de la zona estratégica, al día siguiente aprobaron un acuerdo para rechazarla.

 

(RT)

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