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Ojo con esto: Secretario de Defensa de EEUU está activo por Suramérica (+Fotos)
Agosto 16, 2018 - 361 Vistas
La Iguana Google Plus

James Mattis, secretario de Defensa de Estados Unidos, está de gira por América Latina. Ha dicho, entrevistado por corresponsales que acompañan a la comitiva, que “el objetivo es ser socios de otros militares en la región”. O lo que es lo mismo: reforzar su influencia militar en la zona, de la mano de sus ya conocidos “socios”. De ahí que la agenda tenga cuatro puntos marcados en el mapa: Brasil, Argentina, Chile y Colombia, con la mirada puesta, entre otros asuntos, en Venezuela.

 

Los cuatro países, junto a Perú, Paraguay y Ecuador (más reciente adición a sus sociedades al sur del continente) participaron en 2017 en ejercicios militares conjuntos con las fuerzas estadounidenses, bajo las figuras de “ayuda humanitaria”, “resguardo” ante escenarios de desastres naturales o, más directamente, afianzar la cooperación militar entre naciones.

 

En el mes de junio, mediante el auspicio del Comando Sur, realizaron “una maniobra multinacional de seguridad marítima y respuesta a desastres” que involucraba a países del Caribe, entre los que destacan Guyana, Grenada y Trinidad y Tobago por su cercanía con Venezuela.

 

En julio, Chile, Brasil y Argentina se unieron a unos 20 países en Perú, durante el ejercicio Unitas (Unidad) 2017 (lo hacen cada año desde 1960). También estuvieron Paraguay y Ecuador, en eso que desde Estados Unidos califican como “operaciones de estabilidad, asistencia humanitaria y misiones de socorro en la región”, y que también incluyó escenarios como guerra electrónica o “guerra antisubversiva”.

 

Para agosto, efectivos de las fuerzas aéreas colombianas y brasileñas formaron parte de los 25 países en el International Mobility Guardian (Guardián de Movilidad Internacional). Ejecutado a través del Comando de Movilidad Aérea (AMC, por sus siglas en inglés), tuvo como principal objetivo la preparación de las tropas aéreas estadounidenses para desplazarse a “cualquier locación”, un aspecto considerado “clave para la seguridad nacional”.

 

Esa tendencia no se ha detenido este 2018. De hecho, este lunes 13 de agosto las fuerzas aéreas de Colombia participaron en un ejercicio conjunto en el que “por primera vez en su historia”, según la embajada estadounidense en Bogotá, reabastecieron combustible en un avión del país norteamericano.

 

También en agosto, un ejercicio de “asistencia humanitaria” fue realizado entre El Salvador y Panamá. “Más allá del horizonte” (Beyond the Horizon) se enfocó en temas como la acción ante eventos con enfermedades infecciosas, que “son un gran problema para el Comando Sur cuando piensa en reforzar la protección de la salud en esta región”, dijo el teniente coronel Brian Neese, comandante del 346º Escuadrón de Operaciones Médicas Expedicionarias.

 

Nueva reinterpretación de la Doctrina Monroe

 

La premisa de que la seguridad nacional estadounidense es primordial y, sobre todo, extensiva al resto del continente, ha sido la principal consejera de la política exterior desde la aparición en escena de la Doctrina Monroe, que en apenas 5 años cumplirá su segundo centenario.

 

En su momento, presentarse como una posición “anticolonialista” con respecto a Europa le valió ganarse la aceptación a algo que a la postre se convertiría en la herramienta teórica para el pretendido dominio de toda la región a través de su presencia militar y adoptar esa actitud de policía internacional que tanto han aplicado durante los siglos XX y XXI.

 

De ella partió la intervención en Nicaragua, donde apoyaron logística y armamentísticamente a “los Contras” para derrocar al sandinismo (cerca de 40 mil muertes costó la iniciativa) con el tema de fondo de la jugada antisoviética. La defensa de Estados Unidos ante las acusaciones de Nicaragua se amparó en la supuesta llegada de armamento proveniente de la Unión Soviética.

 

Luego, antes de entrar en el nuevo siglo, otra etapa había comenzado. La idea de no inmiscuirse en asuntos europeos salvo en casos donde los intereses propios se vieran “seriamente” amenazados parecía menos atendida, particularmente luego de la incursión en Kosovo. Así, el ala más peligrosa de la política y la intelectualidad norteamericana clamaba por una reinterpretación de la Doctrina Monroe y su aplicación, considerando además como peligrosos los acercamientos económicos de China para la época.

 

Ahora, la decadencia interna y externa estadounidense, social y políticamente hablando, pero en especial económicamente, además de la merma de su influencia y control sobre el comportamiento global, han llevado a las altas esferas del establishment a reinterpretar nuevamente la Doctrina Monroe para ponerla al servicio de sus renovados intereses.

 

Primero, el riesgo que representaban Rusia y China se ha vuelto cada vez mayor en términos económicos, embarcadas ambas potencias en una cruzada para doblegar al dólar en el mercado internacional y así equilibrar la balanza de poderes. Y ahí entra precisamente la justificación, al considerarse como activa una “amenaza a la seguridad nacional”.

 

Por otra parte, el tema Venezuela sigue como deuda pendiente, toda vez que no solo el presidente Nicolás Maduro fue reelecto, sino que ha planteado las bases para un proyecto de recuperación de una economía que acusa los ataques externos duramente.

 

Además, la visita de Mattis ocurre precisamente después del fallido atentado que pretendía acabar con la vida del jefe de Estado y parte del tren ejecutivo y el Alto Mando Militar. Del mismo, las investigaciones llevan a dos lugares en particular como ejes de la planificación: Estados Unidos y Colombia, donde culmina la gira del secretario de Defensa.

 

Intereses manifiestos, intereses reales y contexto mínimo

 

Ya en marzo de este año, cuando Rex Tillerson se paseó por territorio suramericano como el entonces representante de la política exterior de la Casa Blanca, quedaban claras las intenciones de revitalizar la Doctrina Monroe (lo expresó de manera textual). Especialmente, para el secretario de Estado, la presencia comercial de China resulta una preocupación clara ante el declive de la hegemonía unilateral estadounidense.

 

Entonces, su visita buscaba sumar voluntades a la causa antichavista, bajo el esquema de respuesta ante la “crisis humanitaria” que han venido construyendo discursivamente desde 2016. Porque Venezuela es también una traba territorial y económica muy importante. Sus negocios con China, Rusia y, luego de que la CIA promoviera un golpe de Estado contra Recep Tayyip Erdogan, Turquía se ha acercado también.

 

Ahora, la llegada de Mattis refuerza ya desde el ámbito militar esos esfuerzos. En parte, su paso por el territorio es también un mensaje: se dispuso a verificar de primera mano la disposición de cooperación y servilismo de los gobiernos recientemente instalados que les son ampliamente favorables a los intereses del complejo industrial-militar.

 

En Argentina, reiteró que una de las actividades conjuntas a reforzar es la de la actuación ante “desastres”, mientras que el ministro de Defensa argentino, Oscar Aguad, recordó la actuación estadounidense en el caso del submarino ARA San Juan como un precedente que demuestra el valor de su socio militar.

 

Pero, además, aprovechó para lanzar un dardo dirigido a los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, citado por el Ministerio de Defensa en su cuenta en Twitter: “Si bien la Argentina se había apartado durante varios años de sus leales socios y amigos, hemos regresado al camino del que no debimos alejarnos”.

 

Ese retorno de las viejas relaciones con el aparato militar burocrático de los Estados Unidos se ha traducido en luz verde para Mauricio Macri a la instalación de bases militares estadounidenses en territorio argentino, algo ya consolidado, por ejemplo, en Colombia: las siete bases entre los mandatos de Uribe y Santos son más que gráficas. En todos los casos, la premisa es simple: el Pentágono manda una línea de acción política, el país servil negocia su propia soberanía a cambio de sacar algún provecho económico y la garantía de apoyo militar estadounidense.

 

No en vano una de las primeras evaluaciones que dio tras pisar Brasil fue la necesidad de tener “cuidado” al escoger sus socios, mientras veló un esfuerzo por redireccionar las relaciones brasileñas en sentido opuesto a China, socio del BRICS: aseguró que su país y Brasil, como el resto de naciones del continente, “tienen intereses basados en una historia compartida en términos geográficos, democráticos”, mientras que otros (caso chino extensivo a los otros anteriormente mencionados) “no pueden decir lo mismo con credibilidad”.

 

En el mapa de asedio contra Venezuela, en el que se maneja de manera cada vez más entronizada la etiqueta de “desastre humanitario”, la gira de Mattis podría significar que los esfuerzos operativos con relación a una eventual intervención en nuestro país se aceitan, sin caer tampoco en la alarma innecesaria, junto a la adherencia de otros gobernantes (con el Grupo de Lima a la cabeza) que estarían dispuestos a apoyar medidas de mayor peso para presionar al gobierno del presidente Nicolás Maduro.

 

Además, recordemos que en septiembre del año pasado el Congreso estadounidense pidió al Pentágono estar preparado ante una eventual agresión militar, de carácter “humanitario”, que tendría como objetivo Venezuela. En todo caso, los preparativos del secretario de Defensa no dejan de desestimarse en tanto amenaza sobre el país con las reservas de petróleo, junto a algunos minerales, más grandes del mundo.

 

No en balde el ahora presidente colombiano, Iván Duque, prometió acabar con Unasur, institución de integración regional que obliga, en caso de que un país miembro fuera atacado militarmente por actores externos, a responder la beligerancia de manera proporcional. Un escenario que parece improbable, pero del que todos debemos tener conocimiento, pues guerra avisada no mata soldado.

 

(Misión Verdad)