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Isabella (nombre ficticio) tiene cinco años y la mirada perdida. Camina de la mano y al paso presuroso de su abuela materna, al tiempo que arrastra —por un brazo— una muñeca de trapo que pareciera que le impusieran cargar.

 

Se dirige al consultorio de la psicóloga infantil que la trata desde hace ocho meses. Sus familiares y la experta intentan que sane de un trauma que la mantiene retraída, con pesadillas constantes, irritable, y haciéndose pipi de nuevo en la cama: su papá la violaba desde que cumplió los cuatro.

 

El caso —al igual que los 64 que registra el Consejo de Protección del Niño, Niña y Adolescente (Cpnna),  en lo que va de año— sucedió en la capital zuliana, el último trimestre del 2015. La pequeña era abusada sexualmente por su propio padre, un médico marabino, cuyo proceso penal no trascendió a “vox populi”.

 

Los abuelos maternos fueron quienes descubrieron la terrible tragedia, al notar molestia en las partes íntimas de la pequeña cuando la bañaron durante una de las pocas visitas que el galeno permitía a su casa. La niña contó todo. La madre aseguró que no sabía nada.

 

Los registros de la institución —que vela por la garantía y restitución de los derechos de los menores en Maracaibo— revelan que la situación se repite con mayor frecuencia este año. De las 64 denuncias recibidas por el ente, 70% señala como victimarios a algún miembro directo del entorno familiar, en su mayoría padrastros, tíos, abuelos, primos y padres biológicos; o algún allegado indirecto: vecino o amigo de la familia. Solo en un caso el abusador fue un empleado de un colegio, explica la coordinadora general del Cpnna, Lorena Borjas, quien considera que el delito debe manejarse como un crimen.

 

El caso más reciente ocurrió el miércoles pasado, cuando un menor de 17 años, presuntamente, abusó de su primita de 12,  en el barrio El Despertar, al oeste de Maracaibo. El muchacho fue golpeado por los vecinos de la comunidad. Murió el jueves en el HUM.

 

Isabella, o esta menor de 12 años, representan la proporción estimada por la Unicef en los países occidentales: una de cada cuatro niñas y uno de cada seis niños sufren de algún tipo de abuso sexual.

 

La dramática situación estremece en el Zulia, en donde el secretario regional de Seguridad y Orden Público, Biagio Parisi, estima que se reporta un promedio de cinco de estos eventos al mes; sin tomar en cuenta que el subregistro del delito es mucho mayor por la ausencia de denuncias, escenario que bien claro deja la Unicef cuando destaca que el 60% de los casos queda oculto y solo un tercio de los chicos afectados rompe el silencio.

 

Andrés (nombre ficticio) no fue parte de ese tercio. El trabajador social, ahora con 27 años, escondió siempre los abusos sexuales que sufrió, por parte de un primo, desde los siete hasta los 11 años. “Él me amenazaba con hacerle lo mismo a mis hermanos menores o hacerle daño a mis papás. Él tenía 16 para entonces. Yo no me atrevía a hablar por miedo. Después, cuando iba teniendo más conciencia, por vergüenza. Fui criado bajo una cultura machista, y pensaba que pedir ayuda para protegerme era un motivo para que los demás me destruyeran”, lamenta ahora, mientras recuerda que la situación cesó cuando se mudaron de ciudad.

 

Tanto Borjas como Parisi coinciden en que el silencio no debe instalarse. “¡Es necesario denunciar!”, insiste la coordinadora del Cpnna, mientras agrega que debe haber una mejor campaña de prevención del delito y de llamado a no ocultar el crimen.

 

“Es un tema que tiene que ver con el deterioro de la sociedad, la falta de valores, situaciones puntuales que alteran la conducta, como el consumo de alcohol o drogas. Pero la acción inmediata debe ser la denuncia, sin miedo, ante los organismos de seguridad para que actúen y el violador se dé cuenta de que no es un delito que queda impune”, expone Parisi antes de agregar que así como se ve en zonas rurales y extraurbanas, también se ve en la ciudad, inclusive en las mejores zonas.

 

Una muestra es reflejada entre las cifras del Cpnna, donde se destaca a las parroquias Cacique Mara y Juana de Ávila con la mayor cantidad de casos en lo que va de año: ocho y siete, respectivamente. “Idelfonso Vásquez” también tiene siete denuncias, al igual que “Venancio Pulgar”. Le siguen las parroquias Antonio Borjas Romero y Cristo de Aranza, con 6. 

 

“A veces el delito se descubre en audiencias por solicitud de custodia. Y es indagando para otorgar el beneficio cuando sale a relucir que el menor ha sido abusado sexualmente”, revela con asombro la doctora Lisbeth Bracamonte, delegada regional de la Defensa Pública en materia de Protección al Niño Niña y Adolescente, mientras recuerda el caso de dos hermanas, de 13 y 16 años, que eran violadas por el abuelo materno.

 

“La de 13 era abusada desde los 9 y fue quien se atrevió a hablar”, al igual que un niño de dos años que señaló a su propia mamá. “Ella ya fue imputada. La denunció el abuelo del niño. Cuesta creer que casos así existen”, lamenta.

 

La abogada penal María Teresa Arrieta destaca que “la  violación en menores es un tema extremadamente delicado por tener la particularidad de ser, algunas veces, manipulado o manipulable”. “Cada situación es muy particular y debe ser muy bien estudiada, tomando en cuenta sus agravantes. Las penas son bastante altas: van de 15 a 20 años de cárcel, según el Código Penal venezolano y la Ley Orgánica de Protección al Niño, Niña y Adolescente”.

 

Mientras el padre de Isabella se enfrenta a su proceso legal, la pequeña sigue yendo a sus terapias para superar el trauma, uno que jamás se olvida, según los propios expertos en el tema. Otros menores, en peores condiciones, ni siquiera han podido denunciar y siguen siendo víctimas de este delito silenciado.   

 

(Panorama)

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