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“Lo imagino desde cuando supe que existían los deportes y me involucré en ellos, el día de mi final olímpica ha estado siempre en mi mente como el más grande y llegó el momento de recibirlo”, había declarado ayer Yulimar Rojas, campeona mundial de salto triple bajo techo y ganadora de la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Río.

 

A la agencia EFE, Rojas le había comentado ayer: “Estoy feliz, desde que salí de mi casa para irme a entrenar con el entrenador Iván Pedroso la meta fue alcanzar una final olímpica. Mañana no solo estaré en ella, sino que seré candidata para subir al podio”.

 

Con la frescura de sus 20 años, Yulimar cautivó el sábado a los comunicadores en la zona mixta del estadio, los atendió casi uno por uno y a todos le respondió amable, mientras acomodaba en su espalda una mochila que le dio aire de estudiante.

 

“Las cosas se me han dado rápido, soy muy joven, ya estoy entre las mejores y me siento muy agradecida. Esta mañana cometí algunos errores y sentí molestias musculares, pero en la final estaré lista para hacer lo mejor que sé”, insistió entonces.

 

Acostumbrada a tomar la iniciativa, un día buscó en las redes sociales al campeón olímpico Iván Pedroso y se llenó de asombro cuando, al encontrarlo, el cubano le dijo que la seguía y le propuso irse a entrenar con él.

 

Fue así que Yulimar dejó Venezuela, el país que ahora sintió como una brisa capaz de impulsarla en el cajón de saltos. “Aprecio el apoyo de la gente de mi tierra y lo asumo bien”, dijo cuando le preguntaban si la presión de su gente podía desconcentrarla.

 

“Después de este domingo nada será igual”, había asegurado el sábado, con la alegría y el agradecimiento de quien se siente a punto de dar con un amor que se quedará para siempre. Palabras proféticas para la joven medallista.

 

(EFE)