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“Sin una visión descolonizadora repetiremos los errores del socialismo del siglo XX”: Ramón Grosfoguel para LaIguana.TV
Octubre 29, 2018 - 808 Vistas
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El pensador puertorriqueño Ramón Grosfoguel tiene muy claro que el pensamiento crítico europeo, y con este las izquierdas occidentalizadas, se quedaron en un nivel intermedio del análisis: han centrado sus críticas en el sistema político explotador, en el capitalismo, sin abarcar la civilización que lo sustenta.

 

“No estoy negando el sistema capitalista, sino ofreciendo una visión más amplia –dice-. En la izquierda occidentalizada se piensa que el problema central es el económico, la explotación del trabajo, y que al resolver eso, se resuelve todo lo demás. Reducen todos los otros problemas al afán de ganancias del sistema”.

 

Grosfoguel participó en las sesiones que realizó en Caracas la Escuela de Pensamiento Crítico Descolonial. En un paréntesis de las deliberaciones, conversó con LaIguana.TV y ofreció una especie de clase especial.

 

El punto medular planteado por Grosfoguel es que el socialismo del siglo XX se construyó con la idea de que cambiando el sistema económico se resolvían todos los problemas del mundo. “Si vamos a construir el Socialismo del Siglo XXI con ese mismo paradigma, estaremos repitiendo los errores que lo condujeron al fracaso. Necesitamos una mirada crítica descolonial de esa experiencia histórica. No es suficiente hacer un lema del Socialismo del Siglo XXI. El problema mayor fue que aquellos eran proyectos de izquierda con epistemologías de derecha, reproducían todo el paradigma de la modernidad occidental”.

 

El entrevistado propone cambiar la geografía de la razón, es decir, en lugar de ver el proceso histórico desde Europa, que se le vea desde Nuestra América. Así ya no se verá a Europa expandiéndose, sino a Europa llegando. “Los indígenas no vieron llegar solo un sistema económico, sino un sistema civilizatorio: una religión, una manera de relacionarse los seres humanos con la naturaleza, una manera de relacionarse los seres humanos entre sí, una formas de patriarcado de la cristiandad, formas de racismo… Cosas que no existían en América. Acá no había patriarcado ni racismo ni capitalismo. Eran civilizaciones completamente diferentes, con formas comunales de organización social, política, económica”.

 

Grosfoguel, quien se desempeña como profesor en la Universidad de Berkeley, California, Estados Unidos, agrega que tanto en América como en el resto del mundo “habían existido y seguían existiendo, para 1492, muchas otras civilizaciones diferentes a la europea, pero se ha pretendido hacer creer que las formas de dominación de la modernidad presente han sido las mismas desde Adán y Eva. Eso no es cierto. Lo que se exporta para acá como proyecto civilizatorio es el modelo europeo de la cristiandad, oscurantista, patriarcal, represivo y racista. Esa civilización moderna occidental, cuyo sistema económico es el capitalismo, colonizó todo el planeta, destruyó todas las otras civilizaciones y se impuso como civilización planetaria en la que ahora estamos todos”.

 

El marxismo prisionero del eurocentrismo

 

Grosfoguel estima que el marxismo, en el siglo XX, logró dar una respuesta parcial al desafío que estaba planteado. “Las corrientes más avanzadas apenas alcanzan a reconocer que todas esas expresiones (racismo, patriarcado, etcétera) están presentes, pero se las atribuye a la esfera de la superestructura producida por el capitalismo. Por eso cree que si se suprime la lucha de clases y se elimina el capitalismo, todo eso desaparecerá. En mis discusiones con (Immanuel) Wallerstein y Giovanni Arrighi, y con los grandes maestros de la economía política del sistema-mundo, siempre les preguntaba por qué solo hablaban de la acumulación del capital, de la división internacional del trabajo y, como mucho, del sistema de estados de centro y periferia, dejando por fuera las otras estructuras de dominación del sistema, como el conocimiento, las visiones de género, sexualidad, racismo. La respuesta de ellos es que el componente económico era lo único nuevo, porque lo otro ya existía en Europa. Ese es el peor de los eurocentrismos: pensar que la historia europea es la historia universal. Eso no es cierto. En el resto del mundo había civilizaciones muy diferentes. Para el resto del planeta era nuevo todo, no solo la parte económica”.

 

-¿Las vanguardias de la izquierda latinoamericana que desarrollaron experiencias electorales exitosas la década pasada están conscientes de eso?

 

-El paradigma de la izquierda, tal como la conocemos, sobre todo la izquierda occidentalizada, parte de esa geopolítica del conocimiento, de esa mirada europea del mundo. Nosotros absorbimos esa visión, estamos pensando desde allá, no desde acá. Somos el 80% de la humanidad y nos orientamos con el paradigma del 20%.

 

Grosfoguel explica que la visión eurocentrista se expresó también en el marxismo del siglo XX, que se basa en una interpretación muy limitada de Marx pues, según las investigaciones de Enrique Dussel, existen alrededor de 140 volúmenes desconocidos, no publicados, del teórico alemán.

 

“El capitalismo es genocida, es epistemicida, es ecocida porque está organizado desde adentro, no como superestructura sino como infraestructura por las lógicas civilizatorias de la modernidad occidental. Es un capitalismo histórico, no abstracto. No es el punto de partida para entender el mundo en que vivimos. Es la civilización moderna, que es de muerte, como lo recuerdan todos los días los indígenas del mundo. Matan millones de personas no solo en intervenciones militares, sino en la expoliación cotidiana. Es la modernidad occidental la que está destruyendo el mundo. Si el capitalismo hubiese sido construido desde otras lógicas civilizatorias tal vez tendría otras configuraciones. No sabemos cómo sería. El capitalismo organizado por las lógicas civilizatorias modernas occidentales es genocida, porque va haciendo matanzas desde 1492; es ecologicida, pues está organizada con la concepción dualista del cartesianismo occidental, que separa al ser humano de la naturaleza; y es epistemicida, porque destruye el pensamiento de todo lo que es distinto”.

 

El pensador puertorriqueño explica un poco más el punto: “Toda tecnología tiene cosmología. La de los últimos 400 años es dualista cartesiana que parte de la visión de que los humanos, ontológicamente, estamos aquí, y las otras formas de vida están por allá. Por eso, cuando se destruyen las otras formas de vida no se supone que el ser humano se está destruyendo a sí mismo porque están concebidos como separados. Ninguna civilización anterior tuvo la estupidez de organizarse bajo esa visión dualista. Todas tenían visiones heurísticas de la relación entre la vida humana y las otras formas de vida. Todas concebían que hay un cosmos dentro del cual estamos todos por lo que todo lo que nos rodea es condición de la posibilidad de la vida. Si destruimos el entorno nos destruimos nosotros y destruimos el planeta. No se trata entonces solo de que el capitalismo tiene un afán voraz de riqueza. Es que la tecnología que produce el capitalismo está informada por una cosmovisión dualista que es destructora de la vida. Si no nos descolonizamos de todas esas visiones tenemos los días contados. La descolonización no es una opción, es una necesidad. No podemos organizarnos contra el capital nada más porque podríamos estar luchando contra el capitalismo desde una perspectiva racista o sexista o cristinocéntica o patriarcal o dualista cartesiana y entonces estamos reproduciendo todo aquello contra lo que estamos luchando”.

 

-¿Eso le ha pasado a las vanguardias latinoamericanas?

 

-A las latinoamericanas y a las de  todo el mundo. Estamos mirando el mundo con los lentes del eurocentrismo, en este  caso de izquierda. El socialismo del siglo XX reprodujo todo los problemas contra los que estaba luchando. No resolvió ni siquiera el problema económico porque si luchas contra el capital reproduciendo las lógicas civilizatorias de la modernidad occidental, se corrompe tu lucha.

 

-¿Es lo que le está pasando a China, por ejemplo?

 

-Por supuesto. El socialismo del siglo XX y los movimientos de liberación eran antiimperialistas y anticoloniales, pero no eran descoloniales. A la hora de triunfar, tomaron el poder, destruyeron el poder imperialista, el poder colonialista, pero al construir se agarraron de los paradigmas eurocéntricos y repitieron todo. Otro ejemplo: el Estado moderno de la civilización occidental debe ser superado porque va contra a organización del pueblo y siempre deja las decisiones en manos de una élite. Chávez eso lo tenía clarísimo y de allí que planteara el horizonte  de la comuna, como una salida al entrampamiento del Estado moderno. No se trata de destruirlo en una noche, esa es una visión anarquista. Pero debes tener el horizonte de la comuna hacia el cual caminar. Claro que se debe ocupar el Estado moderno para interrumpir las lógicas de dominación neoliberales, pero no es una solución en sí mismo porque es un Estado de la sociedad moderna occidental que reproduce todos los problemas del capitalismo, del racismo, del patriarcado, de las lógicas destructivas de la vida. Cuando abres los ojos estás construyendo un monstruo de siete cabezas.

 

El capitalismo no existe

 

Grosfoguel aplica la técnica de la exageración pedagógica para remarcar su planteamiento central. Afirma que en realidad, el capitalismo no existe. “Lo que existe es el capitalismo histórico, que está imbricado en el entramado civilizatorio de la modernidad occidental. No es una cosa insulada, independiente de lo otro. Esas lógicas de la modernidad destructiva de la vida son constitutivas del sistema capitalista. Si no te descolonizas de esas visiones eurocéntricas y si no produces un paradigma distinto, descolonial, desde el Sur global, una cartografía del poder diferente a la izquierda eurocéntrica, estamos perdidos. Algunos compañeros más cercanos a esa visión del siglo XX se asustan cuando nos oyen porque creen que estamos negando la explotación del capitalismo o que lo estamos poniendo como algo que no tiene importancia. Al contrario, nosotros planteamos que es todavía peor de lo que se planteaba en aquellos paradigmas porque está organizado para destruir la vida. Nosotros no estamos aquí para destruir a la Revolución Bolivariana. Por el contrario, para contribuir a que y eche pa lante, para que no vuelvan a repetir los errores que se cometieron en los movimientos de liberación nacional del siglo XX. Chávez lo tenía claro, sabía que era necesario mirar con ojos críticos el socialismo del siglo XX, para no repetir los problemas. Para eso hay que tener una mirada crítica de los paradigmas utilizados antes. El giro descolonial es una intervención, es un proyecto de izquierda con una mirada epistemológica desde el sur global, crítica de los paradigmas eurocéntricos de derecha y de izquierda, mirando siempre cómo podemos ser más eficientes y efectivos de lo que fue el socialismo del siglo XX”.

 

 -El presidente Maduro ha anunciado la creación de un instituto de estudios del pensamiento crítico descolonial. ¿Cómo evitar que también en el instituto se imponga la visión de la modernidad académica?

 

-Confío mucho en el presidente Maduro y en el proceso bolivariano. Tengo la certeza de que vamos a poder hacer algo diferente porque tenemos compañeros y compañeras de Venezuela ya preparados para asumir este proyecto. Cuando Enrique Dussel y yo le planteamos al presidente la creación de ese instituto para contribuir con la Revolución Bolivariana, no tenemos ninguna intención de vivir aquí  ni tener un sueldo ni nada. Estamos en otros países, en otros frentes de lucha. Solo estamos aquí por solidaridad. Llevamos más de una década formando venezolanos descoloniales. Tenemos confianza en que ellos van a asumir ese proyecto. Hay que ir a aspectos concretos, prácticos, como los currículos educativos. Los textos de la escuela primaria tienen que ser revisados porque si no cambiamos esa cantidad de mitos eurocéntricos estamos produciendo la subjetividad del imperio en nombre de la Revolución. A eso hay que meterle el diente, y eso requiere formar equipos. Hay que involucrarse en el tema ecológico, preguntarse qué tecnología estamos produciendo, si es la misma de las lógicas cartesianas o le estamos metiendo la lógica heurística. Podemos ayudar a avanzar el proyecto de la comuna, hay que hacer un trabajo para ayudar a la Revolución a echar adelante.

 

-¿Qué perspectiva tiene de la descolonización de Puerto Rico, tomando en cuenta que es una nación colonizada no solo en lo económico y en lo cultural, como el resto del Sur, sino también en lo político?

 

-La situación de Puerto Rico es muy difícil porque ni siquiera tenemos una economía independiente, sino una extensión de la economía de Estados Unidos. Eso plantea dificultades enormes para hacer un estado independiente. Es una historia muy diferente al resto de América Latina. ¿Cómo construir un proyecto antiimperialista en ese contexto? , es algo que debemos plantearnos seriamente. El proyecto descolonial plantea diversas maneras de enfrentar la lucha.  Claro que ser la última colonia no es siempre una desventaja. Los puertorriqueños podemos mirar al resto de América Latina y tener una idea de lo que no debemos hacer, porque la mayoría de estos países dejaron de ser colonias para ser neocolonias. ¿Qué vamos a hacer en Puerto Rico: salir de la colonia para ir a la neocolonia? Puedo decir que la situación de Puerto Rico fue lo que me llevó al pensamiento descolonial, para pensar lo colonial de una manera más amplia que simplemente la independencia frente a un imperio. Aun después de haberse independizado, los países están arrastrando estructuras de la herencia colonial. La periferia del mundo, aunque se trate de estados formalmente independientes, sigue siendo dependiente porque esos estados siguen siendo periferia subordinada de los países metropolitanos. Tenemos que pasar a una segunda y verdadera descolonización. El proyecto descolonial apunta hacia esa segunda descolonización, más radical que la primera, que fue una ruptura jurídico-formal. Ahora se trata de atacar la herencia colonial en todos los aspectos y estructuras de dominación existentes. Esas estructuras están muy vivas porque, como pasa en las computadoras, se han actualizado con nuevos programas.

 

(Clodovaldo Hernández / LaIguana.TV)