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El diputado por Anzoátegui, profesor jubilado de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela y quiosquero de la veracidad, explicó el contraataque mediático que protagonizó al abrirse la camisa y mostrar su franela con los ojos de Hugo Chávez, y agregó que “Si en el partido y en el gobierno no tuvieran la chispa atrasada, tendrían ya a Venezuela llena con los ojos del comandante”.

 

En entrevista exclusiva con LaIguana.TV, Herrera (San José de Guanipa, 1949), habló de la experiencia de estar en minoría en la AN, del diálogo con la oposición y de la necesidad de rectificar para atender problemas urgentes del pueblo.

 

A continuación, el diálogo completo con el periodista Clodovaldo Hernández:

 

-Luego de ver su intervención el famoso domingo de la rebelión parlamentaria surge una pregunta: ¿representar al chavismo en minoría en la Asamblea Nacional tiene algo de castigo?

 

-Bueno, yo dije cuando vi los resultados del 6 de diciembre dije que ya tenía práctica como minoría, pues había pasado 40 años en eso. Es más, en ese tiempo nunca esperé estar del lado del gobierno y del poder. Y tenía esa práctica de ser oposición no en el ámbito parlamentario, sino en la calle, en situaciones más difíciles. Sin embargo, ciertamente, después de que tienes dos períodos como parlamentario, como mayoría, y en una oportunidad incluso con el 100% porque la oposición se abstuvo, es obvio que se siente el cambio y que es difícil estar frente a una mayoría que puede tener más intervenciones, que llevan barra, que te controlan la Asamblea. Tienes que ingeniártelas para hacerte oír, y dar la batalla en ese escenario. Eso es lo que nos ha tocado hacer y, como se dice coloquialmente, “no queda de otra”.

 

-¿Todas esas medidas no son acaso las mismas que el chavismo le aplicó a la oposición en períodos anteriores: presencia de barras, cortes al derecho de palabra… aplastar a la minoría? ¿No están siendo víctimas de la Ley del Talión?

 

-Bueno, sí, por eso tenemos que aplicar aquella expresión que tanto se utiliza, de que “verdugo no pide clemencia”. Nosotros ejercimos la mayoría, y no siempre en forma ponderada, de manera que no vamos a esperar de ellos que vengan a hacer ejercicio de democracia, porque, además, no son demócratas. Vienen con sed de venganza y, además de ejercer su mayoría y de pretender apabullarnos, viven amenazando. Esa Mesa de la Unidad, que es un archipiélago de grupos que van de un extremo ideológico al otro, se pasa el tiempo además diciéndonos que vamos a ir a la cárcel, que la vamos a pagar, que nos espera  Tocorón… No se discrimina entre personas, para ellos todos somos ladrones… y algunos de quienes lo dicen, por cierto, son unos pillos de siete suelas. Aunque tú no te hayas cogido un centavo, tienes que calarte sus insultos y escuchar sus amenazas permanentes. Es una derecha movida por los sentimientos de venganza y acumula mucha frustración porque pensó que la Asamblea era un poder desde el cual podía ejecutar esa venganza, pero ahora se ha dado cuenta de que le hacen falta los otros cuatro poderes.

 

 -Usted llevó de vuelta a la Asamblea los ojos de Chávez, que habían sido expulsados en enero… ¿Cómo nació esa idea?

 

-Ese fue el día de la “función dominical” de la Asamblea. Ramos Allup, el día anterior, había recomendado comprar refrescos y cotufa, o sea que aquello iba a ser un espectáculo, una película, algo. Dijeron que iba a haber sorpresas y que se le iba a hacer un juicio al presidente de la República. Entonces, bueno, había que dar una respuesta contundente. Y sucede que desde el gobierno y desde el Partido Socialista Unido de Venezuela, muchas veces, practicamos una comunicación muy oficial, muy formal, nos falta irreverencia. Y si no se la pedimos al gobierno, deberíamos pedírsela al partido. Yo me puse a pensar en qué decir y cómo decirlo, a sabiendas de que los opositores iban a tirarse unos discursos incendiarios e iban a mostrar números y cosas de esas, iban a hacer una especie de Proceso de Nuremberg. No era fácil romper ese esquema a través del simple verbo y la oratoria, porque ellos tienen barras, te pueden cortar el derecho de palabra, cerrarte el micrófono, en fin. Bueno, se me ocurrió llevar la franela con los ojos de Chávez. Yo le iba a decir a todos los compañeros que llevaran esas franelas, pero si alguno la llevaba descubierta, la acción iba a perder efecto. No se lo dije a nadie y por eso hasta los propios compañeros se sorprendieron. Me llevé una camisa con broches, porque si la llevaba de botones me iba a enredar como Richard Blanco, cuando comenzó a desabotonarse y resulta que lo que tenía abajo no era la Vinotinto, sino la franela de España. La camisa de broches pude abrirla así, de un golpe, dicen que como Súperman cuando deja de ser Clark Kent. De todos modos, tuvo más repercusión de lo que yo pensaba, y a los actos de masa en los que he estado después de eso, he visto a mucha gente con la franela de los ojos del comandante. Si en el partido y en el gobierno no tuvieran la chispa atrasada, tendrían ya a Venezuela llena con los ojos de Chávez.

 

-Para burlarse de usted, los opositores dijeron que el gesto fue tipo Súperman, pero el efecto de kriptonita que surtió parece que fue para la derecha…

 

-Los desconcertó. Hay cosas que no se oyen en la transmisión de televisión, pero que ocurrieron. Hubo unos gritos, unos insultos tremendos. Yo no pensé que esos tipos iban a reaccionar de una forma tan violenta. Mientras tanto, en el Bloque de la Patria hubo la euforia que era de esperarse, la reacción del chavista ante los ojos del presidente Chávez. En el lado opositor, eso rompió lo que tenían planificado, sus cotufas, sus refrescos, no hubo tiempo para esa función de matiné. A partir de ese momento cambiaron los discursos y ya muchos de ellos no tenían sentido. Eso que yo hice solo podía refutarse con otro gesto simbólico, pero ellos no lo tenían previsto.

 

-Algunos articulistas y medios han pretendido cobrarle ese gesto sacando viejos expedientes de los tiempos universitarios. ¿Cómo los recibió?

 

-La verdad es que ya no les hago caso. Uno tiene su trayectoria y está allí para el escrutinio de quien la quiera ver. La trayectoria como docente la juzgaron mis alumnos, las promociones que me designaron como padrino, y la propia universidad que me otorgó la Orden José María Vargas en Primera Clase, que es la más alta condecoración a sus profesores. Creo que solo 1% de quienes pasan por allí la obtienen y a mí me fue concedida bajo unas autoridades universitarias no precisamente chavistas. Eso dice cual fue mi trayectoria allí.

 

-El Tribunal Supremo de Justicia anuló otras dos leyes de las que ha aprobado la Asamblea Nacional en este primer año de ejercicio con mayoría opositora. Eso parece indicar que, a pesar de los avances en el diálogo, seguirá adelante el gran conflicto entre poderes públicos. Viendo la perspectiva del año 2017, ¿será que vamos a seguir en este tira y encoge hasta las próximas elecciones presidenciales?

 

-Yo creo que eso es el reflejo de que hay dos modelos, dos concepciones de país que están enfrentadas, más allá de que estamos en el mismo país y de que se puede marchar juntos por muchos tramos del camino. Eso es lo que se busca con la Mesa de Diálogo. Pero es inevitable que se confronten las dos visiones existentes. Que esa confrontación se dé dentro del marco civilizado, democrático, político-institucional es una opción, pero lo que ha ocurrido es que aquellos que tienen la otra visión han buscado siempre la vía no constitucional, el golpe, el paro petrolero, el sabotaje, la guerra económica, la guarimba, la violencia… Y, de paso, eso no les ha dado ningún resultado. Yo creo que la vía electoral sí les ha dado resultados y ellos deberían leerlos y seguir transitando por ese camino. Nosotros estamos dispuestos a confrontarlos también en ese ámbito. La oposición tuvo una victoria contundente en la elección de la Asamblea Nacional, pero no la han sabido administrar. Pensaron que el Poder Legislativo estaba por encima de los otros cuatro poderes, y eso no es así, tienen la misma jerarquía. Desde el mismo día que asumieron la mayoría en la AN le pusieron un plazo, un ultimátum al presidente, y por eso las relaciones arrancaron marcadas por el conflicto.

 

-Usted, en su otro rol, el de comentarista político cotidiano, ha dicho que la Mesa de la Unidad debería, en primer lugar, dialogar entre sí y, además, ha observado un detalle importante: los dirigentes de la oposición están siendo repudiados por sus propias masas en las manifestaciones de calle. ¿Podríamos ahondar en esos dos elementos?

 

-Comencemos con el segundo: no es para alegrarse que esos dirigentes sean rechazados en sus manifestaciones, es más bien para preocuparse porque ese es el caldo de cultivo para los oportunistas y, en su peor cara, para el fascismo. Cuando hay unas masas molestas, en muchos casos disociadas por los propios medios, que no obedecen a ningún liderazgo, eso ciertamente es preocupante, tanto para ellos como para nosotros. Por supuesto, no corresponde a los dirigentes revolucionarios ayudar a los opositores a que tengan empatía y se enganchen con sus militantes, pero deberían analizar con mucho cuidado esa situación, esa realidad que está allí y que los propios medios de la derecha han reseñado. Convocan una marcha contra el gobierno y las marchas terminan siendo contra ellos mismos, en situaciones que parecen surrealistas, como diría la sifrina de Caurimare. Por otro lado, sí, yo he planteado que es necesario que la oposición establezca una mesa de diálogo endógena, interna, intestina, a su interior, como se le quiera decir. Y una vez que superen sus diferencias (las que sea posible superar), busquen conversar con su adversario, que somos nosotros. Porque si no han hablado entre ellos previamente, pasa lo que está pasando ahora, que se reúnen con nosotros y uno se sienta, otro se para; unos ponen plazos y otros dicen que eso es una hipocresía… Si ellos no están de acuerdo entre sí, difícilmente se pueda avanzar en conversaciones con nosotros, que somos sus adversarios, no sus enemigos. Por eso he dicho que es urgente que el Papa, el  arzobispo o Baltazar Porras, ahora que es cardenal, medie entre ellos, los siente juntos para que lleguen a un acuerdo. Además, tienen otro factor que es extra-MUD, que son los medios de comunicación. Yo creo que la oposición encontrará su camino cuando se libere de la tutela de El Nacional, de Venevisión, de Televén, y de los demás medios privados, incluyendo portales como La Patilla y todas esos por el estilo. Y liberarse quiere decir no dejarse chantajear como lo ha denunciado el mismo Ramos Allup, quien ha dicho que no se va a cansar de denunciar en todos los escenarios que en momentos cruciales del país, ellos tienen una posición como políticos, pero llegan los dueños de medios y les imponen la línea a los partidos. Eso es una distorsión y hasta podemos decir que una aberración política que, mientras no la resuelvan, vamos a seguir transitando por caminos erróneos y equivocados.

 

-Prácticamente el año se nos ha ido en la confrontación entre poderes y en la controversia sobre el referendo revocatorio, y hay un tema que sigue pendiente dentro de la Revolución, que es el golpe de timón, las necesarias rectificaciones, la autocrítica bien entendida. ¿Será que nuevamente lo urgente está tapando lo importante, lo trascendente?

 

-Bueno, los asuntos urgentes siempre han estado presentes y este es un proceso que, con la nueva Constitución, nos llenó de urgencias, empezando por las electorales. Ya no sabemos qué elección sucede a la otra, salimos de una e inmediatamente hay que meterse en la otra. Actualmente tenemos como tres en la cola, tocando la puerta. Por supuesto hay que atender esos asuntos porque lo contrario sería dejar que te saquen del poder. Las elecciones que están en los lapsos constitucionales y los referendos que la oposición quiere activar de cualquier manera son producto de la nueva Constitución y de una refundación de la República que es un parto más difícil de lo que dice el enunciado. Ahora, es obvio que la situación a la que hemos llegado por los problemas estructurales del país, nos está exigiendo atención por encima de todas las urgencias. Yo pienso que es necesario aunque tengo mis prejuicios sobre la palabra autocrítica porque vengo de una izquierda que se hizo mucha autocrítica. También vengo de la religión católica y esa autocrítica de la izquierda se parecía mucho a la confesión de los domingos, pues uno se confesaba y salía livianito a pecar otra vez. En política pasa eso: uno se hace la autocrítica ante unos sacerdotes que están allí y se le tranquiliza la conciencia revolucionaria. Pastor Heydra escribió una tesis de grado, cuyo tutor fue Jesús Sanoja Hernández, titulada La izquierda, autocrítica perpetua, en la que se muestra esa tendencia. Pero, si desbrozamos todo eso, creo que es importante ir a un sincero y profundo proceso de autocrítica a lo interno tanto de este gobierno como del PSUV, pues debe abarcar la conducción política, nuestras consignas, nuestras conductas en la administración pública, en la conducción del partido y en la cuestión económica. Nosotros hemos hablado de un socialismo, hemos hablado contra el neoliberalismo, ¿pero hemos actuado en consecuencia? Hemos denunciado el rentismo, ¿pero nos hemos apartado del rentismo, lo hemos combatido o hemos reincidido en un modelo? Y es evidente que ese modelo se ha enquistado en el país, en los venezolanos y en eso que el profesor Rodolfo Quintero llamó “la cultura del petróleo”. No sé si es cultura o subcultura, pero ciertamente nos ha modelado a todos, los de izquierda y los de derecha, con ese pensamiento de país petrolero, consumista y sometido a los altibajos de la vida minera: cuando los precios están altos, somos un gran país y cuando bajan caemos en estas crisis que ya sabemos que vienen, que no deberían sorprendernos, pero que siempre nos sorprenden.

 

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(Clodovaldo Hernández)

 

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