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Elías Jaua: “Es imposible preservar la independencia si no se desmantela la mafia que domina la economía”
Enero 15, 2019 -

Elías Jaua Milano ha desempeñado numerosas responsabilidades tanto en el gobierno del comandante Hugo Chávez como en el primero de Nicolás Maduro. Hace algunos meses dejó el de ministro de Educación. Desde entonces se le relaciona con las corrientes disidentes del chavismo. En la entrevista exclusiva que concedió a LaIguana.TV delineó su posición: lealtad con el proceso revolucionario, pero con profundas críticas al rumbo que ha tomado.

 

Citando una parte del discurso del presidente Maduro en su juramentación ante el Tribunal Supremo de Justicia, Jaua expresó que “más peligroso que el imperialismo son esos sectores corrompidos que se aprovechan de la nobleza, la grandeza y la heroicidad del pueblo venezolano”.

 

A continuación, una versión del diálogo que Jaua (Caucagua, 1969) sostuvo con el periodista Clodovaldo Hernández:

 

-¿Qué balance haces de la juramentación del presidente Nicolás Maduro para su segundo período? ¿Qué escenario se plantean?

 

-Quedó demostrado que este 10 de enero no era una fecha terminal. Simplemente, el presidente que escogió la mayoría de los electores y las electoras asumió su mandato. En vista de la situación de desacato en la que se encuentra la Asamblea Nacional, lo hizo ante el Tribunal Supremo de Justicia. Ahora, sí es un punto de inicio de una etapa compleja. En lo internacional hemos iniciado el largo camino del aislamiento de Estados Unidos y un grupo de gobiernos de la Unión Europea y de Latinoamérica, y tenemos que aprender a vivir con eso. Es una situación que no va variar a corto plazo. Venezuela debe prepararse para vivir con las consecuencias de una agresión diplomática, política y económica por un período bastante largo. Eso nos obliga a iniciar una nueva etapa en el plano interno. El país, frente a un aislamiento como el que se le pretende aplicar, tiene la gran tarea de desarrollar la producción nacional. Es un asunto en el que tiene que involucrarse el sector privado, pero también los pequeños y medianos productores, las cooperativas, las comunas, los campesinos, los emprendedores familiares. Tiene que ser una gran cruzada por la producción nacional. Todo aquel que pueda producir debe ser incorporado. Es la única manera como un país puede superar una situación de aislamiento. Cuba es un ejemplo, Irán es otro, que logró un desarrollo interno, incluso en el plano científico y tecnológico, en medio de un bloqueo largo, de cuatro décadas y con agresiones militares permanentes. Esos son los grandes desafíos de cara al año 2019. Por otro lado, tal como lo dijo el presidente Nicolás Maduro, y quienes lo conocemos sabemos que lo dijo desde el alma, es imposible preservar la independencia y levantar la producción nacional si no se desmantela definitivamente el sistema mafioso que ha ocupado la economía nacional, un concierto de funcionarios y empresarios corruptos y corruptores que impiden cualquier plan de desarrollo.

 

-El chavismo, cuando enfrenta situaciones como esta, se aglutina, se convierte en un solo, pero sigue existiendo una controversia interna. ¿Hacia dónde apunta esa controversia?

 

-Bueno, apunta a que la Revolución no pude ser el espacio para que se conformen grupos de poder político y económico que anteponen sus intereses crematísticos, mercantiles, a los intereses de la nación y de la Revolución. No es justo, no es ético, no es ni siquiera humano que mientras la inmensa mayoría del pueblo está haciendo un gran sacrificio para sostener la independencia nacional, para defenderse ante esta arremetida, esta agresión, y lo haya hecho a costa de la tranquilidad de su vida cotidiana, haya funcionarios y empresarios jugando a la acumulación ilícita de riquezas, muchas veces arropados en las banderas del socialismo, de la Revolución y del antiimperialismo. Por eso el presidente Maduro, en su discurso de toma de posesión, fue enfático en algo que yo comparto: más peligroso que el imperialismo son esos sectores corrompidos que se aprovechan de la nobleza, la grandeza y la heroicidad del pueblo venezolano.

 

-En una polémica entrevista con la BBC de Londres, afirmaste que uno de los errores de la Revolución había sido no desmontar las estructuras corruptas. Se te criticó porque los delitos de corrupción son intencionales, incluso de astucia, quien los comete está consciente de lo que hace. ¿Es un error o es algo más allá?

 

-Me referí a que cuando se priorizó sobre los esfuerzos principales que debería hacer la Revolución, se hizo correctamente porque lo más urgente era atender a un pueblo que encontramos depauperado, en las catacumbas de la miseria. El comandante Chávez decidió concentrar su esfuerzo en la superación de la pobreza. Confió en que el sistema de justicia podría procesar y desmantelar los casos de corrupción que se había cometido en el pasado, el gran latrocinio especialmente de los últimos años de la IV República, y cualquier otro que surgiera en su gobierno. Eso no fue así. Entonces, en la entrevista me referí a esa estructura montada para extraer la renta petrolera de manera ilícita, en la que juega un papel destacado el sector privado. No digo que todas las empresas, no es un problema de que una persona sea mala o buena, sino de una lógica de funcionamiento del capitalismo que encontró su manera de acumular riqueza a partir de la extracción ilícita de la renta petrolera venezolana. La muestra de que esa estructura sigue intacta es que, veinte años después de iniciada la Revolución, vemos como personeros ligados a la IV República y connotados dirigentes opositores aparecen vinculados a hechos de corrupción con organismos del Estado. Un caso entre muchos es el de la familia de Antonio Ledezma. Si veinte años después, los personeros de la IV República siguen usufructuando de la renta petrolera es porque no se desmontó esa estructura.

 

Restablecer la Asamblea Nacional

 

-En ese esfuerzo por vivir en el aislamiento en esta situación tan comprometida que vive el país, pareciera ser importante restablecer el diálogo con la oposición, al menos con el sector no radicalizado. Pero, a la vista de estos últimos acontecimientos ¿ese sector tiene algún peso específico dentro de la oposición o esta es dominada por los más radicales?

 

-Lamentablemente, la oposición está dominada por el gobierno de Estados Unidos y por el de Bogotá. No tienen liderazgo propio ni la hegemonía de los que debería ser un proyecto de oposición. Pero un tema central para avanzar en el rompimiento del aislamiento y, sobre todo, para avanzar en soluciones al problema de la deuda externa y, por tanto, del acceso a nuevos financiamientos, pasa por que la Asamblea Nacional, como Poder Legislativo, entre en funcionamiento. Eso puede ser por dos vías. La primera es la de un acuerdo político como se prefiguró en República Dominicana en 2018. La otra es que ante la imposibilidad del país de resolver ese tema tan sensible, se convoque a una nueva elección de la AN. Lo ideal sería el acuerdo político, pero si no se logra, creo que la Asamblea Nacional Constituyente está facultada a adelantar la convocatoria de esas elecciones, con todas las garantías del caso. Ojalá que la oposición no se abstenga de participar. Ojalá ese tema pueda ser solucionado este año, a favor del país y de la tranquilidad de la familia venezolana.

 

-La recuperación económica nos lleva al tema campesino. Tú, que fuiste ministro de Agricultura y Tierras y que, además, se te señala como uno de los que estuvo por detrás de la Marcha Campesina del año pasado, ¿cómo ves la integración del poder popular, de las comunas, a la producción nacional?

 

-Bueno, en primer lugar debo decir que no estuve “por detrás” de la Marcha Campesina, sino “al lado” de la Marcha Campesina. Esa fue una iniciativa propia del campesinado cansado de tanto atropello, de tanta exclusión en los distintos niveles del Estado, de la restauración o el resurgimiento del latifundio con toda su carga de violencia, de clasismo contra el campesino. Siempre, desde los 13 años, he estado al lado de los campesinos, ¿cómo no lo voy a estar ahora, después de haber sido ministro de Agricultura y Tierras y de haber ejecutado la revolución agraria del comandante Chávez, cosa que algunos no me perdonan nunca? Pero, el tema central es que no se trata solo del campesinado, sino también los indios, los comuneros y las comuneras, los movimientos de barrio. Una revolución sin pueblo no es revolución. Llegando incluso a tener el mejor gobierno del mundo, no se puede decir que se esté haciendo una revolución. El mejor gobierno del mundo puede administrar bien un Estado, una revolución le da, o mejor dicho, le restituye y le reconoce el poder al pueblo. Siento que ahí es importante retomar el camino que veníamos transitando con el comandante Chávez. Me parece que en muchos casos se apuesta a que la burocracia puede resolver todo, y cuando uso este término me refiero a la concepción weberiana de la burocracia, como administradora de la cosa pública. Una burocracia, por excelente que sea, no hace revolución. La revolución la hace el pueblo, y si de verdad queremos continuar el camino revolucionario, tenemos que confiar en el pueblo, en los sujetos protagónicos, en el campesino, en los jóvenes del barrio, en las mujeres, en los indios y la indias, en quienes son el sustento y el centro de un proceso de transformación revolucionario. De eso es que hablo cuando me refiero al camino de Chávez, a acompañar al pueblo. Aunque fui protector del estado Miranda, creo que el pueblo no necesita que lo protejan, sino ser sujeto de la revolución.

 

Dejar la Constitución como está

 

-Tú has planteado la posibilidad de que la ANC proponga ratificar, dejar tal como está, la Constitución Nacional Bolivariana de 1999 ¿Sigues pensando eso?

 

-Como presidente de la comisión que convocó a la Constituyente de 2017, y eso puede encontrarse en los miles de discursos que di, puedo decir que su objetivo principal era reordenar el Estado para lograr que garantizara la paz en el país. La paz estaba vulnerada debido a una Asamblea Nacional en desacato, algunos de cuyos miembros de aprovechaban de la inmunidad parlamentaria para promover e, incluso, liderizar la violencia terrorista en las calles. También se veía afectada por una Fiscalía General que permitía que actuaran con impunidad quienes cometían delitos contra la paz pública. Ese fue el objetivo con el que se convocó al proceso constituyente. Sin duda alguna ese era el espacio para incorporar un conjunto de cosas y desarrollos que se han venido dando. Pero en mi opinión, la Constitución, tal como está, es un punto de unión no solo del chavismo sino de los patriotas, de la gente que sin ser chavista, apuesta a la independencia y a la paz de Venezuela. Por lo tanto, habría que valorar bien si hacer una nueva Constitución o reformar la vigente no sería, por el contrario, debilitar la unidad nacional. Tanto desde el punto de vista político como jurídico, de acuerdo con ese espíritu constituyente, me parece que perfectamente podría presentarse la situación de que la ANC proponga mantener la actual constitución porque tiene vigencia y sus principios fundamentales, éticos e ideológicos, se han convertido en un punto de unidad de la nación. Yo lo veo así, si fuera constituyente, lo plantearía en el seno de la ANC. Como no lo soy, lo planteo como político, como sociólogo y como estudioso de la política.

 

-En todo caso, la ANC todavía tiene muchas tareas en eso de sofocar la crisis política…

 

-Claro, sigue siendo esa su tarea principal: mantener el funcionamiento del Estado, avanzar en su reordenamiento. Creo que hacer una nueva Constitución es una tarea difícil porque, como ya dije, sus fundamentos filosóficos están vigentes: la democracia participativa y protagónica, el papel del Estado en la economía, la independencia y la soberanía. Hoy, más que nunca, nuestra Constitución es un instrumento de defensa ante tanta amenaza y tanta agresión extranjera. Pero, en todo caso, si los y las constituyentes decidieran hacer una nueva Constitución o realizar una reforma sustancial, ese texto tiene que ser sometido a un intenso debate, superior incluso al que ocurrió cuando se aprobó la Constitución del 99. Una nueva Constitución o una reforma requerirá de toda la discusión posible para alcanzar el mayor consenso en torno a ella.

 

(Clodovaldo Hernández / LaIguana.TV)