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Conozca una de las formas más peligrosas para llegar al orgasmo
Noviembre 23, 2016
La Iguana Google Plus

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Uno de los casos más extraños de asesinato aún resuena en la historia japonesa como un fantasma dentro de la cultura sexual. Abe Sada era una joven japonesa cuando a sus 30 años mató a su amante mediante la asfixia erótica. Sada apretó el cuello de su pareja hasta que dejó de vivir. Pero eso no marcó su caso. Después de notar que no iba a respirar de nuevo, le cortó el pene y sus testículos para cargarlos en su kimono por las calles. Su historia ha llegado a novelas, películas, mangas, canciones y poemas, pero más allá de ser una anécdota compleja que creció a partir del placer de una parafilia, sirve como una fábula sobre los peligros de la asfixia erótica, una de las formas más peligrosas para llegar al orgasmo.

 

Según los expertos, al principio Abe Sada no se encontraba satisfecha sexualmente con su pareja previa a Kichizo Ishida, el hombre al que asesinó. Cuando lo conoció, inmediatamente creció una pasión y confianza física que desembocó en que Ishida le compartiera su gusto por ser ahorcado durante el acto sexual para aumentar su placer. Sada accedió y al principio todo parecía ir bien, pero Ishida insistía en que la interrupción del aire tenía que ser mayor. La actividad continuó hasta que finalmente, después de uno de los orgasmos, el rostro de Ishida quedó parcialmente distorsionado y aunque eso debió ser un signo de alerta, insistió en que Sada continuara incluso si él se encontraba dormido, ya que le parecía placentero. La siguiente madrugada Sada lo mató. Algunos afirman que ella estaba desequilibrada pero también Ishida.

 

Ishida había generado una adicción hacia la asfixia erótica. Según los científicos, cuando eliminamos el paso de oxígeno al cerebro (especialmente desde las arterias carótidas, ubicadas en nuestro cuello), la acumulación de dióxido de carbono hace que cuando éste por fin se libera, cause una sensación de alegría y tranquilidad en la persona; al mezclarse con la sensación del orgasmo, el placer se multiplica. Otros afirman que cuando el cerebro no tiene oxígeno, entra en un estado semi-alucinógeno que también influye en una sensibilidad mayor, pero detrás de ese extraño placer, hay un fuerte peligro.

 

Es claro que si eliminamos el paso de oxígeno al cerebro arriesgamos nuestra vida. La falta de él puede causar parálisis cerebral, corporal, facial, muerte o derrame cerebral, especialmente cuando la asfixia erótica se practica de forma individual sin ningún tipo de supervisión. Existe un término llamado “Muertes autoeróticas” que se refiere justamente a los decesos causados por actividades similares. El 80 % de ellas es a causa de la auto-asfixia erótica.

 

David Carradine, mejor conocido como el actor que interpretó a Bill en las cintas de “Kill Bill”, murió a causa de auto-asfixia erótica el 3 de junio de 2009. Fue encontrado colgando de una cuerda en el clóset de su habitación. Al principio se sospechó de un suicido pero los análisis revelaron que fue una muerte accidental. Carradine se ahorcaba con la cuerda mientras se masturbaba para aumentar su placer, pero algo salió mal y terminó con su vida súbitamente. Este tipo de prácticas ha llegado incluso a la cultura popular desde sus primeros reportes en el siglo XII y no es raro encontrar que en todo el mundo existan fallecimientos a causa de esta actividad.

 

Kevin Gilbert, una joven promesa del rock progresivo también murió por esa misma razón en 1996. Se sospecha que Michael Hutchence de la banda INXS también pereció por la auto-asfixia erótica, pero no significa que no hacerlo solo sea más seguro. Nadie conoce con precisión la tolerancia de las demás personas e interrumpir el paso de oxígeno de forma constante hacia el cerebro puede derivar en distintas complicaciones aunque no se llegue a la muerte. Algunos casos pueden pasar desapercibidos porque las familias “limpian” la escena antes de que se analice. Es decir; quitan la mano de los órganos sexuales, eliminan rastro de pornografía y en algunos casos objetos relacionados al masoquismo o a vestimenta de cambio de género.

 

La mayoría de las personas que mueren por asfixia erótica son hombres en sus veintes, pero existen reportes que se ha convertido en algo más común en los adolescentes. Entre ellos existe otra actividad que se usa en “reemplazo” de drogas y se comenzó a popularizar en años recientes: los jóvenes se causan desmayos par tener efectos parecidos a los de algunas drogas cuando “despiertan”. Ese tipo de “juegos” también ha resultado en muertes y demuestra esa relación de adicción.

 

El caso de Sada Abe quizás sea el más perturbador por mezclar inestabilidad psicológica por la obsesión con el placer, pero lo cierto es que cualquier acercamiento con la asfixia erótica, sea con nuestras propias manos, bolsas de plástico, cuerdas o cinturones, puede resultar en nuestra muerte o al menos en la pérdida de alguna función motora. ¿Vale la pena lanzar la moneda?

 

(culturacolectiva.com)

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