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El presidente de Miss Venezuela tuvo que aclarar que no es dueño de Traki, luego de que la cadena de tiendas se lanzara a vender productos importados de primera necesidad a precios de Cesta Petare.

 

“Ojalá yo fuera el dueño de Traki, pero no es así”, indica un trino del “Zar de la Belleza” en su cuenta Twitter, que lleva el mayestático nombre de @RealOsmelSousa.

 

El mensaje fue una respuesta a una oleada de comentarios acerca de que Sousa sería el propietario de la cadena de tiendas por departamentos que últimamente ha dado de qué hablar por los siderales precios de los productos de primera necesidad que ha comenzado a expender.

 

No es un rumor recién salido del horno, sino una de esas habladurías que vienen y van. El principal factor impulsor de tales consejas ha sido el hecho, incomprensible para mucha gente, de que el presidente de la Organización Miss Venezuela sirva de imagen corporativa a un baratillo. “¿Pero, qué le pasó a Osmel? –se han preguntado todos estos años las doñita de clase media en las peluquerías-. Él debería hacer las cuñas de cosas menos chusmáticas”.

 

Sousa, al parecer, nunca estuvo muy interesado en desmentir su supuesta condición de dueño de la cadena que se identifica con el eslogan “Engánchate con Traki”, popularizado, dicho sea de paso, con el vozarrón de Winston Vallenilla, senior. Sin embargo, ante la más reciente oleada del rumor, consideró prudente hacer la aclaratoria. ¿Por qué lo hizo?, ¿qué cambió en el panorama general? Pues bien, hilando fino, tal vez el fabricante de misses decidió tomar previsiones ante la posibilidad de que se le considere como el jefe de una mafia de bachaqueros legalizados.

 

Y es que Traki está pisando con fuerza en el mercado de los bienes de primera necesidad, mediante rubros importados a precios de ataque al miocardio. En su recién abierto departamento de productos alimenticios, de limpieza e higiene personal, los anaqueles de la cadena lucen colmados, pero la mayoría de los clientes se limita a mirar las etiquetas, asombrarse y marcharse con el rabo entre las piernas.

 

El nivel de precios que ostentan productos como el arroz, el atún, el papel higiénico, la pasta, el azúcar y los lácteos en Traki implica la legitimación de los atracos que vienen perpetrando los bachaqueros desde que estalló la guerra económica. Es una especie de competencia legal para la llamada Cesta Petare.

 

El precio Traki no difiere mucho de los precios de esos mismos productos en automercados de alto target y bodegones sifrinos, pero el caso de la tienda por departamentos causa más impacto por su reciente incursión en este campo y porque tiene fama de ser un lugar para compradores con presupuestos modestos, algo así como una versión actual de aquellas tiendas que vendían pacotilla en los años 70 y se mercadeaban en las radios populares con el lema: “¿Qué pasaría en Venezuela si no existiera Pepeganga?”.

 

Una revisión muy ligera realizada por Supuesto Negado el viernes 18 de noviembre, permite comprobar que, al menos en lo que respecta a las mercancías importadas, Traki está lejos de ser una tienda de gangas. Una lata de atún de 170 gramos (120 al pesarse escurrido), cuesta 1.500 bolívares. Un paquete de arroz (para sushi, dice el empaque), cuesta 3.200 bolívares. El paquete de 4 rollos de papel higiénico, se vende en 3.000, mientras el bulto, tiene un valor de 57.600. Por el jabón en polvo de medio kilo, se debe pagar 1.200 bolívares. Y los cereales para el desayuno, procedentes de Brasil, viene marca dos entre 2.700 y 3.500 la caja.

 

Sin duda, el escándalo mayor se armó con un pote de 900 gramos de leche en polvo marca Dana, que fue colocado en los exhibidores con el precio de 32.000 bolívares.

 

Este último caso fue objeto de amplia difusión y enérgicos reproches en las redes sociales y en los medios de comunicación, incluyendo algunos de los que más insistentemente han reclamado la eliminación de los controles de precios. Pero, claro, esas contradicciones flagrantes son harina (¿o leche?) de otro costal. Posiblemente haya sido como consecuencia de esa mala prensa que Sousa, veteranísimo de los medios de comunicación, haya optado por aclarar que no es dueño de Traki. Quizá ha sentido temor de que, identificado como supuesto propietario de las tiendas, una turba de compradores frustrados se disponga a rebajarle ese copete tan fashion que últimamente se hace.

 

Algunos medios aliados le echaron una mano, explicando cuál es exactamente su relación con la empresa Traki CCB Plus CA, inscrita en el Registro Mercantil Primero del Estado Bolívar (Puerto Ordaz), en fecha 6 de julio de 2004. Sucede que el Zar es muy amigo del socio principal de dicha compañía, Antonio Chambras, un empresario guayanés que, según chismosos de farándula, ha sido financista de la carrera de varias de las misses construidas en la factoría de Sousa.

 

La amistad entre Chambras y Sousa quedó además sacralizada cuando el gran jefe de Miss Venezuela se convirtió en el padrino de los hijos gemelos de Chambras, Carlota y Rodrigo, en una ceremonia realizada en la iglesia Sagrado Corazón de María, en El Rosal, oficiada por el padre Rino Gaspare y seguida por una gran fiesta en La Esmeralda, que al parecer fue “una noche tan linda” como la del mítico concurso.

 

Las malas lenguas (que pululan en ese terreno) dicen que Chambras y Sousa son compadres dobles porque Osmel le bautizó a los morochitos, mientras el empresario suele “apadrinarle” las muchachas a Sousa. ¡Vaya usted a saber lo que eso significa!.

 

Chambras parece ser uno de esos personajes a los que les gusta disfrutar de su éxito empresarial y diversificar sus roles. Así, aparte de vender un pote de leche en 32.000 bolívares, y de patrocinar a chicas de 90-60-90, ha incursionado en el mundo del fútbol profesional por lo que ha estado vinculado a los equipos Deportivo La Guaira y Mineros de Guayana.

 

En su trayectoria pública Chambras, de 52 años, ha debido surfear varias veces sobre mares picados. Por ejemplo, cuando estalló el escándalo de Ciudad Lebrún, que puso en huida al ex magistrado del Tribunal Supremo de Justicia Luis Velásquez Alvaray, el hombre de Traki se vio implicado a través de otra de sus empresas.

 

Superado ese percance, el guayanés se enfocó en solidificar su emporio de tiendas por departamento, en una época en las que estas ya parecen haber pasado de moda. Con una fuerte estrategia publicitaria, ha forjado la personalidad de estos establecimientos con el tremendo gancho del “Zar de la Belleza”. Sagaz ante las oportunidades de negocios, en estos tiempos de flexibilización del control de precios, Chambras ha decidido incorporar una nueva rama: la de productos importados de primera necesidad a precios de bachaco fundillúo… Y con la gran suerte de que mucha gente le echará la culpa a Osmel.

 

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Por: Clodovaldo Hernández

 

(Supuesto Negado)

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