La guerra psicológica que se ha desplegado contra el pueblo venezolano tiene entre sus ejecutores, naturalmente, a profesionales de la salud mental, tales como psiquiatras y psicólogos. La mayor parte de esos soldados del psicoterror actúan encubiertos, pero algunos han llegado a hacerlo frontalmente.

 

Tal es el caso de Alberto Barradas, quien se presenta públicamente como psicólogo clínico, pero que en su faceta de influencer de redes sociales hace llamados a la violencia directa contra la militancia revolucionaria, incluso señalando personas específicas para convertirlas en blancos de actos violentos y amenazas de tales.

 

Barradas, quien en su página web Psicovivir, se califica como uno de los líderes de la profesión en Venezuela y Latinoamérica, se ha dedicado a promocionar la guerra psicológica a través de su cuenta Twitter, invitando a sus seguidores a amenazar, asediar y eventualmente “hacer daño” a funcionarios del gobierno.

 

En tuits recientes ha personalizado sus amenazas en el presidente del canal de televisión TVes, Winston Vallenilla, alegando que tiene menos personal de seguridad que personajes como Diosdado Cabello.

 

Aunque al final de la página web tiene un recuadro en el que dice que un día vendió el diván, se hizo unos tatuajes y se montó en su moto (es decir, da a entender que dejó de ejercer la Psicología), sigue promocionándose como psicólogo clínico y sus posturas públicas lucen diametralmente opuestas a las de un profesional de la salud mental.

 

A contramano de la ética

Una simple revisión del Código de Ética de los profesionales venezolanos de la Psicología indica que Barradas tendría serios conflictos si el Colegio de Psicólogos se ocupase de estos asuntos deontológicos.

 

El artículo 8 del código indica que: “Son deberes éticos esenciales de la profesión del Psicólogo, la probidad, la independencia, la generosidad, la objetividad y la imparcialidad. También lo son la fraternidad, la libertad, la justicia y la igualdad, más el respeto por los Derechos inherentes a la persona humana consagrados en la Carta de los Derechos Humanos y en la Declaración de Principios de los Colegios Profesionales Universitarios”.

 

¿Cómo quedan estos deberes en el caso de un psicólogo que invita públicamente a aterrorizar a otro ser humano debido a su militancia política?

 

El artículo 15 se refiere al respeto a la integridad de la persona humana. Dice que este aspecto, “en los distintos ámbitos donde se desempeñe como profesional, constituye uno de los más sagrados deberes del Psicólogo, quien en todo momento debe velar por el bienestar individual y social en la prestación de sus servicios a personas naturales o a instituciones públicas o privadas, y en los campos de la investigación pura o aplicada”.

 

Obviamente, en los mensajes belicistas de Barradas no existe respeto por la integridad de la persona humana.

 

Mientras tanto, el artículo 26 reza: “El Psicólogo debe prestar atención con igual grado de celo profesional a todos los consultantes, sea cual sea su nacionalidad, raza, sexo, edad, credo religioso, ideas políticas o posición social”.

 

La pregunta que surge, luego de leer los violentos tuits de este licenciado en Psicología, ¿podría alguien con ideas políticas revolucionarias tener alguna garantía de atención profesional de este psicólogo colegiado?

 

(LaIguana.TV)

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