La semana pasada, las autoridades de Estados Unidos hicieron pública una declaración jurada del caso contra el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, que afronta cargos de «conspiración para cometer intrusión informática» en territorio norteamericano.

 

Los fiscales estadounidenses estiman que este activista ayudó a Chelsea Manning —entonces Bradley— en el ‘hackeo’ para obtener acceso a una red militar clasificada del Pentágono y los documentos que WikiLeaks filtró en 2010, un delito por el que solicitan la pena máxima de cinco años en prisión.

 

Este documento de 26 páginas incluye un testimonio jurado que la agente especial del FBI Megan Brown ofreció en diciembre de 2017, en el que esa mujer declaró: «Sigue sin saberse si Manning y Assange lograron descifrar la contraseña» del ordenador del Departamento de Defensa.

 

La «probable causa» para creer que Assange conspiró con Manning para acceder a contenidos secretos se basa en la correspondencia que intercambiaron en la plataforma de mensajería instantánea Jabber. Brown recuerda que la exmilitar firmó un acuerdo de confidencialidad y sabía que la divulgación de esa información «podría causar daño o perjuicio irreparable a EE.UU.».

 

Esta agente del FBI indicó afirma que, tras alcanzar «un acuerdo ilegal», Manning entregó a WikiLeaks una enorme cantidad de documentos y esa organización publicó la mayoría en 2010 y 2011 en «uno de los mayores comprometimientos de información clasificada en la historia de EE.UU.».

 

 

En concreto, se trata de bases de datos con alrededor de 90.000 informes sobre actividades militares de EE.UU. en Afganistán, unos 400.000 informes relacionados con la guerra en Irak, 800 asesoramientos de los detenidos en Guantánamo y cerca de 250.000 cables confidenciales del Departamento de Estado norteamericano.

 

(RT)

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