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“Estuve pasando varias veces por tu casa y ya sé a qué hora llegas y te vas, quién entra y quién sale (…) tenemos varios bidones para incendiar tu casa cuando estés más indefensa, durante la noche”.

 

“Tengo mi pistola lista para disparar a unas 4 personas al azar el día 15 de febrero cuando esté rindiendo tu materia. Te voy a dejar elegir entre aprobar sí o sí a todos los chicos que rindan matemática de cuarto o disfrutar conmigo”, fue uno de los primeros mensajes que recibió una profesora de Física, Matemáticas y Química del colegio “San Cayetano”, ubicado en la localidad de La Plata en Buenos Aires, Argentina.

 

A pesar de que la profesora, identificada como María Marta Adam, no sabía cómo afrontar esta extraña y controversial situación, tomó el examen como estaba presupuestado, y aún cuando sólo 2 alumnos de la clase lo aprobaron, la profesora no tuvo mayores inconvenientes, que podrían haberse asociado a la carta. Hasta que un día todo se salió de control.

 

A su casa llegó una carta que contenía una bala en su interior, y en la que se le advertía nuevamente lo que podría sucederle si el número de alumnos que habían aprobado el examen no aumentaba de forma considerable. 

 

“Me envió una carta con una bala 9mm advirtiéndome que si no aprobaba a todos iba a matarme y a incendiar mi casa si hacía la denuncia”, dijo la profesora.

 

“Estuve pasando varias veces por tu casa y ya sé a qué hora llegas y te vas, quién entra y quién sale (…) tenemos varios bidones de nafta para incendiar tu casa cuando estés más indefensa, durante la noche”, dice la carta.

 

“Le informo que necesito aprobar Física el 21 de febrero sí o sí para no repetir y cuento con usted. Voy a estar listo para todo. Un amigo va a entrar conmigo con el uniforme del colegio prestado y un arma. Cuando yo le dé la señal, él te va a disparar, se cambia la ropa y escapa. Que nadie más se entere, porque balas me sobran para vos y todos los que vivan en tu casa. Seguí todo al pie de la letra y todo va a salir bien”, continúa.

 

Pero las amenazas no fueron sólo a través de papeles impresos. Adam sospechaba que podía ser alguien relacionado a la escuela en la que trabaja, hasta que una chocante imagen confirmó sus peores miedos. En la carta, el presunto culpable expresaba que en la escuela le había dejado un recordatorio, pero nunca imaginó que esto se concretaría.

 

Ella y su esposo pensaron que sólo se trataba de la travesura de uno de los niños de su clase, ya que además había escuchado este tipo de historias al interior de su círculo de colegas. Por lo que no se dio cuenta de la gravedad del hecho hasta que llegó al recinto educacional y notó este enorme graffiti que había sido pintado en una de las paredes del patio de la escuela.  

 

Fue allí cuando se dirigió hasta las autoridades del recinto y les contó lo sucedido. Debido a las amenazas, Adam no se sentía en condiciones de ser objetiva, por lo que prefirió no tomar el siguiente examen que exigía el calendario escolar. 

 

Aún cuando se desconoce la identidad del alumno responsable de las amenazas, la policía decidió aproximarse ante cualquier eventualidad y mantenerla en custodia al interior de su casa.

 

Pero al parecer, esta no es la primera vez que sucede algo así, a raíz del caso profesores de distintas localidades de Argentina, han salido a denunciar una seguidilla de actos violentos al interior de las aulas, los cuales incluirían agresiones tanto verbales, como físicas por parte de los chicos hacia los docentes.

 

Incluso, existe registro de situaciones en donde los alumnos han ingresado con armas blancas y de fuego a la escuela, para posteriormente protagonizar pleitos que son viralizados a través de redes sociales. Ante esto, además de necesitarse estamentos legislativos que permitan proteger a los docentes, se necesita que eduquemos a las futuras generaciones en base de una educación consciente, empática y humana. 

 

(upsocl.com)

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