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“Si se aplican las políticas adecuadas, la crisis eléctrica podría resolverse en tres años”: Alejandro López González
Julio 29, 2019 -
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El ingeniero electricista Alejandro López González afirma que la dramática crisis eléctrica nacional es la suma de una serie de factores, entre los que menciona los errores técnicos, la centralización mal entendida, la aguda desprofesionalización del sector, el déficit en el mantenimiento, la corrupción y la falta de impulso a los planes de energías alternativas, todo ello sin desestimar los sabotajes y los ataques denunciados por el Ejecutivo Nacional.

 

Como avales para opinar sobre el tema, López González tiene su experiencia como trabajador en su natal estado Zulia, el grado profesional obtenido en la Universidad del Zulia, una especialización en Energías Sustentables y un doctorado en Sustentabilidad, ambos posgrados en la Universidad Politécnica de Cataluña, donde actualmente se desempeña como profesor.

 

El experto conversó con el periodista Clodovaldo Hernández, de LaIguana.TV. días antes del más reciente apagón nacional. A continuación, una versión de ese diálogo:

 

-Por tu condición de zuliano, comienzo preguntándote ¿por qué se llegó a la situación en que se encuentra el estado actualmente, que es prácticamente de indigencia eléctrica?

 

-La situación en el Zulia, cabe destacarlo y resaltarlo, es realmente grave. Deriva de varios años. Dos cosas han influido: en primer lugar hay un proceso político que corre paralelo a todo lo que sucede en el país, y afecta también al Zulia. Tiene que ver con malestares que pueden provocar sabotajes. Eso no lo negamos. Pero desde el punto de vista técnico, con mi experiencia y con lo que he estudiado por años, creo que la causa fundamental ha sido un proceso de desprofesionalización del sector eléctrico a nivel nacional. En el Zulia se ha hecho más patente por la situación particular del sistema eléctrico de allá. Al ser el estado Zulia la cola del sistema eléctrico, todos los males se ven acentuados. Es paradójico porque Zulia fue el primer estado de Venezuela  que tuvo energía eléctrica, en 1888. Tuvo el primera alumbrado público eléctrico de Venezuela, y el segundo de América Latina, luego de la ciudad de Buenos Aires. En los años 70 y 80 del siglo pasado, llegó a ser un estado de referencia en materia de servicio eléctrico a escala nacional e incluso internacional. Y eso se logró con empresas que no eran privadas. Energía Eléctrica de Venezuela, Enelven, era una empresa con capital público y privado, con predominancia del público, con un modelo de servicio gestionado por el Estado. Funcionaba muy bien. Llegamos a esto por la desprofesionalización y por unas tarifas que nunca se han adaptado a la realidad. Lamentablemente, el déficit de la tarifa se ha hecho cada vez mayor en estos últimos 20 años. Esto agudiza la falta de ingresos para realizar los mantenimientos oportunos. Por otro lado, se ha acentuado la dependencia de tecnologías internacionales. Por los problemas con Estados Unidos hemos tenido que migrar de fabricantes norteamericanos a europeos en un proceso que no ha tenido la debida dependencia tecnológica. Pasó más o menos lo mismo que ocurrió hace años con los aviones F.16, cuando EEUU se negó a suministrarnos partes y a darles mantenimiento. Todos estos factores nos han llevado en Zulia a una situación casi que de lesa humanidad.

 

-Luego de la gran crisis eléctrica nacional derivada de la sequía en la zona de la represa del Guri, se realizaron grandes inversiones, se compraron equipos, pero parece que ocurrieron graves errores y hubo corrupción, todo ello abonó a la situación actual. ¿Es así?

 

-Claro, debemos decir con claridad y responsabilidad basada en hechos comprobados que en ese tiempo se decretó la emergencia eléctrica, que por cierto aún no ha sido levantada, seguimos en emergencia. Esa emergencia eléctrica implica adjudicación de contratos de manera directa y sin una legítima competencia. Se asume que estar en una emergencia eléctrica es como estar en una guerra, por lo que las compras pueden hacerse sin mayores controles y auditorías públicas. Esto, lamentablemente, al contrario de lo que debió ocurrir, ha conducido a un hundimiento mayor del sistema eléctrico. Una emergencia eléctrica no es igual a una emergencia de otro tipo porque las adjudicaciones, por más que sean directas, siempre van a ameritar un conjunto de expertos que evalúen la factibilidad y viabilidad de las tecnologías. Eso es ineludible. No se puede pretender, como se hizo en este caso, que la emergencia sea una excusa para comprar equipos de forma inconsulta con los técnicos y operadores en campo de las máquinas. Petróleos de Venezuela fue quien asumió la emergencia eléctrica. Por eso en 2010, 2011 y 2012, Pdvsa salió por el mundo a comprar plantas de forma indiscriminada. Se pagaron como nuevas plantas usadas y se incurrió en sobreprecios. Esto está demostrado en expedientes abiertos en diversos países, entre ellos España y Estados Unidos. Son expedientes administrativos que conducen a sanciones penales y hay procesados en Venezuela por estas causas. Esto condujo a que el problema que teníamos no se superara, sino que se acentuara porque se cargó al sistema con un fardo de máquinas inútiles e inoperativas.  Es una carga pesada en lo administrativo porque son máquinas que requieren un mantenimiento mayor del habitual, aparte de que no hubo la capacitación para llevar a cabo esos trabajos. Se tomó a un grupo de trabajadores acostumbrados a trabajar con una determinada máquina, y se les impuso una tecnología adquirida desde San Bernardino (urbanización de Caracas donde se encuentra la sede central de la Corporación Eléctrica Nacional). Se les impuso a operadores zulianos, orientales o del estado Bolívar una tecnología desconocida para ellos y cuando empezaron a presentarse las fallas, se les malinterpretó como sabotajes.  En resumen, la emergencia original, surgida del cambio climático y del calentamiento global, que causó la gran sequía que afectó al Guri, tenía una causa natural. Pero en la crisis de hoy tienen mayor peso los factores administrativos y gerenciales.

 

-Además, por lo que tú mismo has escrito en estudios previos, se incurrió en el error de usar las plantas que se compraron con combustibles diferentes a los recomendados por los fabricantes…

 

-Correcto. Eran para gas y se pusieron a operar con gasoil. Todos sabemos que Venezuela es un país petrolero, que tiene también las cuartas reservas de gas del mundo, las cuales no hemos aprovechado a pesar de todas las reuniones que se han hecho para el fomento de la cooperación en los mercados de gas. Las máquinas operan mejor con gas porque es un combustible mucho más limpio que el gasoil y requiere mantenimientos mucho menos frecuentes y costosos. Basta mirar los filtros de combustible: los que se usan con gasoil se deterioran más velozmente que los que se usan con gas. Las plantas debieron operar con gas. Si recordamos bien, el Plan de Desarrollo Simón Bolívar 2007-2011 decía expresamente que la generación termoeléctrica en el occidente del país debía hacerse con gas natural. Pero desde 2007 hasta el 2019, en estos doce años, no se ha avanzado ni un milímetro en este sentido. Este plan se ha repetido en 2012 y en el más reciente, como si fuese una novedad, pero lo cierto es que estaba dicho en el de 2007. Por ejemplo, una máquina de las que se adquirieron, si opera con gas requiere un mantenimiento tres veces menos frecuente y costoso que si se usa con gasoil. Los mantenimientos a estas máquinas se pagan en dólares. Por otro lado, nosotros somos productores de gasoil, y nuestro mercado natural es EEUU. Lo ha sido y lo seguirá siendo, pero desde que comenzamos a operar estas plantas con gasoil, nuestras exportaciones de ese producto a EEUU se redujeron casi a cero. Esto reduce los ingresos venezolanos de una manera importante. Entonces, viendo el ciclo entero: al operar las máquinas con gasoil dejas de exportar y de recibir ingresos en divisas, y debes gastar más divisas para el mantenimiento. Es un problema en el que nos metimos nosotros mismos, en el cual nos hundimos cada vez más, en un ciclo que se acelera, un vórtice. Así tenemos que el estado Zulia, que es la zona donde la dependencia del gasoil es mayor, tiene el servicio eléctrico colapsado. Hablando desde un punto de vista técnico, no político, los indicadores del Zulia son los de un estado casi deselectrificado. En Venezuela, para finales los 70 e inicios de los 80, éramos el país más electrificado de América Latina. Para inicios del 2000 estábamos casi en electrificación plena. En la actualidad hay un proceso de deselectrificación, básicamente evidenciado en el campo, donde tenemos más de 500 mil personas sin acceso a la electricidad, un número que no va decreciendo, sino aumentando. En las zonas más deprimidas de Zulia, ya no se trata de que haya apagones, sino de deselectrificación, la electricidad ha  dejado de fluir, hay cero electricidad. Es un fenómeno poco conocido porque lo normal es avanzar hacia la electrificación. En el mundo hay actualmente más de mil millones de personas sin electricidad, pero la meta que establecieron las Naciones Unidas en los acuerdos de París en 2015 es tener plena electrificación para 2030. Los países deben tender entonces a incrementar sus niveles de acceso a la electricidad. Nosotros no tenemos los datos porque los organismos encargados, el Banco Central y el Instituto Nacional de Estadística, no los publican, pero por lo que hemos estudiando en Zulia existe una deselectrificación que se debe cuantificar, los niveles de acceso a la energía han disminuido y los hogares con acceso a la electricidad han bajado.

 

-Si se tomaran las medidas adecuadas, si se asumiera un plan coherente en este momento, ¿en cuánto tiempo podría una zona como el Zulia comenzar a sacar la cabeza en este sentido?

 

-Es variante, hay muchos elementos que influirían. Lo primero que se debería hacer es descentralizar. Acá se entendió mal la descentralización. En Corpoelec se hizo una centralización mal entendida en la que hasta las decisiones sobre los guantes de los operadores de la planta Termozulia se toman en Caracas, sin conocimiento ni consentimiento de los que van a usarlos. Eso tiene que cambiar primero que todo. No puede seguir siendo así. En segundo lugar, hay que ponerle gas a esas máquinas, no pueden seguir operando con gasoil porque es una ruina para el país. Cuando en 2012 estaban operando 80% de esas máquinas, en Zulia se consumían seis millones de litros de gasoil al día. Si se calcula a dólar y medio cada litro en el mercado internacional, eso implicaba 9 millones de dólares al día quemados, como si quemaras los billetes de dólar en una hoguera, para generar una electricidad que no se cobra, que se consume mucho más que en cualquier ciudad de América Latina y generada por una energía contaminante porque lo que emite el gasoil es lluvia ácida pareja. Además  es necesario recuperar los proyectos de energía renovables. Se ha entendido mal la propuesta de energías renovables. Hay enemigos internos que esgrimen discursos falsos. Los que proponemos energías renovables no somos partidarios de dejar de producir y exportar petróleo. Por el contrario: en un país petrolero tenemos más razones para usar energías renovables que en un país no petrolero, por lo que he explicado antes, porque al quemar el gasoil para generar electricidad, estamos dejando de venderlo, estamos dejando de recibir ingresos en divisas por eso, nos estamos hundiendo, como dijo (Pérez Alfonzo) en el excremento del diablo, nunca mejor dicho porque lo estamos quemando. Con las energías renovables liberaríamos ese gasoil para la exportación, dejaríamos de quemarlo en Termozulia, en Argimiro Gabaldón (Lara), en Nueva Esparta, y dejaríamos de quemar el fuel oil en Planta Centro. Podríamos exportar todo ese producto. En ese caso hasta podríamos permitirnos mantener la tarifas como están porque se trata de una energía que no tiene un costo de fuente primaria, que se paga con lo que el combustible liberado generará al ser exportado. Un parque eólico en Venezuela se pagaría en cuatro años y medio por el gasoil y el gas que libera del mercado interno. Claro que para lograr eso debería existir una articulación entre Pdvsa y el Ministerio de Energía Eléctrica. Eso existe en las leyes, pero no en la práctica. Si Pdvsa financiara los proyectos de energías renovables como fórmula para liberar el gas y el gasoil y dejarlos para la exportación, sería una solución de mediano y largo plazo sostenible para Venezuela, una solución que se pierde de vista. Incrementaríamos nuestras exportaciones y cambiaríamos nuestra matriz energética, la haríamos sustentable. Los costos de energía menores repercutirían en la productividad y la competitividad. La energía generada en forma limpia abre la posibilidad de tener un sistema ferroviario nacional con energía eléctrica generada en forma limpia. Lo que ha ocurrido es que el Estado ha recurrido a soluciones de muy corto plazo que duran no más de tres o seis meses y nos dejan en una situación peor. Esto lo hemos visto en Zulia. Recientemente, con la planta Termozulia 1 se aplicaron soluciones chapuceras. Se han traído plantas que estaban almacenadas, oxidándose por años, casi de chiveras, compradas y nunca instaladas. Se instalaron a trocha y mocha y no duraron ni tres meses. Si traen otra igual, no durará tampoco ni seis meses. No hace falta ser brujo para saber que será así. Tenemos que entender que la solución no va a ser de unos meses. Tardará dos o tres años si se toman las medidas correctas para que no volvamos a pasar por la calamidad que hemos sufrido, sobre todo los zulianos.

 

-¿De los proyectos de energías renovables que ya se crearon, como el Parque Eólico de la Guajira, por ejemplo, alguno es rescatable, hay algo que pueda hacerse o se perdieron? ¿Qué hay y qué puede utilizarse de manera inmediata?

 

-Pueden recuperarse. El del Zulia, lamentablemente, ha sido vandalizado, se produjeron hurtos. Pero el día que se quiera recuperar será posible hacerlo porque las obras civiles, que son el 70% del costo, no se hurtan y también siguen allí la mayor parte de los equipos de alto costo. La recuperación es una cuestión de intenciones que no se han tenido. (Luis) Motta estuvo allí cuando era ministro y habló de recuperar el proyecto, pero no se hizo. Otro parque eólico que se construyó, el de Paraguaná, es perfectamente recuperable. Ninguno de los dos está generando electricidad actualmente. No pueden hacerlo porque las obras nunca se terminaron. Hay que decir que aquí se hizo algo bastante incorrecto, que fue inaugurar obras sin culminar. Esto pasó en el Zulia y también en Paraguaná. Lamentablemente, una vez que fueron inauguradas sin terminar, parece que el que hizo eso se creyó la historia de que estaban listas y ya no se concluyeron. Pero pueden recuperarse. La Guajira y Paraguaná, que son parte de una misma zona como puede verse en los mapas, tienen el mayor potencial para generar electricidad con la energía de viento de toda América Latina. Es decir, que somos el país con las mayores reservas petroleras del mundo, con las cuartas reservas de gas y el país con mayor potencial eólico de América Latina. También tenemos un potencial eólico tremendo en la península de Araya, en el estado Sucre, y en Nueva Esparta, suficiente para independizar a Margarita del cable submarino que ha dado tantos problemas. Pero no los aprovechamos. Sería un negocio redondo: aprovechamos que el viento es gratuito para generar energía dentro del país y poder vender nuestro petróleo y combustibles en el mercado externo. Por otro lado debemos decir que en Venezuela hay experiencias exitosas con energías renovables, como el programa Sembrando Luz de Fundaelec, entre 2008 y 2012 generó energía fotovoltaica en más de 5 mil instalaciones en todo el país, privilegiando las zonas indígenas fronterizas de las etnias wayuu, en Zulia, y pemón, en Bolívar. Estos sistemas son ejemplos mundiales. Los llevamos al Primer Congreso Internacional Energía y Sociedad, realizado en Cataluña en 2016, donde los recibieron muy bien. También hemos tenido publicaciones en ese sentido, que han evidenciado el enorme potencial venezolano para el aprovechamiento de las energías renovables. Hay montones de experiencias de zonas electrificadas con energía solar en la Guajira, en la Gran Sabana, en el páramo de Los Conejos de Mérida. Han funcionado no de manera precaria, sino exitosamente. Hay experiencias, hay éxito, pero debemos superar el miedo que tenemos de que asumir las energías renovables es abandonar la explotación petrolera.  No tiene nada que ver. Es un discurso interesado decir que quienes promovemos las energías renovables somos traidores, que queremos que el país no produzca más petróleo. Es una mentira descarada. Por el contrario, quienes promueven que Venezuela siga quemando gasoil o quiera quemar carbón u otros recursos fósiles para generar electricidad, esos sí son verdaderamente personas contrarias al desarrollo petrolífero venezolano, esos sí son traidores.

 

(Clodovaldo Hernández / LaIguana.TV)