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El desafío petrolero: ¿Se puede volver a levantar la producción en Venezuela? (+Quiaro)
Agosto 11, 2019 -

Hemos vivido cien años del petróleo. Y nos quedan muchos años más de actividad petrolera. Sin embargo desde 2008 nuestra producción ha caído desde 3 millones dee barriles diarios hasta poco menos de 800 mil sin que haya mediado una explicación plausible para todos los venezolanos y venezolanas, que somos al fin y al cabo los accionistas de PDVSA.

 

Son variadas las razones de esta caída de la producción: técnicas, financieras, geopolíticas incluso. La preguntas que subyacen son ¿se puede detener la caída actual de la producción? ¿se puede volver a levantar?

 

En este trabajo hago mías las reiteradas reflexiones sobre el tema de la producción que ha venido haciendo el economista Carlos Mendoza Potellá, quien ha llamado a revisar las estimaciones de producción de crudos pesados en la Faja Petrolífera del Orinoco así como las de reservas certificadas.

 

Aquí hay que hacer un poco de historia. Ya en la PDVSA de la IV República se habían hecho estimaciones sobre las reservas de petroleo pesado de la Faja Petrolífera del Orinoco. Un análisis detallado de los cálculos hechos por los “analistas”, indica que las cifras proyectadas sobre las posibilidades del área, la mayor reserva petrolera del mundo, no tomaron en cuenta factores tan relevantes como las variaciones en el costo de producción del barril respecto a los precios, en un mercado sometido a vaivenes como el mercado petrolero.

 

Al respecto, cito el trabajo “Recursos, reservas, Faja y lutitas” de Mendoza Potellá, en el cual se refiere a la definición que hace el Servicio Geológico de los EEUU sobre recursos técnicamente recuperables: …”significa que el petróleo y/o el gas pueden producirse utilizando la tecnología actualmente disponible y las prácticas de la industria. Esto es independiente de cualquier consideración económica o de accesibilidad. Por ejemplo, la tecnología requerida para producir petróleo puede existir, pero cuesta más de lo que vale el barril. El petróleo es aún técnicamente recuperable…”

 

El problema no son las estimaciones de reservas, que en todos los escenarios nos colocan como uno de los países con mayores reservas del mundo, sino las proyecciones sobre la capacidad para sacar ese petróleo de manera rentable. Las estimaciones sobre el costo de extracción del barril de petróleo pesado de la Faja hoy rondan los 110 dólares, mientras los precios internacionales promedian los 75 dólares por barril.

 

¿Por qué es tan costoso? Porque el petróleo pesado requiere para su comercialización final de un proceso de mejoramiento que involucra el uso de petróleo más liviano para llevarlo a las óptimas condiciones, sin contar otra serie de procesos tecnológicos por sus características particulares.

 

No es necesario ser un experto en el tema para darse cuenta que es necesario revisar las estimaciones de producción en la Faja Petrolífera del Orinoco, en base a las condiciones actuales del mercado y el costo de producción del barril, así como a las limitaciones en las que PDVSA, acosada por un brutal bloqueo y disminuida en sus capacidades operativas, debe hacer frente a este desafío.

 

Hay que afinar la utilización de los recursos disponibles en base a estimaciones muy realistas, que tomen en cuenta las posibilidades de los socios que tenemos en la Faja de elevar la producción. Varios estudios de diversas fuentes estiman el crecimiento de la producción de crudos extrapesados venezolanos entre los 100 mil y los 200 mil barriles diarios en los próximos dos años. Es obvio que detener la caída de la producción y levantarla no puede basarse únicamente en la explotación de la Faja.

 

Mirar hacia los crudos ligeros

 

Afortunadamente para los venezolanos y venezolanas, la riqueza petrolera del país tiene en los crudos ligeros un gran potencial, que fue abandonado para concentrar esfuerzos en la Faja Petrolífera del Orinoco. Unos 4 mil campos y 14 mil pozos en la geografía nacional pueden producir este tipo de petróleo.

 

Aquí vuelvo a citar el trabajo de Carlos Mendoza Potellá para poner en perspectiva las potencialidades de Venezuela en la producción de petroleo ligero.

 

“Según las cifras oficiales, en nuestros campos convencionales, la mayorías de ellos proyectos ancianos descubiertos desde hace más de medio siglo, se encuentran reservas probadas reales que superan en conjunto las de muchos países. De acuerdo a las cifras del reporte estadístico de British Petroleum de junio 2018 (…) las reservas probadas de más de 10 grados API de Venezuela son de 89 mil millones de barriles, cifra superior a la de Estados Unidos, Libia, Nigeria, Kasajastán, China y Qatar, individualmente considerados”.

 

Una revisión que hace Mendoza Potellá a las reservas de los diez mayores campos del Zulia, extraídas del Informe General de Actividades 2016 de PDVSA, da cuenta que sólo esos campos tienen reservas de petróleo ligero mayores de siete países de América Latina, como se puede visualizar en el cuadro que transcribo a continuación:

Esta muestra de las reservas probadas de Venezuela en crudos ligeros da cuenta del potencial que se tiene, y que es técnicamente posible explotar en el corto y mediano plazo. Además tienen una diferencia sustancial con la producción de crudos pesados de la Faja: mientra el barril de crudo pesado cuesta alrededor de 110 dólares, el crudo ligero cuesta entre 50 y 60 dólares.

 

Fórmulas inteligentes, no mágicas

 

En un contexto como el nuestro, donde el país enfrenta un bloqueo económico, financiero, comercial, tecnológico; donde PDVSA tiene serias limitaciones operativas producto no sólo del bloqueo al que nos ha sometido el gobierno de los EEUU, es necesario poner sobre la mesa las ventajas y posibilidades para detener la caída y elevar en lo posible la producción petrolera del país.

 

Las formulas deben incluir estrategias para seguir trabajando en la Faja Petrolífera del Orinoco, que establezcan metas plausibles, concretas, muy realistas. Y otros planes para el desarrollo de los campos maduros que permitan explotar las ingentes reservas en petróleo liviano con las que cuenta el país.

 

No es con los expertos y analistas que se pueden tomar estas decisiones. No exclusivamente. Hay un clase obrera petrolera, que ha sostenido a la industria todos estos años, que tiene mucho que decir sobre los planes a corto, mediano y largo plazo en función de superar la actual situación.

 

La hora es nona, como dice un refrán popular. Las decisiones que se tomen respecto al rumbo de la actividad en la industria petrolera nacional van a marcar el futuro del país en las próximas décadas. La visión de ese futuro debe marcar las decisiones y planes para hacer posible el país que soñamos, que queremos construir.

 

(Esther Quiaro / LaIguana.TV)