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Investigan al obispo más anciano del mundo y tío de Sebastián Piñera por presunto abuso sexual a menores
Agosto 25, 2019 -

A sus 103 años la denuncia lo agarró por sorpresa. Bernardino Piñera, arzobispo emérito de La Serena, una ciudad al norte de Santiago, y una figura muy influyente en Chile, ha sido acusado esta semana de abusos sexuales contra un menor de edad por unos hechos que habrían ocurrido 50 años atrás. El obispo, el más anciano de la Iglesia Católica, es –además– tío del presidente chileno, Sebastián Piñera, hermano de su padre.

 

La Nunciatura Apostólica en Chile informó que “la Santa Sede ha dispuesto la realización de una investigación previa para averiguar si es verosímil la denuncia de un presunto abuso sexual a un menor de edad, que habría sido cometido hace más de 50 años”. La publicación difundida por la Conferencia Episcopal añadía que “se está en contacto con la persona que ha presentado la denuncia y, al mismo tiempo, se está actuando en el respeto del principio de la presunción de inocencia”.

 

Ante el anuncio de El Vaticano, Bernardino Piñera respondió a través de un comunicado que “desconoce” la acusación y “ofrece su plena disposición a colaborar” para esclarecerla. “Doy fe de que, durante mi larga vida sacerdotal que comenzó en 1945, siempre he tenido una conducta intachable”, argumentó.

 

“Me cuesta creerlo”

 

A las pocas horas de conocerse la noticia, el presidente Piñera, que mantiene una relación cercana con su tío, salió a hablar públicamente del tema: “Toda denuncia debe investigarse con rigor, para verificar su verosimilitud y para esclarecer la verdad, y este caso no constituye una excepción”, aseveró. Sin embargo, luego añadió unas palabras, éstas como familiar: “Conociendo por casi 70 años a Bernardino Piñera, como sobrino, me cuesta creer en una denuncia que se hace 50 años después de ocurridos los eventuales hechos a un hombre que tiene 103 años de vida”. El mandatario cuestionaba así las acusaciones en una rueda de prensa en la que no admitió preguntas de los periodistas.

 

Las declaraciones del jefe de Estadolevantaron una fuerte polémica. Desde los políticos de oposición hasta las redes sociales recordaron al presidente las palbras que pronunció, casi a modo de eslogan, cuando el pasado mes de julio el país aprobó la Ley de Imprescriptibilidad de los Delitos Sexualescontra menores: “El tiempo no será nunca más un cómplice de los abusadores de nuestros niños”, dijo entonces. El mandatario ha mantenido una postura muy dura en contra de estos delitos, pero su comparecencia se interpretó como si tomara ese caso con ligereza o ánimo de desacreditarlo por tratarse de episodio que implica a su familiar.

 

El ministro de Interior, Andrés Chadwick, quien también es sobrino y ahijado de Bernardino Piñera, se refirió luego al tema: “Las palabras del presidente me interpelan por completo”, afirmó. Y reiteró que la noticia “no cambia en nada” el principio de la Ley de Imprescriptibilidad impulsada por el gobierno y el propio presidente. “No vemos ninguna contradicción”, concluyó. Otras autoridades también dudaron públicamente de los hechos que se investigan e incluso llegaron a burlarse de la denuncia.

 

Molestia de las víctimas

 

La reacción de las autoridades molestó a las víctimas que están levantando las denuncias de los abusos clericales en el país. Varios colectivos exigieron al presidente que pida disculpas por subestimar las acusaciones. El portavoz de la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico Chile, Jaime Concha, apeló al “derecho al tiempo que tiene toda víctima de abuso sexual infantil para hablar cuando pueda y no cuando deba”. Y añadió: “Sus palabras son revictimizantes para los sobrevivientes”.

 

Otro denunciante, Jaime Pulgar, lamentó que “se esté denostando” a la víctima, aún cuando no se ha hecho público su nombre. “Esto es lo que hemos vivido por muchos años los denunciantes”, añadió.

 

Por su parte, la representante del colectivo Madres de Chile, Ximena Astorga, puso énfasis en los factores que influyen en el retraso de las denuncias: “Esos bloqueos son a nivel psicológico y pueden durar muchos años y recién recuerdan. Hay otros que –por opción– deciden callar. Puede ser en cualquier momento”, subrayó.

 

Noventa días para investigar

 

Bernardino Piñera ejerció entre 1983 y 1990 como arzobispo de La Serena y entre 1983 y 1988 fue presidente de la Conferencia Episcopal de Chile. Se desempeñaba como tal cuando el papa Juan Pablo II visitó el país sudamericano en 1987, en plena dictadura. En la última visita papal, en enero de 2018, Francisco dijo sobre su persona: “Monseñor Piñera ha vivido cuatro sesiones del Concilio Vaticano II. Es una hermosa historia viviente”. Médico de profesión, algunos analistas destacan su desempeño como consultor de otros religiosos a nivel latinoamericano.

 

Desde ahora, el Vaticano dispone de 90 días para determinar si es o no verosímil la denuncia, para luego dar paso a un proceso administrativo: “El objetivo de la investigación es verificar si se trata de acusaciones fundadas antes de dar inicio a un proceso canónico a cargo del arzobispo”, dijo el director de la oficina de prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni.

 

En los últimos años Chile ha levantando la alfombra que esconde abusos y encubrimientos por parte de la Iglesia Católica. Los últimos se conocieron en julio, cuando los jesuitas reconocieron que el fallecido sacerdote Renato Poblete, que lideró durante años el Hogar de Cristo, la institución caritativa más importante del país, abusó durante casi medio siglo, entre 1968 y 2008, de 22 mujeres, entre las que se encontraban cuatro menores de edad.

 

En abril, la Fiscalía dio a conocer un balance actualizado de los casos que se investigan. Se trata de más de 200 sacerdotes y casi 250 víctimas involucrados en más de 160 causas. El megaproceso se abrió tras la visita del Papa Francisco al país sudamericano. El Pontífice optó por arremangarse y hacerse cargo de este asunto en una histórica decisión. Designó al arzobispo de Malta, Charles Scicluna, como responsable de las investigaciones; invitó a algunos de los abusados a Roma para escuchar sus testimonios; y convocó a la Conferencia Episcopal chilena al Vaticano, donde recibió la dimisión de los 34 obispos en una renuncia sin precedentes. 

 

(Público.es)