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Ernesto Segovia: Alpargata Mediática forma a jóvenes para que cuenten la historia local (+Cara a Cara)
Septiembre 3, 2019 -

No se trata de convertirlos, de una vez, en cineastas, sino de ayudarlos a manejar herramientas audiovisuales para que reconstruyan la historia de sus localidades. Tal es el propósito de los cursos que comenzará a impartir Alpargata Mediática, una iniciativa que opera como brazo comunicacional de la Organización de Pedagogos por la Emancipación.

La idea la explicó a LaIguana.TV el documentalista venezolano Ernesto Segovia, quien además habló extensamente sobre Rostros del dolor, el documental que dirigió, en el que se presentan los testimonios de los familiares del atentado cometido por terroristas anticomunistas contra una aeronave de Cubana de aviación, en 1976.

A continuación, una versión del diálogo que Segovia sostuvo con el periodista Clodovaldo Hernández:

-¿Qué es Alpargata Mediática?

-Alpargata Mediática nace como una construcción colectiva de varios compañeros y compañeras que veníamos trabajando en distintas instituciones del Estado y teníamos la inquietud común de darle un vuelco a la avanzada mediática con la que se ha sometido a Venezuela a nivel internacional y nacional. Luego, la Organización de Pedagogos por la Emancipación decidió que Alpargata Mediática sea su brazo comunicacional. De allí empezaron a surgir ideas para, como dije, darles respuestas a las situaciones políticas que se presentan en el país y contrarrestar la canalla mediática.

-¿Qué hace exactamente la Organización de Pedagogos por la Emancipación, aparte de este brazo comunicacional que es Alpargata Mediática?

-Surge en 2010 con la intención de aglutinar a la mayor cantidad de educadores egresados del Programa Nacional de Formación en Educación de la Misión Sucre. Mi esposa es una de las fundadoras de esa organización. La misma cotidianidad nos hizo decidir que el ser una organización de pedagogos no excluye su participación en otras actividades culturales y sociales que se estén generando en el país.

-Con ese nombre, suponemos que es tienen un enfoque muy robinsoniano…

-Sí, bastante.

Rostros del dolor, cuarenta años después

-¿Cómo te interesaste personalmente en el tema del atentado al avión de Cubana, siendo muy joven?  Supongo que en 1976 no estabas aún ni siquiera en lista de espera…

-Mi papá ha visitado Cuba desde 1960. Hasta lo pusieron preso por eso en tiempos en que Rómulo Betancourt rompió relaciones con Cuba e hizo la propuesta para excluirla de la OEA. Él siempre ha tenido vínculos sobre todo con los deportistas cubanos. Fue fundador del antiguo Instituto Venezolano-Cubano de Amistad, el IVCA, que estaba en Los Chaguaramos. Por medio de mi papá siempre ha existido esa amistad con el pueblo cubano. Él es árbitro internacional de voleibol y ese mes de octubre se iba a realizar un cursillo técnico en La Habana. Existía la posibilidad de viajar en compañía de la selección de esgrima, que había estado en Venezuela y que debía hacer un trayecto indirecto por Guyana, Trinidad, Barbados y Jamaica por la situación del bloqueo. Entonces le dijeron que habían suspendido el cursillo técnico, y a mi papá lo mandaron a unos juegos en Maracaibo. Así que no fue a Cuba.

Afortunadamente para mi familia y para mí, no viajó, pero hubiese podido ser otra las 73 víctimas del atentado. Luego, personalmente estuve participando por años en los coloquios de solidaridad con los Cinco Héroes Cubanos. Allí conocí a los familiares de las víctimas del atentado. Entonces experimente como mío su dolor. De allí nació una amistad entrañable y en 2014 les plantee la posibilidad de que realizáramos un trabajo documental que inicialmente habíamos pensado que fuera de diez o quince minutos porque yo nada más contaba con una cámara. Luego la dinámica me fue envolviendo, me quedé cuatro meses allá y surgieron ideas. Le plantee a Alí Alejandro Primera la posibilidad de que hiciera una canción. Él estuvo de acuerdo. En ese momento de veía como una posibilidad lejana la de ir a La Habana a grabar el videoclip. Conversamos con el compañero Jean Carlos (Pereira) que era el presidente de Fonacit (Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación), quien nos facilitó los pasajes para ir a Cuba. Nosotros mismos nos costeamos el hospedaje. En esa primera avanzada logramos grabar el videoclip en el marco del 6 de octubre del año 2015 (cuando se cumplieron 39 años del atentado). A Alí Alejando le tocó compartir con las familias y allí comenzamos a buscar de dónde podíamos agarrar una cámara. Comenzamos con la que yo tenía, pero luego pasamos a unas DSLR que resultaron mucho más prácticas. Ir a grabar a La Habana no es fácil. Se requiere solicitar los permisos ante la embajada en Caracas y que sean avalados por el Centro de Prensa Internacional. Si te ven grabando en la calle, te piden la autorización. En una de las oportunidades, nos dejaron la microfonía retenida en el aeropuerto.

-¿Los familiares de las víctimas del avión están organizados?

-Tienen un Comité Internacional de las Víctimas del Terrorismo. Varios de sus miembros salen en el documental. La base son las víctimas del atentado del avión, pero también están otras personas que también han sido víctimas del terrorismo, como era el caso del padre de Fabio di Celmo, el turista italiano que murió en el atentado contra el hotel Copacabana.

-¿Qué pudiste percibir del sentir, del sentimiento de esas personas? Este es un caso signado por la impunidad porque Luis Posada Carriles, uno de los autores intelectuales, junto a Orlando Bosch, huyó de Venezuela. Luego, cuando estaba preso en Panamá, lo indultó la presidenta Laura Chinchilla, como un favor de último minuto al imperialismo, lo que le permitió morir de viejo en Miami, como un abuelito feliz.

-Es sorprendente porque en el documental, la nieta del capitán del avión dice algo parecido. En el documental quisimos recoger la experiencia de personas que estuvieron de primera mano en el caso, como Alicia Herrera y Nicanor León Cotayo, que fueron los primeros en escribir sobre el tema. También consultamos a Ernesto Villegas porque escribió un libro y le entregaron unas pruebas. Pero quisimos involucrar a los jóvenes, en este caso a nietos de las víctimas. Bueno, Ana Lucía, la nieta del capitán del avión, nos dijo: “Orlando Bosch ya se murió, y Posada va a morir de viejo, pero ellos me quitaron el derecho a poder cuidar a mi abuelo”. Esas palabras de una joven de 20 años nos conmovieron mucho porque recogen todo lo que significó ese atentado.

Has mencionado a Alicia Herrera, una de las primeras personas que abordó el tema y luego de hacerlo tuvo que irse del país, exiliarse y radicarse en Cuba hasta la actualidad (ahora que tanto se habla de exiliados). ¿Cómo la encontraste en La Habana y qué te aportó para el documental?

-Alicia fue un bastión. Hubo muchas personas que aportaron porque este fue un documental hecho a pulmón, pero la contribución de ella fue muy importante. Nos abrió las puertas, fue el engranaje con el Centro de Prensa Internacional. Nosotros desconocíamos que era requisito pagar una cantidad por cada integrante del equipo para la acreditación. Alicia nos cobijó como sus hijos, como sus hermanos. Igual pasó aquí con muchos compañeros, como William Santana de la Red Nacional de Cineclubs, Luis Manuel Flores con el sonido, y Ángel Palacios que nos dijo “no descansen porque este es un trabajo militante”. Había la particularidad que La Villa del Cine estaba sacando un documental para la misma fecha y con las mismas intenciones. Ángel Palacios nos dijo que la diferencia entre nuestro documental y el de La Villa del Cine era que el nuestro era un documental militante. “Ustedes van a comer empanadas sentados a la orilla de la calle, lo van a vivir y sentir, mientras La Villa va a llegar con su catering y su maquinaria de producción”. Nos dijo que aunque hubiese 20 o 200 documentales, el de nosotros tendría un sentido distinto. En fin, fueron muchas las personas cómplices de que pudiéramos hacer este trabajo.

-¿En Venezuela qué parte el documental se grabó? ¿A quiénes entrevistaron?

-Aquí entrevistamos al embajador de Cuba, Rogelio Polanco, a Ernesto Villegas y al embajador de la República Democrática de Corea del Norte. En los documentales anteriores vimos que no existía una voz de esta nación, a pesar de que en el avión fallecieron cinco funcionarios diplomáticos de la República Democrática de Corea y por eso nos pareció pertinente entrevistar al embajador. También hicimos una parte del videoclip del tema que se lama “La canción que trajo el mar”, de Alí Alejandro Primera.
-El documental ha sido premiado y ha tenido bastante receptividad, sobre todo, naturalmente, en Cuba…
-Sí, la primera gran sorpresa y satisfacción fue participar en el Festival de Cine Latinoamericano. Estar en el mismo espacio con documentales de todo el continente y de todo el mundo, participado en el mismo renglón que la película Abril, del compañero (José Antonio) Varela, nos emocionó bastante porque el nuestro fue un trabajo escarbado con las uñas. Participamos en un festival en Bogotá, luego en el Festival Internacional de Cine Documental en Santiago de Cuba donde obtuvimos un reconocimiento y dos premios. Uno de ellos fue un cupo para un taller en la Escuela Internacional de Cine Internacional de San Antonio de Los Baños. Ese taller se hizo el año pasado en La Habana y de allí surgió otro documental, como trabajo final. También logramos presentar Rostros del dolor en Barbados (último punto de despegue del avión, antes de estallar en el aire) gracias a un esfuerzo del cónsul Francisco Pérez, en el marco de los 40 años de amistad Cuba-Barbados. Ha alcanzado una gran magnitud. Falta una última presentación en festivales y luego se abrirá en Youtube para que pueda ser visto por cualquier persona. Consideramos que sería muy egoísta no socializarlo. Para este 6 de octubre tenemos previsto, junto a compañeros cubanos aquí en Venezuela, realizar una donación para un Memorial de la denuncia que hicieron en La Habana. Estamos en conversaciones con el embajador Adán Chávez y otros funcionarios para hacer la donación, presentar el documental y que tal vez puedan venir algunos de los familiares a presentar el documental en varios espacios donde tenemos participación como militantes. Ese ha sido un sueño nuestro desde el principio.

El curso de iniciación audiovisual

-Trascendiendo a ese documental (que fue terminado en 2017) ¿qué otros proyectos están trabajando actualmente en Alpargata Mediática?

-Muchas cosas. En marco del Plan de Avanzada Cultural, al que el presidente Nicolás Maduro le dio un espaldarazo tremendo en un acto en el Museo Alejando Otero, vamos a avanzar con un proyecto que habíamos presentado hace tiempo, una Escuela de Producción Audiovisual en Catia. Yo nací y me crié en El Paraíso, pero vivo en Catia hace quince años. La intención es conformar esa escuela desde nuestros espacios naturales de vida y de cotidianidad. Es odioso cuando te sientas con las grandes lumbreras del cine, con los grandes cineastas que siempre han hecho las películas importantes, y parece que ellos tuvieran sangre azul, que fueran dueños del conocimiento y de las herramientas para hacer un trabajo de calidad, los iluminados. Eso es totalmente falso. Con esto no quiero decir que vamos a hacer una escuela de cineastas. No. Los objetivos están bien claros: somos una organización de pedagogos que busca la emancipación. El eje transversal es la formación de un nuevo ser humano, con un componente político, no de politiquería ni demagogia. Estamos bien claros en lo que queremos, más aún porque estos jóvenes van a tener en sus manos unos verdaderos “fusiles”, unas verdaderas “balas”. El ministro (de la Cultura, Ernesto) Villegas nos dijo que contáramos con su respaldo. Tenemos previsto entre el 23 y el 30 de septiembre arrancar con quince personas, debido a los pocos equipos que tenemos. Serán seis meses de formación. Se hizo un enlace con la compañera Aracelis (García), que estaba en el Centro Nacional de Cinematografía, ahora lo mantenemos con Roque (Valero) para que los compañeros del curso de iniciación salgan certificados por el CENAC, no como cineastas, sino como un punto de partida. Después, si quieren ser cineastas, camarógrafos, luminitos, decoradores, directores, editores, puedan ir tomando su camino. Si nuestra escuela crece, podríamos presentar distintos talleres. En este primer taller, el producto final será la reconstrucción de la historia local. Ellos tendrán que realizar una pieza sobre la comunidad que hayan abordado, con un trabajo de investigación que permita rescatar nuestras propias raíces, que sepamos quiénes somos, de dónde venimos y nunca lo olvidemos.

 

(Clodovaldo Hernández / LaIguana.TV)