América Latina es hoy un hervidero. El hostigamiento y el asedio programado contra Venezuela parece revertirse contra las naciones de la región que se aliaron con Estados Unidos para imponer un bloqueo total, económico, financiero, diplomático y político, y ocasionar el derrocamiento del Presidente Nicolás Maduro.

 

Una delicada crisis institucional en Perú, con la disolución del Congreso y la destitución del presidente el mismo día, ha tenido sus consecuencias en las calles de esa nación.

 

Honduras enfrenta un estridente escándalo que acusa a su actual presidente, Juan Orlando Hernández, como cómplice de las bandas del narcotráfico, levantando la alcantarilla de la tenebrosa alianza entre crimen organizado, narcotráfico y partidos políticos, en un país que en el año 2011 alcanzó el record de más 90 asesinatos por cada cien mil habitantes, superando más de diez veces el promedio mundial de homicidios.

 

En Ecuador, las protestas indígenas y populares en contra del paquete neoliberal del Fondo Monetario Internacional, ejecutado por el presidente Lenín Moreno, recibieron como respuesta una brutal represión. Sin embargo, los ecuatorianos continúan en las calles exigiendo que se levante el estado de Excepción y se anulen las medidas económicas anti-populares.

 

En Colombia, el sistemático asesinato de cientos de líderes sociales y defensores de los derechos humanos atenta contra el acuerdo de paz firmado con la guerrilla en el 2016. Entre tanto, 70% de los colombianos desaprueba la gestión del actual presidente Iván Duque, al cumplir su primer año de Gobierno.

 

Una huelga nacional por la soberanía de la educación y contra los recortes presupuestarios que adelanta el Gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil, moviliza a más de 60 universidades y mantiene en tensión permanente a la nación amazónica mientras crece la impopularidad del presidente ultraderechista.

 

Mientras tanto, en Argentina se anticipa la derrota electoral del presidente derechista, Mauricio Macri, quien aspira a la reelección, y se da por seguro el regreso de las fuerzas progresistas al poder.

 

En México, el triunfo electoral de López Obrador, hace 1 año, le abrió las puertas del poder a la izquierda, por primera vez en su historia. Y en Bolivia, es muy probable la reelección del presidente Evo Morales en los comicios del próximo 20 de octubre.

 

Pasaron muy pocos años para que se desmoronara la llamada “restauración conservadora y neoliberal” en la región. Las derechas latinoamericanas no aprendieron de las significativas lecciones que trajo la década progresista en América Latina.

 

Las élites conservadoras intentaron reeditar el fracasado modelo neoliberal que en la década de los 90 hundió a nuestros países en más pobreza, desigualdad e injusticia social, sin entender que el ciclo neoliberal está llegando a su final y que comienza una nueva época con las luchas de los pueblos por un modelo económico y social más igualitario y más justo.

 

Para la izquierda y las fuerzas progresistas significa asumir el reto de definir con urgencia un modelo económico CON Estado y CON Mercado, construir una nueva hegemonía que incluya a todos los sectores, y profundizar en una visión de sociedad que promueva el emprendimiento productivo con compromiso social. No hay tiempo que perder.

 

(Oscar Schémel)

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