El sacerdote Jesús Rondón Molina, asesinado el pasado 16 de enero por un menor de 17 años a quien abusaba sexualmente desde que este tenía 14, era reincidente y le habían prohibido tener trato con menores de edad; además, debía residir en el Monasterio de las Carmelitas en Rubio, donde podía celebrar misas solo en privado para las religiosas. Sin embargo, hizo caso omiso del castigo, según se desprende de un comunicado emitido este jueves 23 de enero por la Diócesis de San Cristóbal, a la que pertenecía.

 

En el comunicado, firmado por el obispo de San Cristóbal, Mario Moronta, la Diócesis repudió los hechos imputados al presbítero, pero al mismo tiempo lamentó su trágica muerte “y pedimos que la justicia divina se manifieste con misericordia”. Agregan que también están orando por el adolescente que ejecutó el crimen “imploramos también para él la misericordia del Dios de la Vida y del Amor”.

 

Finalmente, se aclara que “al  igual que en todas las Diócesis de Venezuela, en la nuestra de San Cristóbal hemos asumido las normativas de la Iglesia Universal para enfrentar los casos de abusos de menores por parte de clérigos. De hecho, se han realizado varias investigaciones que han culminado con sentencia firme; es decir con la dimisión del estado clerical de algunos sacerdotes”.

 

En el caso del sacerdote Rondón Molina, las investigaciones a las que fue sometido por otros casos de abusos de menores ya habían concluido y había recibido sentencia definitiva de dimisión del estado clerical “y, ante dicha sentencia había presentado la apelación a los organismos correspondientes de la Santa Sede. A pesar de las múltiples llamadas de atención, desobedeció las órdenes y medidas cautelares”, reza el comunicado.

 

(LaIguana.TV)

 

 

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