País sitiado

País sitiado

 

Aparte de Cuba y  Nicaragua, no hay país latinoamericano que en los últimos años haya resistido tantas agresiones asestadas por  potencias imperiales como Venezuela. Desde que Hugo Chávez es electo Presidente en diciembre de 1998, se suceden campañas mediáticas de deslegitimación, golpes de Estado, desconocimientos de elecciones por la oposición,  intentos de magnicidio, oleadas terroristas, conatos de invasión paramilitar, sabotajes masivos de bienes y servicios públicos, conjuras diplomáticas,  bloqueos criminales, presidentes autoelegidos, Iatrocinio masivo de depósitos y bienes públicos en el exterior.

 

Guerra de rapiña

 

Esta Guerra de Cuarta Generación no tiene que ver con Democracia, Derechos Humanos ni Libertad. Busca apoderarse de recursos naturales que comprenden la quinta parte de los hidrocarburos del planeta, la segunda reserva de oro, inagotables yacimientos de hierro, coltán, uranio, biodiversidad y agua dulce ¿Cómo sobrevive Venezuela a tantas agresiones, por cuánto tiempo continuará venciéndolas?

 

Sociedad

 

Gracias a los gobiernos bolivarianos,  Venezuela es uno de los pocos países que cumplió con la casi totalidad de las Metas del Milenio, fijadas por la ONU para 2015. Según el índice de Gini, es el país con menor desigualdad social de la América Latina capitalista. Venció definitivamente el analfabetismo; uno de cada tres venezolanos estudia, uno de cada nueve en institutos universitarios gratuitos. El 76% del gasto público es para inversión social. Recientemente el
gobierno completó los tres millones de viviendas de interés social.

Desde el siglo pasado la pobreza pasó del 40 al 7%, la mortalidad infantil se redujo a la mitad, la desnutrición disminuyó de 21 a 5%. Estos resultados explican la victoria en 23  de las 25 consultas electorales realizadas en veinte años, efectuadas, bueno es recordarlo, con el que Jimmy Carter llamó el sistema electoral más perfecto del mundo.

 

Agresión económica

 

Si el bolivarianismo subsiste en parte gracias a la redistribución del excedente para fines sociales, la Guerra de Cuarta Generación trata de imposibilitarla. A partir de 2014 un dumping petrolero destinado a arruinar las industrias de los países productores llevó los precios casi al costo de producción. Estados Unidos desató contra Venezuela latrocinios que llama “sanciones”: congeló 15 mil millones de dólares en depósitos en bancos del exterior, se apoderó de las refinerías CITGO, que valen más de 12 mil millones de dólares, y diversos bancos por su cuenta retuvieron depósitos en oro y divisas, a pesar de que la Convención sobre Bienes de los Estados en el Exterior de la ONU prohíbe medidas contra dichos activos por presumir que están destinados a finalidades de interés público. Por otra parte,en Venezuela más del 85% de las empresas son privadas, y en complicidad con páginas web extranjeras que asignan tasas de cambio absurdas entre la moneda nacional y el dólar,  han disparado una mortífera hiperinflación  irrespetando los precios “acordados” con el gobierno.

Por  esa complicidad entre páginas web foráneas y empresarios el bolívar se ha devaluado 40.276.179.416% desde enero de 2013 hasta fines de 2018.  El 2020 ha de ser el año en que nuestra diplomacia exija la aplicación de la Convención de la ONU sobre Bienes de los Estados en el Extranjero, y en que efectivas medidas socialistas de control de costos y de precios corrijan el desastre producido por la libertad de mercado.

 

Costos sociales

 

El bloqueo y el sabotaje interno que recrudecen a partir de 2015 amenazan los éxitos sociales del bolivarianismo. Desde principios de 2018 Estados Unidos suprime las compras de petróleo venezolano, que representaban el 35,6% del total de la producción,  consigue mediante amenazas que países como la India suspendan sus adquisiciones y que
las instituciones de crédito nieguen sus préstamos o eleven desproporcionadamente los intereses de éstos. Un desabastecimiento programado desaparece de los expendios los bienes no perecederos y por tanto acaparables, tales como artículos de limpieza personal, medicinas, alimentos procesados, repuestos y maquinarias. Repetidas veces sugerimos que el Estado asumiera la importación y distribución de bienes básicos. La organización de Comités de Lucha, Abastecimiento y Producción (CLAP) cumple en parte la sugerencia, distribuyendo cada mes unos seis millones de paquetes de alimentos a precios solidarios.

Ello significaría que cada familia de cinco personas recibiría uno. El informe de Mark Weisbrot y Jeffrey Sachs Economic Sanctions as Collective Punishmen: The Case of Venezuela, cuantifica los efectos del bloqueo en unas 40.000 muertes, pero el cálculo es debatible, pues se fundamenta en supuestas tasas de defunción no oficiales, estimadas presuntivamente por ONG´S antigubernamentales, quizá para alimentar la matriz de opinión de la “crisis  humanitaria” que justifique una intervención armada externa. En todo caso, los efectos de las sanciones son profundos y graves, afectan las espléndidas metas logradas por la gestión boliviariana, y correspondería al gobierno en 2020 cuantificarlos de manera confiable e informar detallada y verazmente sobre ellos.

 

Demografía

 

Venezuela ha sido tradicional refugio de inmigraciones masivas. Nada más desde Colombia  ingresaron al país en los últimos años unas 5.600.000 personas, a las cuales se acogió sin problemas y se otorgaron idénticos beneficios sociales que a los nacionales.  Las difíciles condiciones impuestas por el bloqueo han favorecido la emigración.  Un informe del Servicio de Estudios Económicos del BBVA Research sobre los venezolanos en Perú destaca que éstos trabajan 20 horas más, presentan mejor estado de salud y en promedio mejor educación que los peruanos. Además,  supuestamente habrían aumentado en 1% el PIB del país receptor. La oposición ha fantaseado cifras de emigración absurdas; sin embargo, ni el CIA Factbook ni el Index Mundi registran ingresos significativos de migrantes en los países vecinos. Según sus datos, de Venezuela habrían migrado sólo unas 38.027 personas en 2018, cifra significativa pero no exorbitante para un país de 30 millones de habitantes. Campañas mediáticas han creado un clima de xenofobia contra los venezolanos. El año 2020 será el momento para que  el gobierno desmienta  fabulaciones opositoras  informando con exactitud el número real de emigrados, su edad y grado de educación, e inicie políticas de inserción laboral de los profesionales que desestimulen su éxodo al exterior.

 

Dolarización

 

En Venezuela 97,5% de las divisas proviene de exportaciones del Estado, única entidad competente para ejercer la industria petrolera. El gran y casi único negocio de la burguesía parasitaria es que el Estado le transfiera ese ingreso mediante divisas a tasa preferencial, condonaciones de deudas o contratos ventajosos, al extremo de que sólo
entre 2003 –año en que Chávez instauro el control de cambios- y 2014 fueron transferidos  329.756 millones de dólares del Tesoro Público a un sector privado cuyas exportaciones no aportan más del 2,5% de las divisas que nos ingresan. La adopción del dólar como divisa nacional es imposible.  La masa monetaria de Venezuela era en 2013 de
1.188.000.000.000 de bolívares, un 44.82% del Producto Bruto Interno.

El PBI para 2017 según el FMI sería de 215.307 millones de dólares; para obtener las divisas equivalentes aproximativamente a un 44,82% de esa magnitud deberíamos gastar la totalidad de nuestras reservas internacionales -que a mediados de 2017 totalizaban 9.928 millones de dólares- y todavía  encontrar otros 999.990 millones de dólares en momentos en que el país confronta problemas de liquidez para satisfacer compromisos internacionales y realizar importaciones indispensables. A pesar de ello, desde 2019 se permitió la libre
circulación de dólares, sin que ninguna norma explícita prohiba la transferencia de ellos al sector privado.  A pesar de que éste sólo aporta el aludido 2,5% de las divisas que ingresan y las remesas no pasan de trescientos millones de dólares al año,  muchos comercios fijan sus precios en dólares inaccesibles para las mayorías. Divisas de origen desconocido compran  bienes y empresas a precios irrisorios: no es imposible que se trate de legitimación de capitales o de intereses hostiles que adquieren propiedades que les reportarían determinante influencia negativa en nuestros asuntos internos. Es una situación inaceptable para la soberanía que la Reserva Federal controle el signo monetario nacional.  Para el año 2020 debe ejercer el gobierno estrecha vigilancia sobre la procedencia de divisas
foráneas  y su inversión en campos que pudieran afectar el interés público, y retornar al control de cambios que frenó la fuga de divisas durante la presidencia de Hugo Chávez Frías.

 

Unión cívico militar

 

En las últimas décadas los  gobiernos progresistas que han persistido incólumes o  recuperado el poder han sido aquellos que lo conquistaron a la cabeza de un ejército revolucionario, como en Cuba o Nicaragua, o lograron un acuerdo con la institución armada, como en Venezuela. El bolivarianismo se ha ganado la confianza del ejército, y sólo una fracción de éste flaqueó en el golpe de Estado de 2002. Desde ese entonces los  enemigos externos  e internos vacilan ante un cuerpo del ejército que ha crecido hasta los 315.000 efectivos, una  Reserva de unos 438.000, y una Milicia estimada en un millón de miembros, cuerpos que cuentan con armamento moderno vendido por Rusia y por China. Las amenazas bélicas de Donald Trump y sus asesores han bajado de tono, y con ellas las bravatas de otros países de la región. 2020 debe ser el año de integración del total de la población a un esquema de
resistencia defensiva total que imposibilite todo ataque.

 

Victoria política interna

 

A comienzos del año 2020, un radical cambio de la oposición ayuda a frustrar la maniobra concebida por Estados Unidos de reconocer un Presidente de la República títere. Según el artículo 233 de la Constitución de la República Bolivariana “Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional”. Fundándose en dicha norma, a comienzos de 2019 se autoproclamó Presidente de la República el para entonces presidente de la Asamblea, Juan Guaidó, a pesar de que no se había producido falta absoluta del legítimo Presidente de la República; de que no se convocaron nuevas elecciones, y de que el autoelegido pretendió permanecer en dicho cargo, no treinta días, sino indefinidamente. Los actos del fantoche fueron dignos de él: ocupó con soldados engañados una intersección de una autopista, convocando a un fallido golpe de Estado que costó la vida a varios efectivos del Ejército leal; trató de invadir territorio venezolano con fuerzas extranjeras por las fronteras con Colombia y Brasil, con el pretexto de introducir “ayuda humanitaria”; se convirtió en  agente  del despojo de los bienes de la República en el exterior, comenzando con las refinerías de CITGO en Estados Unidos. Al concluir su período como presidente de la Asamblea Nacional el 5 de enero de 2020, la mayoría opositora de dicho cuerpo eligió otra directiva, por cierto también
toda opositora, con lo cual el “encargado” eterno quedó sin investidura y su “gobierno” paralelo dejó de existir. Dicho sector de la oposición convino en participar en las elecciones parlamentarias del presente año y respetar su resultado. Con ello el panorama interno del 2020 fija rumbo hacia la estabilidad.

 

Victoria internacional

 

Así, la coalición nacional e internacional forjada por Estados Unidos contra Venezuela se disuelve. La ONU recibe al embajador designado por Maduro y no al del títere votado por nadie. Venezuela es aceptada como miembro del Consejo de Derechos Humanos. El Grupo de Lima, creado por la OEA  para legitimar la agresión y la invasión imperial, se torna inoperante por las rebeliones sociales o los juicios contra los Presidentes en varios de los países miembros. México se retira de sus filas, y en contraposición crea el Grupo de Puebla. Sigue planteado el
posible veto de Rusia y de China en el Consejo de Seguridad de la ONU ante cualquier ataque armado externo. En fin, una noticia ominosa abre la posibilidad de un incremento en la demanda de hidrocarburos. El Presidente Trump ejecuta el asesinato del guía y alto oficial de la defensa de Irán,  Qasem Soleimani y amenaza con lanzar medio centenar de ataques más, lo cual provoca la respuesta de Irán contra una base estadounidense instalada en Irak. Este  nuevo conflicto en el Oriente Medio amenaza  el Golfo de Ormuz, vía del suministro energético de Occidente, y se traduce en un inmediato repunte del precio del barril de petróleo, que alcanza los 70 dólares. Ello abre  el camino para compensar las pérdidas ocasionadas por el dumping de los años precedentes. El año 2020  debería estar dedicado  a aplicar en forma absolutamente prioritaria estos recursos a la recuperación de la capacidad productiva de Petróleos de Venezuela S.A. y a destinar los beneficios  de ella a la recuperación de los objetivos económicos, sociales, estratégicos y culturales del Plan de la Patria.

 

Hemos soportado lo irresistible y resistido lo insoportable. A partir de 2020 lograremos lo imposible.

 

(Luis Britto García)

 

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