Si Patricia Janiot estuviera escribiendo sus memorias como periodista tendría que incluir en ellas a Juan Guaidó, no porque haya sido su entrevistado más brillante sino porque ha conversado tres veces con él y todavía está esperando porque responda alguna de sus preguntas sin escabullirse en frases hechas y mantras.

 

En la oportunidad más reciente, a propósito de la visita de Guaidó a Estados Unidos, la comunicadora colombiana, antiguo ícono de CNN en Español, lo intentó de nuevo: le preguntó si iba a reunirse con Donald Trump; le consultó si sus declaraciones sobre Cuba habían disgustado a los jerarcas de Washington; indagó sobre cómo podrá Guaidó acceder a la petición de extradición de Aída Merlano; y, para rematar, volvió a preguntar cuándo y cómo va el supuesto gobernante interino a sacar del poder a Nicolás Maduro. Pero solo obtuvo del entrevistado las mismas frases que ha venido repitiendo a lo largo de su gira internacional. Las respuestas concretas fueron de nuevo reemplazadas por fragmentos de un discurso que tiene todas las características de un libreto impuesto por los dueños de la película.

 

En un programa de menos de 20 minutos, Guaidó usó 17 veces la palabra dictadura y se empeñó en reiterar también su nuevo mantra: el del terrorismo, vocablo que empleó una docena de veces, contando variantes  de ella como las referencias al ELN, la disidencia de las FARC y las células de Hezbollah.

 

Para desviarse de las preguntas de Janiot también apeló a menciones sobre la supuesta militarización y paramilitarización de la sede de la Asamblea Nacional, desempolvó sus denuncias sobre amenazas por parte de la FAES y repitió un par de veces la expresión “oro de sangre”, en el empeño de criminalizar el comercio del metal proveniente del Arco Minero.

 

Aunque Janiot no le pidió diagnósticos, sino principalmente informaciones sobre las próximas acciones, Guaidó se dedicó a repetir datos sobre el número de refugiados venezolanos en Colombia y otras naciones, habló de la emergencia humanitaria y, al mismo tiempo, valoró positivamente las sanciones internacionales.

 

Janiot no logró que Guaidó le respondiera varias de las preguntas clave, a pesar de que se regodeó llamándolo en cinco oportunidades “presidente encargado” o “presidente interino”, y de que cuatro veces calificó de exitosa su gira, asegurando que había logrado reanimar a las alicaídas masas opositoras venezolanas. Tampoco le sirvió de mucho el sumarse a la caracterización como “dictadura” del gobierno de Maduro, cosa que hizo en dos ocasiones.

 

La periodista le preguntó que compromisos concretos había logrado de parte de los gobernantes que lo recibieron, y Guaidó tomó varios minutos respondiendo, pero no dio a entender nada que pareciera un compromiso, y mucho menos uno concreto.

 

Tampoco tuvo éxito Janiot al tratar de despejar las dudas acerca de por qué Trump no se reunió con Guaidó en Davos ni en Washington, donde coincidieron. “¿Existe la posibilidad de que se reúnan en Miami?”, preguntó la entrevistadora, y Guaidó dijo que, bueno, estaban tratando de hacer coincidir las agendas. En suma, tampoco respondió.

 

El punto en el que la evasión fue más desembozada resultó ser el más sensible para el programa de Janiot, pues se refiere a los intereses de la comunidad cubana de Florida. La periodista interpeló al dirigente político venezolano acerca de si sus declaraciones en Canadá, en las que habló de Cuba como parte de una posible salida negociada en Venezuela, podrían haber molestado a Washington. Guaidó no respondió la pregunta, sino que se lanzó con un clásico discurso anticubano, señalando a los agentes antillanos como responsables del terror que viven los cuadros independientes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

 

Janiot repreguntó entonces por qué en Canadá había dado la impresión de un cambio de actitud sobre Cuba. Acorralado por la repregunta, Guaidó optó por otro de sus recursos: negar lo que luce evidente. Dijo que  no hubo cambio alguno aunque un simple cotejo de las dos declaraciones suyas da fe de que sí lo hubo.

 

No es la primera vez que Guaidó responde de esta manera a Janiot. En su primera entrevista, en enero de 2019, ella le preguntó si se había reunido con Diosdado Cabello y lo negó, a pesar de los videos que el vicepresidente del PSUV había mostrado. Janiot insistió varias veces en la pregunta, y Guaidó pretendió evadirla aseverando que “Cabello hasta cuando dice la verdad miente”.

 

Otra pregunta de mucha actualidad fue la relativa a cómo piensa extraditar a Aída Merlano, para cumplir con la solicitud de su amigo Iván Duque, si carece por completo de poder para ejecutar tal acción. Guaidó optó por una referencia a la banalización del mal, citando a Hannah Arendt, para volver de nuevo con los fragmentos del discurso relativos al terrorismo, el ELN, la disidencia de las FARC, el Hezbollah y el oro de sangre.

 

Al cierre de la entrevista, Janiot se jugó su carta más fuerte, al preguntar cómo y cuándo va el gobierno encargado a salir de Nicolás Maduro, luego de una gira tan exitosa. Guaidó se puso todavía más nebuloso cuando expresó que en algún momento se conjugarán todos los factores: la presión interna (que, según él, ha de estallar a su regreso), la presión internacional y unas sanciones más efectivas, que no puedan ser “baipaseadas” por la dictadura.

 

Finalizó así el diálogo y Patricia Janiot debió quedarse de nuevo con el mal sabor que deja una entrevista en la que el entrevistado no dijo nada.

 

No es más que una especulación, pero la veterana periodista debe estar extrañando los tiempos en que entrevistaba al comandante Chávez. Él (figuradamente, claro) la batuqueaba contra el suelo con escasa delicadeza, es cierto, pero al menos no la dejaba con las preguntas sin responder.

 

(Clodovaldo Hernández / LaIguana.TV)

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