La Freedom Press, la «prensa libre», esa que es financiada por la USAID y otras «agencias» estadounidenses, está confrontando graves dificultades para cumplir la misión que tiene asignada en las estrategias de «cambio de régimen» en Venezuela.

 

Esa misión consiste en presentar a Venezuela como el peor país de la región (o del mundo, si es posible) en todos los aspectos habidos y por haber. Esto incluye libertad política, derechos humanos, economía, drogas y salud. En el relato cotidiano de esa maquinaria mediática, el gobierno de Nicolás Maduro es ilegítimo, impopular, inepto, corrupto y, en consecuencia, está a la cabeza de un Estado fallido.

 

En teoría, la epidemia de Coronavirus debía haber acentuado todas esas características negativas hasta el punto de provocar el tantas veces pronosticado colapso final de la Revolución Bolivariana. Pero, una vez más los resultados distan mucho de las expectativas de quienes dirigen los planes de derrocamiento. La gestión del gobierno hasta ahora ha sido eficiente, integral, transparente, respetuosa de los derechos de la ciudadanía, y la respuesta de la colectividad nacional ha sido de apoyo casi unánime y, por tanto, esencialmente legitimadora.

 

La Prensa Libre, ante ese inesperado panorama, queda al borde de un ataque de nervios y debe traspasar sus ya muy flexibilizados límites éticos para seguir justificando los subsidios que recibe, según lo admitió abiertamente el genocida en serie Elliott Abrams. Algunas de sus estrategias discursivas son las siguientes:

 

Criticar por una razón o por la contraria

 

La maquinaria mediática asume la actitud típica del crítico irracional, capaz de cuestionar hoy con un argumento y mañana con el argumento opuesto.

 

Con respecto al Covid-19, hemos observado cómo se pasa, sin transiciones, de acusar al gobierno de no hacer lo suficiente a acusarlo de exagerar en la rigidez de las medidas preventivas. El mismo medio que asegura que el gobierno utiliza la pandemia como excusa para reforzar el control social, acto seguido afirma que las autoridades ocultan las verdaderas cifras de la tragedia.

 

Invisibilizar los logros o atribuírselos a otros

 

Los medios, periodistas, analistas e influencers pagados por la USAID y otras «agencias» de EEUU aplican la técnica de ignorar, restar importancia, silenciar u ocultar los logros del gobierno venezolano, en conjunto con el poder popular y la unión cívico-militar en el manejo de la crisis. 

 

Por ejemplo, la medida de cuarentena social total fue ordenada oportunamente por el presidente Maduro, antes de que lo hicieran los demás mandatarios de la región. Los medios calificaron la medida como excesiva, pero cuando comenzaron a asumirla otros países, la ponderaron positivamente, actuando como si esas otras naciones hubiesen sido las pioneras. La BBC de Londres, verbigracia, le atribuyó el mérito a Argentina, que tomó la providencia tres o cuatro días más tarde.

 

Tienen que hacer estos malabares porque no pueden admitir, bajo ningún concepto, que el gobierno bolivariano ha sido vanguardia y ha estado muy por encima de los presidentes favoritos del aparato mediático, como los son Donald Trump, Sebastián Piñera, Jair Bolsonaro, Iván Duque y Lenín Moreno.

 

También se invisibiliza el apoyo que ha tenido el gobierno en esta y otras medidas, incluso por sectores opositores de la sociedad. Se oculta el rol destacado que ha cumplido la organización social de las bases, los consejos comunales, las comunas, los CLAP, las UBCH, los colectivos, la estructura de Barrio Adentro y los médicos integrales comunitarios. Obviamente –cuando no- se silencia el papel del personal sanitario cubano. 

 

La Freedom Press está obligada a estas operaciones de ocultamiento porque todas esas formas de organización son la esencia del proceso revolucionario y han sido siempre objeto de la demonización por parte de la derecha.

 

Simulación de un conflicto

 

Algunos de estos medios e individualidades han encontrado un resquicio para no admitir los éxitos parciales del gobierno y generar hacia el exterior la sensación de que Venezuela tiene problemas más serios que sus vecinos. Se trata de hacer ver que en el país existen dos gobiernos que se están disputando el manejo de la crisis de la pandemia.

 

Una agencia de noticias tituló que existía una «guerra de cifras» entre las oficiales que emiten las autoridades y las que da el diputado Juan Guaidó, a pesar de que estas últimas carecen de fuentes conocidas o del aval de organismos estructurados capaces de llevar estadísticas serias. 

 

Con esas insólitas maniobras comunicacionales pretenden insuflarle algo de oxígeno a un experimento que ya había fracasado antes de la escalada del problema global Covid-19, y que con esta crisis ha quedado en peores condiciones aún.

 

Además de darle aliento a Guaidó, los medios financiados por EEUU pretenden descalificar la información oficial del gobierno sobre la epidemia, para generar zozobra en la ciudadanía.

 

Desviar la atención

 

Otra de las estrategias discursivas de la prensa antirrevolucionaria es una de las más antiguas en el campo de la manipulación de las masas. Consiste en crear temas alternos que sirvan para desviar la atención de un terreno en el que el adversario político está ganando.

 

En los últimos días ha habido varios de estos temas. Uno de ellos es el de la escasez de combustible, al que se ha sobredimensionado y utilizado sobre todo en el exterior para presentar nuevamente al país como al borde de la parálisis.

 

Otro tema empleado maliciosamente es el de las situaciones vividas en la frontera con Colombia, causadas por el gobierno de Duque, pero que se pretende endilgar a las autoridades venezolanas.

 

Victimizarse

 

No podía faltar en esta receta un poco de victimización. Algunos personajes de los medios han incurrido (intencionalmente o no, eso se sabrá en su momento) en acciones que atentan contra la tranquilidad ciudadana, a nombre del ejercicio de la libertad de expresión y de información. 

 

Dada la gravedad de esas faltas y delitos en medio de una situación de alarma nacional, las autoridades han procedido en contra de estas personas, tal como ha ocurrido también en muchas otras naciones en situaciones de excepción o incluso, en plena normalidad. De inmediato se han activado todos los mecanismos nacionales e internacionales para presentar esas acciones del gobierno como violaciones del derecho a la información.

 

En esta oportunidad, según todo parece indicarlo, los difusores de rumores y noticias falsas no han tenido casi respaldo de la gente común, pues cualquier persona, sea o no comunicadora, entiende lo delicado que es el ejercicio de la responsabilidad de informar en medio de una potencial catástrofe.

 

Banalizar, ridiculizar y así tergiversar

 

También se han prodigado los medios, analistas, influencers y periodistas en otra de sus artes menores: la de banalizar los temas, ridiculizar las propuestas y, a fin de cuentas, tergiversar los planteamientos que han formulado las autoridades.

 

Un ejemplo de esto es la alharaca que montaron algunos sectores respecto a la mención que hizo el presidente Maduro del preparado medicinal del doctor Sirio Quintero, como posible recurso frente a las enfermedades transmitidas por patógenos respiratorios.

 

De inmediato se desató una campaña en contra de la propuesta del presidente de que se estudie esta fórmula naturista. Se ha pretendido hacer creer que Maduro le dio al combinado de plantas el carácter de remedio contra el Covid-19, cuando solo sugirió hacer los estudios necesarios y usarlo inicialmente como un producto preventivo de males pulmonares.

 

Otro ejemplo de intento de ridiculización fue el de un narrador deportivo que ante la falta de fútbol como tema de sobreactuadas polémicas, quiso incursionar en la crítica de la política, insultando al presidente Maduro por salir en cadena nacional vistiendo una camiseta del Barcelona FC. Es que en el afán de ridiculizar, hasta le pierden el miedo al ridículo.

 

(Clodovaldo Hernández / LaIguana.TV)

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