La situación generada por la pandemia de coronavirus y el asedio incesante de Estados Unidos contra la soberanía nacional no son los únicos desafíos que debe enfrentar día tras día el gobierno venezolano. A ellos se suma la compleja crisis del sector petrolero (nacional e internacional) que se manifiesta dramáticamente en el mercado interno de gasolina.

 

Alrededor de la principal industria nacional, fuente de más de 90% de los ingresos en divisas que recibe el fisco nacional, se ha generado una enrevesada maraña de problemas, algunos de ellos estructurales y otros coyunturales; unos de causas internas y otros que tienen motivos exógenos.

 

Estructura inadecuada

El origen profundo del problema, según lo declaró para LaIguana.TV el experto David Paravisini, está en que Petróleos de Venezuela, pese a todos los cambios que sobrevinieron luego del paro de 2002-2003, no ha cambiado el modelo de multinacional petrolera que le sembraron desde la nacionalización en 1976. “La superestructura corporativa de Pdvsa era semejante a la de las grandes transnacionales globales, cuya función fundamental es la transferencia de capital de la periferia a las metrópolis, a sus centros financieros y económicos. Llegó el momento en que no fue capaz de mantener un equilibrio entre los intereses de los trabajadores, la producción y la satisfacción del dueño de esa renta, que es el pueblo venezolano, como lo dice la Constitución. No hubo ya excedente que permitieran el robo, como robaron los grandes tecnócratas. Tampoco se pudo mantener a los trabajadores con ingresos superiores a la media nacional, lo que los hacía sentirse como si pertenecieran a una élite”, explicó Paravisini en una entrevista para el programa Cara a cara.

 

A juicio del también constituyente, este problema solo se resolverá cambiando por completo la estructura de Pdvsa, algo que en su concepto, el presidente Nicolás Maduro ha comenzado a hacer. “Pudiera ser en la ruta que han venido impulsando los trabajadores, a través de los CPT (Consejos Productivos de los Trabajadores), que es crear unidades de producción que definan  sus relaciones con el dueño de la renta (el pueblo), con el uso del recurso natural, con los sistemas de transformación, con el capital y con la burocracia”, explicó.

 

Caída en la producción

El colapso del modelo de Pdvsa ha tenido una de sus expresiones en la caída sostenida de la producción petrolera, fenómeno que ya se ha prologando por más de dos años y que incide notablemente en el flujo de caja del país.

 

Otra gran causa estructural es la corrupción, que ha tomado cuerpo en la principal empresa nacional, tal como lo demuestra la gran cantidad de casos que viene investigando el Ministerio Público desde 2017, cuando fue asumido por Tarek William Saab. Las irregularidades administrativas han acentuado la tendencia a la caída en la producción y ha desviado hacia manos privadas parte de los ingresos que debieron ir a las arcas públicas.

 

Una causa que podría considerarse coyuntural, pero que dada su duración también pasa por estructural es el bloqueo económico y las medidas coercitivas unilaterales de EEUU, las cuales, por cierto, han ido enfocándose cada vez más en la casa matriz petrolera, a sabiendas de la dependencia casi total de Venezuela frente a los ingresos derivados de la venta de hidrocarburos.

 

Causas coyunturales

El panorama, de por sí complicado, ha experimentado este año el añadido de la pandemia de Covid-19 y sus secuelas económicas.

 

Por una parte, los planes de levantar la producción se tornan doblemente difíciles debido a las restricciones en la movilidad de la población.

 

Dichos planes ya se veían muy menoscabados por los efectos del bloqueo y las medidas coercitivas unilaterales, en especial las que la administración estadounidense aplica o amenaza con aplicar a las empresas de terceros países que participan en compañías mixtas con el Estado venezolano, sobre todo en la Faja del Orinoco.

 

Una de las firmas afectadas directamente es la rusa Rosneft, contra la que se aplicaron sanciones muy directas. La semana pasada, con gran aspaviento por parte de la maquinaria mediática opositora, se anunció que Rosneft abandonaba Venezuela. Sin embargo, de inmediato se explicó que no hubo tal abandono, sino la compra de sus acciones por el Estado ruso, que así pasa a ser socio directo de Pdvsa.

 

Ahora, la prensa adversaria del gobierno venezolano vuelve alcanzar el nivel de alharaca al informar acerca de la cancelación de varios contratos de servicios y procesos de adquisición en las últimas semanas por parte de las empresas mixtas Petropiar y Petroboscán en las que participa la estadounidense Chervron, corporación, dicho sea como acotación significativa, excluida del bloqueo y las sanciones por concesión graciosa del gobierno de Trump.

 

Los medios especularon acerca de que esta decisión tendría que ver con el inminente vencimiento, dentro de un mes de la licencia especial otorgada por las autoridades estadounidenses a Chevron para que trabaje en Venezuela. Pero la misma empresa adujo motivos netamente económicos. El precio de venta del petróleo venezolano está por debajo de los costos de producción, lo que significa operar a pérdida. “Debido a los bajos precios del crudo, se realizaron ajustes a los gastos, incluida la optimización de contratos y compras, en las empresas conjuntas no operadas por la compañía en el país”, dijo el portavoz de la petrolera, Ray Fohr, citado por Reuters.

 

La empresa de matriz estadounidense llegó a producir en Venezuela unos 180 mil barriles diarios, pero desde febrero ha registrado una sustancial caída hasta llegar a unos 50 mil barriles la semana pasada. Otras empresas mixtas, como la que tenía la participación de Rosneft, estaba en 20 mil barriles, una cuarta parte de la producción de enero, según la agencia informativa Bloomberg.

 

Esta caída obedece, al parecer, a que los obreros y técnicos están en cuarentena.

 

Las agencias noticiosas especializadas indican que la producción venezolana anda entre 600 mil y 464 mil barriles, lo que significa casi 40% menos que en febrero. Además, no ha sido vendido todo el crudo extraído y procesado en los últimos. De acuerdo con Bloomberg, “unos 30,9 millones de barriles están sin compradores en las costas de Venezuela, Togo, Singapur, Malasia, India y China”, como consecuencia de la parálisis económica mundial.

 

Poco antes del inicio de la cuarentena, se produjo un incendio en el mejorador de Petropiar, parte del complejo de Jose, en Anzoátegui. Algunos medios de comunicación y periodistas que utilizan las redes sociales dijeron que ello paralizó las actividades, pero otras informaciones indican que rápidamente se restableció la operación de esta planta, que transforma los petróleos extrapesados de la Faja en el crudo sintético Hamaca.

 

(LaIguana.TV / Clodovaldo Hernández)

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