Varias pandillas y grupos criminales de América Latina ordenaron a las poblaciones de sus territorios de influencia permanecer en sus hogares ante la pandemia global del nuevo coronavirus, haciendo respetar la cuarentena en medio de la emergencia sanitaria.

 

Por ejemplo, en El Salvador, importantes organizaciones delictivas como la Mara Salvatrucha y facciones de la banda Barrio 18 prohibieron a los habitantes permanecer en espacios públicos. Así, quienes no respeten esta determinación, se arriesgan a recibir castigos físicos, como golpes y lesiones en general.

 

En Guatemala, se dio a conocer que los delincuentes que solían financiarse extorsionando a transportistas, tras aplicarse las medidas restrictivas de cuarentena en ese país, avisaron que más adelante cobrarían ese dinero pendiente, pese a que ahora la actividad está paralizada.

 

Una situación similar ocurre en el departamento de Nariño (Colombia), donde grupos armados declararon «objetivo militar» a cualquiera que viole la cuarentena nacional, estipulada hasta el 26 de abril.

 

Y en Brasil, mientras la administración de Jair Bolsonaro sostuvo una postura flexible frente al covid-19, tildándolo de «resfriadito», grupos criminales dispusieron la cuarentena en las principales favelas de Río de Janeiro, una medida que no fue adoptada por el Ejecutivo. «Si el Gobierno no hace lo correcto, el crimen organizado lo hará», enviaron mediante una cadena de WhatsApp a los vecinos de esta zona humilde.

 

«Un vacío que fue ocupado»

 

El analista político Arturo Viloria considera que «esta situación no es nueva». Como explicación de aquel fenómeno latinoamericano, destaca que hay poblaciones que «han sido abandonadas durante décadas» en esa región. «El Estado no se ha asegurado de llegar hasta allí y garantizar la educación, sanidad u oportunidades laborales», opina.

 

Desde su punto de vista, «eso ha generado un vacío que fue ocupado, en el caso de Colombia, por narcotraficantes». Sobre la particularidad de Brasil, donde el presidente Jair Bolsonaro «tiene una postura negacionista sobre la peligrosidad del coronavirus», los grupos ilegales entienden que «pueden tomar estas decisiones».

 

Por otro lado, Viloria destaca un aspecto positivo que brinda la pandemia: «Se está percibiendo que esto es una amenaza para todos. Los problemas no se van a resolver solo para una minoría, hay progreso para todos, o acaba en el progreso de nadie». Para concluir, señala que «a nivel local se deben dar respuestas, pero con una mira.

 

(RT)

 

 

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