En su programa Desde Donde Sea, el filósofo y experto en comunicación política Miguel Ángel Pérez Pirela analizó el contexto que rodeó el fallido golpe de Estado perpetrado por Leopoldo López, Juan Guaidó y «un puñado de militares», a partir de lo cual aseguró que el plan de los Estados Unidos nunca habría podido ser derrocar al presidente Nicolás Maduro, sino sacrificar a los políticos de derecha y con ello obtener un casus belli para iniciar una invasión armada en Venezuela. 

 

Pérez Pirela refirió que, en cualquier parte del mundo, una acción como la que adelantaron estos personajes habría culminado indudablemente en una masacre, toda vez que ningún grupo de personas puede apostarse frente a una base castrense con armamento de guerra, sin que ello implique una respuesta automática por parte de los efectivos encargados de resguardar las instalaciones. 

 

No obstante, en Venezuela eso no ocurrió, debido a que el jefe de Estado ordenó no abrir fuego contra los insurrectos. 

 

Esta actuación, absolutamente poco habitual, se explicaría a partir de informaciones compartidas por fuentes de inteligencia a las que tuvo acceso el analista, en las que se asegura que en los edificios que rodean al distribuidor Altamira –punto en el que se concentraron los golpistas y que colinda con la Base Aérea «Generalísimo Francisco de Miranda, una de las más importantes del país– estaban apostados francotiradores equipados con armas de guerra.

 

Así, este grupo irregular –que obedecía a los conspiradores–, hizo disparos tanto hacia el distribuidor como hacia la base militar.  

 

«¿Ustedes se hubieran imaginado que desde la base aérea militar se hubiera respondido, no solamente a los francotiradores que ellos hubieran colocado sino también a los militares que estaban allí con ellos –un puñado, pocos militares–? Esto no se hubiera contado y eso hubiera sido una masacre, con fallecidos (…) de lado y lado», indicó. 

 

De allí que, a su parecer, el plan no era el derrocamiento de Nicolás Maduro, porque las acciones emprendidas impedían, en la práctica, alcanzar el propósito, sino algo mucho más perverso: que en medio de un muy probable fuego cruzado, Juan Guaidó y Leopoldo López fueran asesinados. 

 

«Nos dimos cuenta de que quizá el plan de los Estados Unidos era que ahí masacraran a Guaidó, que ahí masacraran a Leopoldo López, como tenía que pasar en cualquier parte del mundo», puntualizó Pérez Pirela. 

 

En su óptica, la muy esperable masacre, dado el contexto, no tuvo lugar porque el Gobierno Bolivariano «entendió bien temprano que la finalidad última de este show mediático, era precisamente crear una masacre y tener un causus belis (…) para poder invadir a Venezuela», usando como pretexto el asesinato de sus agentes locales. 

 

Esa actuación certera impidió, pese a que «hubo escarceos de disparos desde arriba», que se concretara un combate. «De ser así, la historia hubiera sido otra y el país, seguramente, se hubiera encontrado en este momento, en una especie de guerra civil», agregó.

 

Insistió en que esta operación con francotiradores apostados en las inmediaciones de un puente, guardaba gran similitud con la ejecutada durante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, cuando en el centro de Caracas paramilitares entrenados en El Salvador abrieron fuego contra manifestantes, periodistas y transeúntes de distinto signo político, causando numerosas bajas en todos los bandos. 

 

En su opinión, «ellos esperaban, muchos años después, repetir la misma masacre, pero en el Este pudiente de Caracas». 

 

Por ello, considerando el curso de los eventos acaecidos el 30 de abril de 2019 y la presencia de francotiradores, aseguró que no le cabía la menor duda de que «los Estados Unidos tenían la intención manifiesta de sacrificar, cuales chivos, a Leopoldo López, a Guaidó y a otros representantes (…) de la Asamblea Nacional» que se encontraban en el distribuidor Altamira ese día. 

 

(LaIguana.TV)

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