Más conocido por su apodo de Billy el Niño, este policía español integró las filas de la tenebrosa Brigada Político-Social desde finales de los años sesenta, donde llegó a ser el número dos del comisario Roberto Conesa. Pronto se hizo célebre por la brutalidad ejercida sobre las personas detenidas por este órgano, a quienes vejaba y propinaba palizas en las dependencias de la Dirección General de Seguridad del régimen, sita entonces en el edificio del actual Gobierno de la Comunidad de Madrid, en la madrileña Puerta del Sol.

 

Decenas de estudiantes, sindicalistas, militantes y simpatizantes de partidos de izquierda y, en general, opositores al régimen dictatorial que gobernó España hasta 1975, fueron objeto de sus torturas y sangrientos interrogatorios, que en muchos casos se prolongaban durante semanas enteras. Todos hablan de la particular saña con la que se empleaba este funcionario de policía, cuyas prácticas incluían martirios como ‘la gallinita ciega’, ‘el pato’ o ‘la tortura del sueño’, todos aderezados de multitud de golpes con independencia del género de los arrestados.

 

El popular periodista televisivo de los años noventa, Paco Lobatón, se contó también entre sus víctimas. El Parlamento español y el Europarlamento en Bruselas también han contado con políticos torturados por él, como el miembro de IU Willy Meyer. Se da la circunstancia de que la pandemia de coronavirus recientemente también acabó con la vida de otra de ellas, el activista de derechos humanos y ecologista Chato Galante.

 

(sputniknews.com)

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