“Alguien entiende lo que está pasando?” Era casi la medianoche del pasado viernes 15 cuando Enrique Aristiguieta envió este tuit, dubitativo, que parecía referirse a la situación de la oposición extremista en Venezuela. Desde 900 cuentas le dieron explicaciones. Y no era para menos. Aristiguieta –ex dirigente de Copei, partido al que representó en la Junta Patriótica del año 1958- es un influencer político de 87 años recién cumplidos, con medio millón de seguidores en esa red social, en la que no esconde su obsesión por cualquier conspiración que pretenda derrocar al Presidente Maduro.

 

Ese viernes, las redes sociales no trinaban sino zumbaban en medio del escándalo que el periodista Francisco Poleo había provocado entre la barra opositora al asegurar que enviados de Henrique Capriles a Washington estaban pidiendo la sustitución de Juan Guaidó por el ex candidato presidencial. La jugada y las intrigas asociadas fueron claramente descritas por Rafael Poleo, adeco y padre del periodista, en su cuenta de Twitter al día siguiente: se pretendía sacar a Julio Borges “de la jefatura de Primero Justicia aprovechando que está fuera y Capriles dentro. Y a Guaidó de la Presidencia de la República interina aprovechando que metió la pata con Rendón. Y a Leopoldo preso, del liderazgo de VP. O aplastar a Capriles.”

 

“Que drama para un país es la abundancia de politiqueros y la escasez de verdaderos políticos”, dijo el sábado a mediodía Aristiguieta, quizá para ahondar en esa herida abierta a raíz de la frustrada incursión armada que financió Guaidó, a quien la derecha de la derecha venezolana también le intenta empujar hacia sus propios derroteros y que se defina, de una vez por todas: o “cohabita” con quienes “no quieren derrocar” al Presidente Maduro o se une a la presión para una invasión militar con todas sus letras.

 

¿Quiénes están a la derecha de la derecha? María Corina Machado y Aristiguieta lideran un grupo al que también pertenecen el ex comandante del ejército en la IV República, Carlos Peñaloza; María Teresa Albanez, quien en 2017 ordenó destruir las actas de resultados de un referendo interno de la oposición para que no se conociera su contenido; el ex copeyano Oswaldo Alvarez Paz,  y la periodista Nitu Pérez Osuna, entre otros. Aglutinados todos en movimientos como Vente Venezuela, Soy Venezuela y Gana.

 

La existencia de una derecha ultra conservadora y colonialista no es nueva en Venezuela. Así lo demuestra el propio Aristiguieta, cuyo activismo político, signado siempre por el mismo tono, se inició en los años 40 del siglo pasado.

 

 Para todos ellos, las dos semanas que acaban de terminar fueron intensas, dedicados como estuvieron a aprovecharse del fracaso de la incursión armada de Guaidó, en un intento por desplazar al cogollo conocido como G4 –Voluntad Popular, Primero Justicia, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo- e imponer el protagonismo de la Machado.

 

Mientras los grupos extremistas se cocían en su propia salsa de intrigas, esta derecha de la derecha avanzaba. Periodistas cercanos iniciaron una ofensiva de denuncias para develar no solo “los errores” de una operación frustrada sino también, y muy especialmente, el enredo de negocios de corrupción en el que han estado involucrados los principales dirigentes del entorno político del “gobierno interino”.

 

Machado, entonces, fue dándole forma a las denuncias en una serie de entrevistas, ofrecidas en la última semana. El sábado 8 de mayo, estuvo con su amiga Pérez Osuna. Allí se desmarcó de Guaidó y todo su entorno, advirtió que quienes habían tenido que ver con el diseño de la operación Gedeón tenían que “dar la cara y decir la verdad”; habló de “sacar al colaboracionismo”, sin precisar a quiénes se refería y advirtió que quienes hablan de ir a elecciones “no son oposición”. Dijo no tener relaciones con Guaidó ni ninguno de los dirigentes de su entorno, como tampoco con nadie de la dirigencia del chavismo. Dijo sí que hablaba “mucho” con personas de los partidos del G4.

 

Al periodista Sergio Novelli le afirmó, el miércoles 13 de mayo, que en el fracaso de la incursión armada hubo “un poco de todo”: montaje, mala suerte, negocios; denunció que el G4 seguía dialogando de espaldas a los venezolanos, que tenían un año cometiendo errores de cohabitación con el “régimen” y que en la última semana todos los partidos del entorno de Guaidó estaban oponiéndose a las salidas de fuerza y rechazando una actuación decidida de la comunidad internacional. En conclusión, si Estados Unidos no ha invadido, es culpa de ellos.

 

También explicó que su plan es “una operación multifacética soportada por una coalición internacional con fuerzas institucionales”.

 

“Venezuela es el epicentro de una operación del mal contra Occidente… el gobierno interino debe dar una señal al mundo de que sí esta en proceso de articular los respaldos institucionales para construir una amenaza creíble… y descartar y asegurar que no hay ninguna voz del entorno del gobierno interino que envíe confusión a venezolanos y aliados”, dijo Machado.

 

¿Coalición internacional? Este término ya se utilizó en agosto del año pasado, cuando el diario del gobierno estadounidense, Voz de América, informó de la conformación de una “coalición internacional” con los países que reconocen a Guaidó y liderada por Estados Unidos y que, hasta ahora, no ha sido activada. Esta figura ha sido utilizada desde los años 80 para referirse a las invasiones militares realizadas por Estados Unidos, en alianza con otros países, tal como sucedió en Irak, Libia y Siria.

 

“Guaidó que diga si esta de acuerdo con esa posición del G4 o con la activación del Tiar (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), bajo el principio de responsabilidad de proteger, y con la gran coalición internacional”, presionó Machado, la más directa representante política de la burguesía local que nació con el siglo XX.

 

“Nosotros estamos planteando la liberación del país y una operación de paz”, le respondió Machado al periodista, quien le advirtió que semejante plan se entiende como una invasión y quienes lo promuevan son considerados apátridas.

 

Machado dijo no haber hablado con Guaidó desde hace más de un mes, pero éste ya conoce de primera línea su propuesta. El martes 12, Aristiguieta hizo pública la comunicación que le envió al “presidente interino” en la que, de entrada, le asegura que el uso de la fuerza para derrocar al Presidente Maduro “no es un error ni tampoco un delito” pero que ésta debe ejercerse bajo lo contemplado en el Tiar y la activación del artículo 187 de la Constitución. Es decir, bajo una cubierta de aparente legalidad y en la que los mercenarios actúen bajo el mandato del ejército de Estados Unidos.

 

“Supongo que sus asesores cometieron el error de conversar con mercenarios, en lugar de hablar con el Comando Sur, porque los jefes de los partidos del G4 obviamente rechazan una solución de fuerza y apoyan solo la vía electoral”, afirma al exigirle que se aparte del G4 y designe un alto mando militar en el exilio que participe, con las fuerzas internacionales, en la operación para derrocar a Maduro.

 

Desde la comodidad de sus oficinas, la derecha de la derecha sigue insistiendo. Si no tienen el poder, que se imponga la barbarie.

 

(Taynem Hernández/ LaIguanaTV)

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